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sábado, 5 de septiembre de 2015

The plague of dysfunctional government and the European puzzle


This is an era of dysfunctional government supported by a dysfunctional media through corruption and political correctness. Presidents of nations and prime ministers take their orders from finance, but where do banksters and bankers take orders from? Not from free market, which means that no “invisible hand” is balancing markets and customers' needs. Of course, we do suspect who are giving the real orders: just follow the track of the money, as they usually put it. 

Petrodollars might have a say in this whole business in a cause-effect domino; and even though the people have had enough, political correctness muzzle their voices, brains, and tie their hands to take action..
 

You can see in the graph a plummeting disruption in American's confidence since 2003, but you Americans are lucky enough to have three Branches, after all. That means that you, the people, can hold tight reins again as soon as you can put two and two together getting rid of all the overwhelming disinformation which pervades in the media. 

But Europe, after the Great War II, and as the result of the Cold War has only one branch because, in fact, the executive and legislative branches were merged into one. Communists are shrewd and could have disrupted Europe during the Cold War if people would had been given the opportunity of real elections, so state parties took over and representation of the people was substituted by representation of the parties. That meant no representation for the people and by the people because parties have been handing out their own lists of representatives according to their own party interests, not the people's. The future President has the elective process under his thumb. Then, outrageous as it may seem, those representatives elect the President who previously had elected them and distributed the benches-to.be. As people vote, they have a false sense of democracy because voting does not mean electing in a system that has been named partitocracy, not democracy. This is true for all European countries except for UK, France, and Switzerland, which almost do have the three branches in constant tension: executive, legislative and judicial.

Another piece of the puzzle comes from the corrupt apologists of political correctness, which are keeping from free speech even Americans. Just as an example, Europe is receiving a massive migration of Islamic people fleeing the jihad atrocities. Much social engineering is being performed by the media so we, the people, accept sheepishly this migration invasion while rich arab countries just wait and  watch. Here again, we, the people have nothing to say in this partitocracy.


Throughout 1400 years, as Bill Warner puts it, Europe has been savagely and brutally devastated  and beaten by Islamists. Bill expresses his admiration on how Islamists have adapted any kind of weaponry in its warfare against any civilization that did not match theirs throughout the centuries, and gives scientific evidence to prove it. Extreme Islamists have made war by constantly breaking war rules and thus, using anything as weapons: from wombs to hunger and terror the aim has always been beating the European economic system: look at the Twin Towers, as a last example. This economic disruption is also just happening now. Political correctness inflicts on us how we have to receive in Europe this massive number of people fleeing Iran and other countries for humanistic reason. The media puts the blame on us and not on the jihad, so that we have to cope with the problem while Arabs are just watching the drama. Nobody is saying anything about solving the problem in the origin except comments you hear in the streets; because we, the people, are not fools no matter what official version is hammering us in the media. But here, again, we lack representation to give our say. Think of that. Think of the pieces in the puzzle...

jueves, 2 de julio de 2015

Dulce et decorum est vía @Redblogscomp Somos #RED



Dulce et decorum est de Wilfred Owen influyó en el pensamiento
occidental de forma determinante tras la finalización de la primera gran guerra. A lo largo de ese infierno, un Lenin estaba refugiado en Suiza mientras obreros alemanes e ingleses se despedazaban unos a otros en las trincheras. Eran aquellas trincheras enfangadas, húmedas, infectadas de parásitos, hediondas y productoras en serie de enfermedad, sufrimiento y muerte mucho antes de que cayeran los temidos obuses, silbaran las balas y el gas mostaza extendiera la peor de las muertes imaginable. De este dantesco espectáculo nos hicieron partícipes los poemas de un Owen testigo de primera mano, que lo sufrió en sus carnes. Entre tanto, las oligarquías planeaban el escenario del infierno cómodos en la retaguardia sin ni una privación.

Eran esas mismas trincheras donde una legión de obreros de uno y otro bando compartían espacio con las innumerables ratas, pulgas, liendres, piojos y enfermedades que campaban por sus respetos. Eran esos mismos gases mostaza que reventaban los ojos y los pulmones de los obreros de uno y otro bando. 

Mientras, Lenin no daba crédito a sus ojos: el pobre creyó que los obreros ingleses y alemanes jamás se dispararían entre sí, después de aquel “trabajadores de todo el mundo uníos en la lucha”. Claro que él se refería a otro tipo de lucha y por otros motivos. El manifiesto comunista cayó hecho pedazos para un Lenin consciente de su primer gran fracaso.

Yo acusaría a Tsipras y su panda de esa misma inocencia de la que hizo gala Lenin si los creyera inocentes. Yo acusaría de la misma inocencia a la Troika y su panda, si los creyera inocentes. Dicen los de un lado de esta caterva de criminales, tan criminales como los que enterraron a aquellos miles de obreros en el infecto cieno de las trincheras, que consultarán al pueblo qué hacer tras su enorme fracaso. Esa consulta equivale a cavar una trinchera de miseria y echarlos a todos adentro pues ¿no habéis sido vosotros los que prometíais henchidos de populismo que el maná era posible sin esfuerzo alguno? Y ese fracaso, evidente, calculado y cantado con el único objetivo de conseguir el poder por el poder tienen el cinismo de taparlo con una consulta realizada a los que crédulamente los eligieron esperando que cumplieran sus promesas. ¡Ay amigos! A conseguir el poder por el poder se le llama fascismo: así de simple. No existe peor crimen que disfrazar una dictadura de democracia.

Dice esa caterva financiera del otro lado que hay que pagar una deuda; deuda que estaba calculada, constituía un fracaso moral y cuyo resultado final estaba también tan cantado como el de los populistas. A conseguir la riqueza por la riqueza se le llama avaricia. Tan pecado capital resulta lo uno como el otro. Tan repugnante a toda decencia es avariciar el poder por el poder como la riqueza por la riqueza.

No existe en toda una Europa liderada por socialdemócratas, ni ahora tampoco en unos EE UU gobernados por un socialdemócrata un solo hombre de estado, y es posible que si apareciese uno de verdad lo eliminarían como a Lincoln. Ni los de un lado ni los del otro, ni troikistas ni populsitas mencionarán jamás lo que constituye para ellos la verdadera bestia negra, porque para ambos el pueblo, esa sociedad civil carece de importancia alguna. Ninguno de ellos utilizará los medios de comunicación que ellos mismos controlan para mencionar ni una sola palabra sobre la libertad del pueblo. Libertad para tomar decisiones, libertad para equivocarse, enmendar y al final acertar. Preguntaron a Lincoln cómo iba a darles la libertad a los negros si no iban a saber qué hacer con ella, y éste respondió: “cuando la tengan veremos...”  Bien, pues cuando la sociedad civil tenga la libertad colectiva veremos qué hace con ella.

jueves, 18 de junio de 2015

¿Por qué la casta jamás dimite?


“¡Oh, Libertad!, ¡cuántos crímenes se cometen en tu nombre!” fueron las impresionantes y lapidarias palabras que la ilustrada, revolucionaria, culta e inteligente Madame Roland pronunció al subir al cadalso y ver la pequeña estatua de la Libertad, situada en la entonces Plaza de la Revolución de París, hoy Plaza de la Concordia. Su cuello cayó cercenado por la guillotina y la barbarie en plena dictadura jacobina donde se cometieron verdaderas atrocidades en un baño de sangre al que sucumbieron unas doce mil personas en Francia.El terror fue absoluto: cualquier leve denuncia de un vecino podía conducirte al paseo fatal a la tortura y la muerte.

Ni qué decir tiene que la Revolución Francesa impresionaría a todos los europeos coetáneos y de futuras generaciones, y mucho más a los franceses. También afectaría a la historia europea de forma determinante: somos hijos de la Revolución Francesa cuyos principios intentarían ser más o menos adaptados en Europa. Algo falló estrepitosamente en una revolución que podría haber fluido hacia la libertad y que lo único que pretendía al principio era que los diputados que iban a Versalles pudiesen legislar por mandato imperativo representando a la comuna de París mientras Luis XVI mantenía el poder ejecutivo. Primera traición del Rey: junto al alto clero y aconsejado por la nobleza que se quejaron al monarca, mediante carta firmada, sobre la aspiración de que los  ciudadanos siquiera se planteasen tener derechos. Con las espaldas cubiertas por ejércitos extranjeros Luis XVI cometió la primera felonía: fue entonces cuando París tuvo noticias de la alianza e inminente invasión de los ejércitos alemán y suizo para someterlos. Los parisinos no se habían planteado, ni siquiera, rebelarse; pero el azar juegó su papel en el banco de pruebas de la historia con la quema de la Bastilla, el Gran Miedo, la quema de documentos de propiedad en castillos que estaban sin custodiar por la política llevada a cabo años antes por el cardenal Richelieu, quien había concentrado a la alta nobleza en Versalles para controlarlos mejor, la compra de terrenos pertenecientes a una nobleza con excesivo capital inmobiliario pero muy escaso de capital mobiliario, el hambre por las malas cosechas, la alta mortalidad por un año excesivamente frío y.., la nueva traición del monarca hacia el pueblo en su huida de París para buscar protección en la frontera norte donde los ejércitos enemigos ya estaban dispuestos... Otro hecho se añadiría a la cadena de sucesos cuando la huida de la familia real fue descubierta en el último momento cerca de la frontera y de que el monarca junto a su familia fuese detenido en Varennes.

En toda esta melé, caben destacar dos sucesos que afectarían a todas las democracias europeas que habrían de emerger: la desfachatez de la Asamblea Nacional mintiéndole al pueblo sobre la versión de la huida de Luis XVI y familia, y el uso institucional del crimen de Estado: crímenes cometidos por lo peor del populacho y bajos fondos de París después de la toma de la Bastilla, que en vez de ser castigados fueron posteriormente sacralizados con un Tedeum por el Obispo de París, el rey y la reina en la Catedral de Notre Dame luciendo todos el gorro frigio, y así elevar la toma de la Bastilla a la categoría de mito de la revolución. Como puede comprobarse, la Revolución Francesa nada tiene que ver con la interpretación marxista sobre una revolución burguesa.
El mito de la Bastilla permitió a Luis XVI y a la Asamblea Nacional institucionalizar una Revolución con una Monarquía que retenía el poder ejecutivo y el judicial, y compartía con la representación nacional el poder legislativo. Este simulacro de revolución por consenso, esta glorificación del crimen, este error político no podía dejar de producir errores y crímenes mayores en el futuro inmediato. La fábula de la Bastilla fundó la práctica y la teoría de las revoluciones y contrarrevoluciones europeas, sobre la falsa creencia de que el Estado es un aparato externo a la sociedad que se puede tomar, con violencia o sin ella, para dirigirlo contra la burguesía, contra la clase obrera o contra el pueblo. A.G. Trevijano, Teoría Pura República, pág 37
A esta traición hay que sumarle otra más siniestra y que nos afecta todavía a los europeos: el secuestro de la representación de los ciudadanos por parte del abate Sieyès, que anuló el mandato imperativo del pueblo y la posibilidad de revocar a los representantes en la Asamblea Nacional en caso de deslealtad hacia los ciudadanos. Con ello consiguió el poder para los mandatarios, que éstos careciesen de cualquier responsabilidad ante sus electores y se apoderasen de la voluntad general del pueblo: adiós a la representación en una Europa que tomaría a la Revolución Francesa como modelo en posteriores revoluciones. Y como el primer paso hacia la democracia es la representación, adiós también a la democracia. La revolución dejó carta blanca a los diputados para que hiciesen lo que les diera la gana.
De ahí que a este artículo le acompañe el Hashtag en el título de #LaCastaNoDimite, tema candente que en este momento como en otros anteriores vienen como anillo al dedo. Si pueden hacer lo que quieran ¿por qué van a dimitir?


Creo que el paisaje nos empieza a ser alarmantemente familiar: tan solo hay que echar una ojeada a cualquier medio en España, Italia, Grecia, Portugal. Todo el efecto dominó y serie de trágicos acontecimientos, como el horror epitimado en la escena de Madame Roland subiendo al cadalso, el mito de la Bastilla, los crímenes de Estado y el mal enfermizo que institucionalizaría un perverso personaje como Sieyes impide cualquier democracia y afectaría a la vieja Europa hasta nuestros días. Los principios de libertad de los que partieron EE UU nada tienen que ver con nuestra historia contemporánea Europea en lo referente a la democracia. No entra en estos momentos analizar los motivos que conducirían a Francia, Inglaterra y Suiza a acercarse a la democracia, pero algo es irrefutable: los problemas de todo el arco mediterráneo son muy similares porque los sistemas sin representación y absoluta carencia de representatividad se asemejan. Se inspiraron en la misma fuente.


Vicente Jiménez



Bibliografía
A.G. Trevijano, Teoría pura de la república, Libro I, Ediciones MRC
Jacques Godechot. Las revoluciones (1770-1799), 4ª ed. Barcelona: Labor, 1981
Historia Universal: Época del terror


viernes, 16 de enero de 2015

#InMemoriam Por las Víctimas del Terrorismo



Españolito que vienes al mundo te guarde Dios.
Una de las dos Españas ha de helarte el corazón.  Antonio Machado


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La edad de la inocencia: aquellos años perdidos
Fotografía de Antonio Novo Medinilla (@novomedinilla)
En ésta nuestra querida España hemos sido castigados por la brutalidad terrorista demasiadas veces y disponemos de un luctuoso y terrible rosario de experiencias: la violencia ha amasado en su infecto lodo de intolerancia, crimen, xenofobia, muerte, asesinato y racismo un reguero de sangre y horror en estado puro.  El terrorismo no solo ha causado dolor a toda una sociedad de bien sino que ha sacrificado víctimas inocentes (todas las víctimas son inocentes sin distinción) en esa España que nos hiela el corazón. Y nos hiela el corazón porque Machado jamás debió ni imaginar que la perversidad más oscura llegaría a superar en semejantes cotas a la que él mismo debió de conocer: jamás un terrorista debería haber conseguido rentabilidad política, ni financiación, ni negociación ni uno solo de sus objetivos totalitarios. Cada vez que nos ha azotado durante los últimos cuarenta años hemos sentido ese nudo en el corazón y un océano de tristeza nos ha embargado junto a la rabia, el dolor y la impotencia. Lo hemos sufrido tantas veces en España pero nadie de bien ha llegado a olvidar y acostumbrarse. La sombra de los cipreses es muy larga en la noche del desconsuelo.
Y cuando comparamos las vergonzosas insinuaciones culpando a las víctimas y victimizando a los criminales en estos últimos treinta años uno siente una gran desazón y vacío en el estómago: uno se avergüenza de vivir en esta España porque bajo el falso manto de la libertad de expresión y la vergonzosa y claudicante corrección política los pusilánimes y acomplejados gobiernos han permitido que los terroristas se sientan héroes ante sus deshumanizados acólitos. Han permitido la lacra. Permitir el crimen o permitir reuniones secretas en Perpignan sin que el politicastro oportunista de turno acabe con sus huesos en la cárcel por apología y exaltación del terrorismo es un crimen de Estado. Permitir que los terroristas sean recibidos como héroes o reciban dinero público que yo pago con mis impuestos es un crimen de Estado y una cobardía. Cuando ETA atentaba yo no compraba ningún periódico. No quería que nadie se lucrase con la sangre de aquellas víctimas que jamás serían resarcidas del horror, la humillación y la vergüenza. En vez del acto de Estado condecorando a los policías muertos que ha brindado Francia a sus fuerzas de seguridad y sus ciudadanos, nuestros policías eran enterrados sin reconocimiento social: sin el agradecimiento que su inmenso sacrificio merecía. Ese reconocimiento estaba en los bien nacidos, pero nunca lo pudimos exteriorizar.


Fueron los medios quienes contribuyeron a alimentar al monstruo porque lo que buscaban los terroristas era protagonismo y los medios de comunicación se lo proporcionaban puntualmente: las primeras páginas de todos los periódicos principales anunciaban el crimen en primera página. No con mi dinero. El que el gobierno entregaba a los asesinos por medio de partidos políticos y asociaciones con mis impuestos no lo podía controlar, pero ese día ningún periódico ganó dinero conmigo.


Este pueblo bobalicón compraba todavía más periódicos el día del atentado sin percatarse que estaba beneficiando a los terroristas. Si todos hubiésemos castigado a los medios se hubiesen tenido que tragar la noticia y puede que se hubiesen salvado muchas vidas. Los periódicos de EEUU realizaron el 11S un pacto patriótico para no publicar ni una sola foto de la muerte. Jamás leí una sola noticia o vi una imagen que beneficiase a los criminales. Esas luctuosas noticias hubiesen merecido un comentario en nuestros medios, pero de cuatro líneas insertadas en el lugar menos importante del diario. Hemos tenido editores sin conciencia y gobiernos pusilánimes que no le han parado los pies a los gobiernos autonómicos traidores que coqueteaban con los terroristas. La pluma tiene mucha fuerza y el Estado más. Hemos tenido gobiernos que han mantenido a nacionalistas lucrándose obscenamente del sudor del trabajo de los españoles cuando lo fácil hubiese sido anular las autonomías desleales. Hemos tenido gobernantes pero nunca hombres de Estado como lo fueron un Lincoln, un De Gaulle o un Churchill. Simplemente hubiesen tenido que aplicar la Constitución. Y cuanto más se les daba a los enemigos de la libertad más desleales se tornaban y más impulso cogían. Solo a un ignorante que no entiende ni sabe nada de historia ni del origen de los nacionalismos se le ocurre la estupidez de que a un chantajista lo contentas dándole todo y más y más, porque nunca se saciará y el nacionalismo no es más que chantaje de Estado y sometimiento de la sociedad civil.
Y viendo la movilización que ha tenido lugar en París no se puede dejar de considerar con cierta admiración la reacción de nuestra vecina nación levantada, todos a una, contra los criminales. Y por supuesto, todo bien nacido se une en el dolor con Francia porque no hay víctimas de primera ni de segunda categoría. No hay justificación: ese debiera haber sido el lema durante estos treinta años..., no hay justificación. Quienes justifican el terrorismo no están ejerciendo la libertad de expresión sino que son reos del delito de enaltecimiento y apología del terrorismo. Llamemos a las cosas por su nombre y sin complejos. Pero dentro del dolor ante los espantosos sucesos que han azotado a nuestro país vecino, uno tampoco puede dejar de plantearse ciertas cuestiones. Cómo se entiende a los del 98 cuando decían que España les dolía. Ya lo creo que duele.
¿Es que los policías, guardias civiles y militares asesinados de la forma más cobarde y cruel por  terroristas desalmados merecen menos consideración que las otras víctimas asesinadas con igual crueldad y cobardía en Francia? ¿Es que hay víctimas de primera y de tercera? ¿En qué tipo de mundo esquizofrénico quieren hacernos vivir?
Sólo queda admirar cómo han tratado los franceses a los terroristas y la solución final que han recibido los criminales: pero en España tendríamos a toda una fauna tan desalmada como los mismos terroristas organizando manifestaciones para tildar hipócritamente de asesinos a nuestra policía por haber acribillado a tiros a los terroristas. Esa gentuza prefiere ver caer a un honrado padre de familia que se está ganando el pan y el de su familia protegiéndonos a nosotros y arriesgando heroicamente su vida antes que un terrorista sufra un pequeño rasguño y tengamos que ponerle una tirita. Esa España que te hiela el corazón está plagada de esa infecta plaga que no se diferencia en nada con la que alaba al terrorismo yihadista. Una plaga que se hace fotos junto a terroristas y después quiere presentarse para gobernar España. Esa parte de la España cainita que te hiela el corazón pero ya casi a 0ºK (es el cero absoluto, ausencia total de calor) tiene en mayor consideración al canalla que secuestra o pega un tiro en la nuca porque al fin y al cabo el acto criminal lo había cometido un chicarrón; puede que demasiado expeditivo y algo equivocado en los métodos, pero según los partidos nacionalistas acertados en los objetivos sabinianos. Queda justificado así organizar manifestaciones y declaraciones cuyo evento vomitan esos grandes medios para apoyar a los terroristas cuando la justicia los coloca donde se merecen.
En esta España que te hiela el corazón las víctimas se han tenido que organizar porque el Estado los ha dejado desamparados y tenían que enterrar casi en la clandestinidad a sus muertos asesinados, y las familias de las víctimas eran condenadas al ostracismo y la amenaza por una población demasiado asustada y cobarde para apoyar a los verdaderos mártires y donde los mismos curas, en demasiadas ocasiones, se negaban a llevar a cabo los oficios religiosos al cadáver porque justificaban y aplaudían en sus sermones las proclamas de Sabino Arana. Y claro, vas tirando del hilo y te empiezas a preguntar si en realidad existe mucha diferencia o no entre esos curas que enaltecen el terrorismo y los imanes que llaman a la yihad: ambos llenos de rencor, odio, intolerancia y fanatismo. Ambos prometiendo el cielo para quienes asesinan. Ambos ordenando el asesinato.
En esta España que te hiela el corazón no hay muchas diferencias si hablamos de integrismos. La carroña huele en todas partes y curas del infierno los hay  en todas partes: el infierno lo tenemos aquí y sus representantes triunfan en esta España que te hiela el corazón por debajo ya del cero absoluto, aunque esa temperatura no exista en la naturaleza pero sí en el corazón.
Y a uno no se le quita de la cabeza qué hubiese ocurrido si nuestra policía hubiese salido por TV acribillando a balazos a un terrorista: nuestra manifestación hubiera sido secuestrada; hubiese sido a favor de los terroristas con toda la parafernalia de los derechos humanos de escudo para los asesinos y del mundo de la farándula encabezando la lúgubre parada de pancarteros profesionales y de paso apareciendo en la foto, porque como artistas no llegan ni a mediocres y hay que vivir de la subvención. Claro está, las víctimas del terrorismo carecen de derechos humanos, faltaría más. Y ante ese mundo mediocre compuesto por mediocres es ante quienes los medios de comunicación se arrodillan sumisamente ofreciéndoles sus micrófonos para que vomiten sus exabruptos. España no puede llegar a helarte más el corazón. Españolito que vienes al mundo...



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