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domingo, 15 de julio de 2018

¿Qué habremos hecho para que en España no ocurra algo parecido?




A veces algunas noticias pasan desapercibidas a la sombra y solo se pueden leer entre líneas. Sin embargo,  pueden resultar más significativas que todas las de un año entero. Es más, de darse la misma situación en España que en Inglaterra nuestra deuda se  reduciría sustancialmente y seguramente volvería a haber dinero público en caja.
La noticia es la siguiente: 
Theresa May puede sufrir una moción de censura promovida por los mismos MP de su propio partido”.
Los MP o miembros del parlamento equivalen a nuestros diputados en el Congreso. Y claro, el locutor que la leyó por TV no pudo evitar cierta entonación de sorpresa al anunciarla porque equivaldría a que en nuestro Congreso los mismos diputados de Rajoy hubieran sido los organizaron la moción que echó a Rajoy de la Moncloa; o bien como si los mismos diputados socialistas montaran ahora una moción de censura contra Sánchez por el motivo que fuese.

No vamos a analizar las circunstancias por los que los MP o “Miembros del Parlamento” han amenazado a su propia jefa de partido con montarle semejante lío. Podréis encontrar amplia información en cualesquiera de los medios mayoritarios: tan solo mencionaremos que tiene que ver con el embrollo que se les ha venido encima con el BREXIT una vez que las consecuencias del mismo se les acercan. Ya ha habido dimisiones y hasta peligra el puesto de la Primera Ministra May.

Lo que sí vamos a tratar es quiénes son los promotores de una posible moción de censura y hacia quién va dirigida. Ese hecho, el que sean los MP del propio partido de la primer ministra Theresa May quienes estén dispuestos a echar de la presidencia del gobierno a su jefe de partido es un verdadero triunfo para la democracia imposible en estos momentos en España. Quiere decir que los MP (equivalente a nuestros diputados) se sienten aterrorizados ante la posibilidad de perder sus sillones: y es que sus sillones no dependen de Theresa May, sino que dependen directamente de los votantes pertenecientes a los rerspectivos distritos electorales que los eligieron.
Eso es lo que no ocurre en España ni en el resto de Europa (excepto Francia). Aquí y en Europa los diputados dependen de sus jefes de partido, que son quienes los han puesto en las listas y por orden de importancia según intereses personales y de partido: nunca se contemplan los intereses de los ciudadanos. Eso hace que en España los ciudadanos no dispongamos de representantes en el Congreso por mucho que lo digan los domesticados medios de comunicación; y si nadie nos representa, ¿quién va a legislar pensando en nuestros intereses? No tienen porque hacerlo ya que la lealtad de nuestros diputados se debe a sus jefes de partido.

En España y casi el resto de Europa los diputados votarán siempre lo que les digan sus respectivos jefes de partido sin considera a los ciudadanos. En la partitocracia, los ciudadanos no contamos ni contaremos jamás. En cambio, en Inglaterra son los ciudadanos quienes ponen o quitan directamente, y sin intermediarios, a sus representantes en el Parlamento desde sus respectivos distritos electorales. Y por lo tanto, si los ciudadanos se sienten traicionados los MP corren el riesgo de perder sus cómodos sillones y sus prebendas. Incluso, aunque el método inglés no sea completamente democrático, al ser los representantes elegidos en primera vuelta debiéndose por ese motivo solo a sus votantes, y no al conjunto de votantes del distrito electoral; los efectos de acercarse a las reglas reales de la democracia son verdaderamente demoledores en la lucha contra las deslealtades y la corrupción. Para representar a todo el conjunto de votantes se requiere de una segunda vuelta: entonces sí. En la segunda vuelta el MP se debería a la totalidad de los votantes de su distrito electoral.

Ese es el verdadero valor de la representación, que es precisamente el primer paso hacia la democracia.

Mientras los ingleses y los franceses tengan representantes las leyes serán civilizadas porque dicha legislación pertenecerán a la sociedad civil a través de sus representantes. Nosotros no tenemos leyes civilizadas en ese sentido porque las leyes se aprueban desde el gobierno o desde seguramente equipos jurídicos de lobbies y grupos de presión que obedecen a intereses ajenos a la sociedad civil.

El primer paso hacia una democracia de verdad será, por lo tanto, anular la nefasta ley electoral y sustituirla por algo parecido al sistema francés; o como mínimo, al inglés a la hora de elegir representantes desde distritos electorales y bajo el control permanente de los colegios electorales, cuya responsabilidad sería también pagar a los diputados. Los diputados jamás deben recibir nada del Estado pues la separación de poderes obliga a que el legislativo se halle completamente separado del Estado: el gobierno debería tener prohibida la entrada al Congreso, si queremos separar y enfrentar poderes. Con el cambio de la ley electoral bajo esa perspectiva me conformaría porque ese paso demolería las oligarquías que forman la partitocracia para dar paso gradual a una democracia de verdad por medio de ensayo y error, que es como la selección natural actúa en la naturaleza. Al final sería inevitable: hablaríamos de un reglamento para separar y enfrentar los poderes: reglamento que habría de ser recogido en una nueva Constitución durante un periodo libre constituyente.

¡Ah! Entonces sí podríamos hablar de democracia. Mientras hablaremos de otra cosa, pero no de democracia.
Vicente Jiménez

sábado, 10 de octubre de 2015

Diferencia entre representación y representatividad


Representar significa “estar presente” por alguien en particular o por un grupo cuando los interesados no pueden asistir a un acto; como cuando, por ejemplo,  damos poderes a una persona de confianza ante notario para que esté presente por nosotros al recibir una herencia. Otro ejemplo sería el de un abogado litigando en un juicio por los intereses de cinco mil trabajadores. Es decir: la representación puede ser de uno a uno o de uno a muchos.

Tanto en el caso del abogado como en el de quien recibió un poder se especifican muy bien cuáles han de ser las directrices que dichos representantes  han de seguir: puede que el representante tenga que tomar decisiones y consultar a su representado en algunos momentos. Estas especificaciones jamás son abstracciones ni simbolismos: se refieren a actuaciones concretas.

Una vez aclarado que representar es “estar presente” por otra persona o un grupo de personas y ya tenemos claro qué es la representación, pasemos a la representatividad.

Pues bien, si ese conjunto de actuaciones corresponden a los intereses comprometidos hacia el representado, el representante tendrá representatividad hacia sus representados (cumple con lo prometido). Nuestros representantes han de ser los diputados en el Congreso. Si quien nos representa juega a regalar nuestros intereses a otra persona o grupo, entonces cae en una deslealtad hacia nosotros, sus representados, y el representante carecerá de representatividad hacia ese representado.

Como quien elige a los futuros diputados es quien los mete en las listas que luego acaban en las urnas cuando haya votaciones – se vota, pero no se elige – resulta que estos nombre deberán lealtad a quien(es) los haya inscrito en la lista: deberán mucha más lealtad dependiendo del orden que ocupen en la lista. Así que el diputado representará a su jefe de partido.

Una vez acabada la simulación de elecciones democráticas quedará el día a día;  y es entonces cuando lo que toma importancia es la representatividad del político hacia quien lo ha elegido. Es evidente que los beneficios de esa representatividad recaerá sobre el jefe de partido y no sobre los votantes, meros comparsas que creen vivir en democracia. La falta de representatividad de los políticos respecto a los intereses de los ciudadanos provoca la conocida desconexión entre el político y sus no-representados. Por eso nosotros tenemos la impresión de que viven en otro mundo. Así que amigos, olvidaos de vuestros intereses. Nadie se preocupará por ellos.

Pero este sistema partidocrático es un arma de doble filo porque también debilita el poder de Estado. Es evidente que el gobierno no está verdaderamente respaldado por el pueblo, ya que carece no solo de representación de los ciudadanos sino también de representatividad. Este vacío de poder es aprovechado por otros grupos oportunistas que se encuentran cobijados y con una verdadera patente de corso para actuar sin consecuencia alguna por saltarse unas leyes cuyo gobierno carece de poder para imponer: antisistema, nacionalistas… Da igual las leyes que se salten: sean por desobediencia a los tribunales, sedición...

¿Vosotros creéis que los nacionalistas, por poner un ejemplo, podrían ni siquiera mover un solo pelo en un lugar como Francia? ¿Es que su gobierno es mejor o tiene más agallas? No amigos, la respuesta está en que en Francia si hay casi democracia (excepto cuando el nuevo presidente recién elegido por el pueblo pide permiso a la cámara para recoger el cargo– ya que legislativo y ejecutivo no han de juntarse nunca –). La democracia casi perfecta de Francia es la que da el verdadero poder al presidente y su gobierno. Ese poder es el que mantiene a raya a los nacionalistas que puedan haber en Francia. Así que el auge del nacionalismo en España no depende de la debilidad de un gobierno concreto sino de la debilidad del mismo sistema partidocrático (partidos pertenecientes al estado y no a los ciudadanos).

 Vicente Jiménez

viernes, 2 de octubre de 2015

La verdadera representación en el origen


Diputado de distrito uninominal (un diputado por distrito electoral) con carácter imperativo (recibe órdenes del ciudadano) y cargo revocable (se le quita el cargo en caso de deslealtad al ciudadano)

Un hombre un voto, distritos todos considerados con la misma importancia, unos cien mil habitantes por distrito, se presenta quien quiera con mil avales de los vecinos. Todos mismas oportunidades de presentar sus programas. De pertenecer el candidato a un partido, éste ha de estar sostenido por sus miembros (nunca por el Estado); ni puede recibir ayudas ni subvenciones. A.G.Trevijano Teoría Pura de la República
Si el ciudadano estuviese verdaderamente representado desde el origen; es decir, partiendo desde la sociedad civil en su colegio electoral, los programas electorales de los aspirantes a diputados responderían a lo que le preocupa al ciudadano que vive allí: concretamente los habitantes de ese distrito electoral.

Los intereses de los ciudadanos que viven en ese distrito electoral responderían a cuestiones concretas, no a abstracciones: por ejemplo, los tomates y el vino de Los Palacios; o la permanencia de las industrias en los polígonos industriales; los inmigrantes que se admiten en ese distrito y su integración o aportación a la comunidad; la protección de la propiedad privada, opuesta a la regulación de los desahucios; las escuelas, los hospitales del lugar y lo que de verdad importa.

Todos eso que nos preocupa a los ciudadanos queda recogido por quien se presenta a diputado, y su programa electoral deberá ofrecer soluciones concretas. Ahí radica el GRAN SECRETO de la democracia formal: no en ofrecer soluciones abstractas utópicas o simbólicas para problemas abstractos. Los problemas ya los conocemos todos. Lo que le interesa al votante son las propuestas de soluciones que cada uno de los aspirantes se compromete a defender en el Congreso de Diputados.

¿Verdad que las leyes son concretas para situaciones concretas? Pues esas propuestas deben transmutarse milagrosamente a través del Congreso y una Cámara Intermedia en leyes concretas para solucionar problemas concretos de los ciudadanos de ese distrito concreto. Pasando, por ejemplo, desde los impuestos añadidos al precio del gasoil agrícola que interesaría a las comunidades agrícolas, puede que contrapuestos a los intereses de los automovilistas o el transporte. Porque en esas situaciones reales sí que todo el mundo es consciente de una máxima: lo que quitas de un lado lo tienes que sacar de otro lado. Dicho de otra forma: ¿quién paga la cuenta? Ya ningún ciudadano o político se atrevería a manifestar la estupidez de sanidad gratis para todos, porque nada es gratis. Un ciudadano informado deja de decir, y lo que es más importante, deja de creer estupideces y en el maná que prometen los populistas para emborracharse de poder.

En una verdadera democracia formal puede que los votantes que viven en el distrito electoral del tomate no quieran importación de tomate de Marruecos, pero eso entraría en conflicto con el diputado que defiende a los pescadores de Tarifa, y que pescan en esas costas africanas (por lo menos pescaban cuando yo hacía la mili). El motor de la democracia, el egoísmo, haría que ambos tuviesen que llegar a un acuerdo; y de esos acuerdos estarían muy informados, tal como propugnaba Jefferson, todos los ciudadanos de ambos distritos electorales. La verdadera democracia haría que fuese reelegido ese representante, o no. O incluso que el cargo llegase a ser revocado en caso de deslealtad hacia el votante de cierto distrito electoral que no viese perjudicadas sus aspiraciones. De esa forma, el diputado estaría cumpliendo con su verdadera función hacia el ciudadano. (Ver funciones)

Así, el votante está vigilante e involucrado en la política, el representante está presente por quienes debe representar y el Congreso cumple la función que debe cumplir: ser un campo de batalla donde se lleguen a acuerdos, y no un lugar donde sobran todos los diputados porque ni siquiera representan a su partido, ya que nadie puede representarse a sí mismo. Si está presente el representado sobra el representante, así que como los congresistas representan al Estado y no al ciudadano; pues sobran todos. Una reunión de jefes de partido, cada uno respaldados por sus votos, bastaría en este sistema.

Vicente Jiménez




































jueves, 2 de julio de 2015

Dulce et decorum est vía @Redblogscomp Somos #RED



Dulce et decorum est de Wilfred Owen influyó en el pensamiento
occidental de forma determinante tras la finalización de la primera gran guerra. A lo largo de ese infierno, un Lenin estaba refugiado en Suiza mientras obreros alemanes e ingleses se despedazaban unos a otros en las trincheras. Eran aquellas trincheras enfangadas, húmedas, infectadas de parásitos, hediondas y productoras en serie de enfermedad, sufrimiento y muerte mucho antes de que cayeran los temidos obuses, silbaran las balas y el gas mostaza extendiera la peor de las muertes imaginable. De este dantesco espectáculo nos hicieron partícipes los poemas de un Owen testigo de primera mano, que lo sufrió en sus carnes. Entre tanto, las oligarquías planeaban el escenario del infierno cómodos en la retaguardia sin ni una privación.

Eran esas mismas trincheras donde una legión de obreros de uno y otro bando compartían espacio con las innumerables ratas, pulgas, liendres, piojos y enfermedades que campaban por sus respetos. Eran esos mismos gases mostaza que reventaban los ojos y los pulmones de los obreros de uno y otro bando. 

Mientras, Lenin no daba crédito a sus ojos: el pobre creyó que los obreros ingleses y alemanes jamás se dispararían entre sí, después de aquel “trabajadores de todo el mundo uníos en la lucha”. Claro que él se refería a otro tipo de lucha y por otros motivos. El manifiesto comunista cayó hecho pedazos para un Lenin consciente de su primer gran fracaso.

Yo acusaría a Tsipras y su panda de esa misma inocencia de la que hizo gala Lenin si los creyera inocentes. Yo acusaría de la misma inocencia a la Troika y su panda, si los creyera inocentes. Dicen los de un lado de esta caterva de criminales, tan criminales como los que enterraron a aquellos miles de obreros en el infecto cieno de las trincheras, que consultarán al pueblo qué hacer tras su enorme fracaso. Esa consulta equivale a cavar una trinchera de miseria y echarlos a todos adentro pues ¿no habéis sido vosotros los que prometíais henchidos de populismo que el maná era posible sin esfuerzo alguno? Y ese fracaso, evidente, calculado y cantado con el único objetivo de conseguir el poder por el poder tienen el cinismo de taparlo con una consulta realizada a los que crédulamente los eligieron esperando que cumplieran sus promesas. ¡Ay amigos! A conseguir el poder por el poder se le llama fascismo: así de simple. No existe peor crimen que disfrazar una dictadura de democracia.

Dice esa caterva financiera del otro lado que hay que pagar una deuda; deuda que estaba calculada, constituía un fracaso moral y cuyo resultado final estaba también tan cantado como el de los populistas. A conseguir la riqueza por la riqueza se le llama avaricia. Tan pecado capital resulta lo uno como el otro. Tan repugnante a toda decencia es avariciar el poder por el poder como la riqueza por la riqueza.

No existe en toda una Europa liderada por socialdemócratas, ni ahora tampoco en unos EE UU gobernados por un socialdemócrata un solo hombre de estado, y es posible que si apareciese uno de verdad lo eliminarían como a Lincoln. Ni los de un lado ni los del otro, ni troikistas ni populsitas mencionarán jamás lo que constituye para ellos la verdadera bestia negra, porque para ambos el pueblo, esa sociedad civil carece de importancia alguna. Ninguno de ellos utilizará los medios de comunicación que ellos mismos controlan para mencionar ni una sola palabra sobre la libertad del pueblo. Libertad para tomar decisiones, libertad para equivocarse, enmendar y al final acertar. Preguntaron a Lincoln cómo iba a darles la libertad a los negros si no iban a saber qué hacer con ella, y éste respondió: “cuando la tengan veremos...”  Bien, pues cuando la sociedad civil tenga la libertad colectiva veremos qué hace con ella.

sábado, 24 de enero de 2015

Olvidaos para siempre de la libertad, o luchad por ella

TBO Cortesía de http://seronoser.free.fr/tausiet/tbo/TBO.htm

Así que tenemos una universidad donde algunos grupos de mangantes amparan huelgas de estudiantes para mantener a las poderosas mafias universitarias dentro de sus privilegios de casta y así  manejar jugosos presupuestos. Y por otra parte hemos tenido conocimiento de cómo un profesor  puede ser contratado sin que ni siquiera tengan que presentarse en ningún sitio a trabajar ni nadie controle su "investigación". Así andamos en la clasificación de universidades mejores valoradas frl mundo ¿Dónde quedaron las limpias y justas oposiciones a cátedra o profesor como esas que permanecen resistiendo como residuo honorable para la enseñanza primaria y secundaria?

Y por otro lado tenemos a un elenco de próceres genios de la ciencia política que dan el salto a la fama como los concursante de un Gran Hermano  gracias a ciertas machaconas cadenas de TV y dicen querer salvar no digo ya a España; pretenden salvar a Europa entera con un par de parlamentarios en Bruselas y esperando catapultarse directamente a tomar “por asalto” la presidencia del gobierno. Y lo dicen henchidos de paroxismo y vanidad infinita sin cortarse un pelo mientras los escuchantes no damos crédito a tanta necedad.

Y uno no deja de maravillarse ante la desfachatez y el profundo infantilismo de las proclamas que proponen quienes afirman ser profesores universitarios y cuyas propuestas ya quisieran llegar a la altura intelectual del profesor Franz de Copenhague, ese gran genio de los inventos del TBO que nos cautivó de niños y nos inició a algunos en la lectura. Y al resultar éstas unas estulticias más bien dignas de barra de bar con acre olor a borrachuzo realizadas por supuestos ilustrados próceres de la ciencia política, no es que los líderes del grupo tengan que salir corriendo a rectificar el último disparate y donde dicen digo decir Diego, como cualquier político presidenciable o aspirante al uso; no. Es que donde dicen digo dicen bicicleta, tiza, piedra, papel, tijera según tantean el pulso de la opinión publica. Y así, de disparate en disparate van cubriendo un programa tan cambiante como las dunas del desierto, que hoy están aquí y mañana allá.

No es que estemos en una situación como para tirar cohetes, pero aunque carezcamos de libertades colectivas, por lo menos las libertades individuales como la propiedad, el derecho al contrato privado, etc, de momento los mantenemos. Pero por los disparates que ellos mismos han manifestado, como estos enemigos de la libertad lleguen al poder ya podemos olvidarnos de ella; de la libertad, claro. 


Para mejorar las cosas, ante el bautismo de sospechas y acusaciones de corrupción, parece haberles pillado a todos con el carrito del helado y ser corruptos antes de empezar; que ya tiene mérito. Y su defensa es el pueril: “yo no he sido, es que la casta me tiene manía y me acusan: todo mentiras de la casta que teme perder sus privilegios”, pues el panorama no resulta muy tranquilizador.

Pues nada, que sigan afirmando los muy catetos que ellos son limpios y puros de corazón y lo seguirán siendo cuando consigan el poder, y que además podrán responder no solo de la pureza de sus corazones sino de la de todos los demás miembros del partido que ocupen cargos públicos por el simple hecho de ser bautizados dentro de la secta. Es algo que maravilla a cualquiera que no sea un ignorante: Santo, Santo, Santo es el Señor; por eso deben sentirse ese nuevo papa recién elegido en cónclave y sus obispos tan cercanos al verdadero Santo Padre. Ahora, también hay que decir que más cateto será quien les crea, claro; y mucho más iluso quien les vote.

Para qué le vas a explicar junto a sus ciegos acólitos que la corrupción no es un problema de genes o de buenas intenciones ni promesas ni de pertenecer o no a la secta o la tribu, sino de que si un sistema te lo permite entrarás quieras o no en el “slippery slope” como lo denominan los anglosajones o “pendiente resbaladiza” donde solo por asomar el pie resbalas y ,zas, empiezas en caída libre hacia la corrupción y el inevitable abuso del poder. Para qué les vas a explicar que el poder sin control lleva sin remisión a los peores excesos que el hombre ha llegado jamás a cometer: que semejante hecho está estudiado, comprobado históricamente hasta la saciedad, y dicho por activa y por pasiva por las mentes mas preclaras de la Humanidad, por los más agudos filósofos en esa ciencia política que tanto desconocen por muy profesores que sean. Pero sabrán esta manada de bisontes desbocados y que arrasan el sentido común atropellando sin miramientos la libertad a su paso, que sin representación que surja en el origen de la sociedad civil no puede haber libertad colectiva. Que si no se separan los poderes y se monta un sistema en los que unos poderes sean enemigos de los otros poderes, y desconfíen y se vigilen entre sí, el abuso de poder está garantizado y por ende la corrupción.


Ya sabemos que no disponemos ni de un solo partido civilizado por aquí todavía: todos nuestros partidos políticos están por civilizar porque ninguno pertenece ni ha pertenecido jamás a la sociedad civil. Y no solo en España, es un mal endémico europeo producto de la guerra fría, pero ese es otro tema. Eso significa civilizado: pertenecer a la sociedad civil; pero los hay que empiezan a apuntar maneras entre los partidos pequeños. Y lo que es más importante, se empieza a formar una corriente de pensamiento entre la sociedad civil, por lo menos en los medios sociales,  para arrebatarle los partidos al Estado de forma que lleguen a pertenecer a sus verdaderos propietarios: la sociedad civil. A algunos pequeños partidos les queda mucho por aprender, pero apuntan maneras porque sus objetivos son más patrióticos. Están más abiertos porque no han entrado en la vorágine del poder corruptor sin control. Pero aquel partido que entra a escena con soflamas incendiarias populistas solo le importa el baño de vanidad resultante de que hablen de ellos cada día en los medios y de obtener el poder, la riqueza y satisfacer una infinita ambición personal. Son todavía mucho más incivilizados que todos los otros partidos en el poder juntos. A su paso no volvería a crecer más la hierba de la libertad en mucho tiempo: es más, se perderían las libertades individuales, que esas si las mantenemos.

Palabras como lealtad al elector no aparecen en el diccionario de ningún demagogo populista porque qué lealtad van a ofrecer aquellos que ni siquiera la ejercen dentro de su propio partido, fuerzan una dictadura cuando predicaban lo contrario y se pelean como hienas por unos despojos de poder. 

Las soluciones son tan simples que por eso se desconocen y se esconden: representación que surja en el origen de la sociedad civil ¿Quieres democracia? Pues lucha por el diputado unipersonal de distrito pequeño, con carácter imperativo hacia el elector y revocable en caso de deslealtad hacia el elector, elegido por mayoría absoluta a doble vuelta si no se consiguiese en la primera vuelta dicha  mayoría. Y si tu representante no lo hace bien lo echas en cualquier momento de la legislatura, por inútil o tramposo. Ese es el primer paso hacia la libertad colectiva: hacia la democracia. El segundo anclaje sería una verdadera constitución que contemplara de forma newtowniana nada más que las normas de pesos y contrapesos para separar los poderes ejecutivo y legislativo, y además los enfrentara en tensión y desconfianza perpetua el una hacia el otro. Eso que dijo Montesquieu y eso es lo que Alfonso Guerra se apresuró a afirmar lapidariamente que había muerto.

¿Cuándo habéis escuchado a ningún partido mencionar el reglamento que conduzca a esas libertades? A quien menos le oiréis comentar nada de esto es al demagogo populista de manual porque solo ambiciona robar la libertad al pueblo. Así de simple. No lo olvidéis: votar no siempre significa poder elegir.


Vicente Jiménez


domingo, 1 de junio de 2014

Podemos..., acabar como en Venezuela


Fuente foto
El cóctel de los medios de comunicación dirigidos a una sociedad políticamente ignorante forman una mezcla tan explosiva como el nitrógeno y la glicerina. La nitroglicerina la podemos tomar como modelo por lo inestable que resulta en su estado natural. Ahora bien, igual que la nitroglicerina se puede estabilizar en forma de dinamitai con un sólido como las diatomeasii, la “nitroglicerina social” se puede estabilizar con instrucción política; con cultura política.


Desgraciadamente, la ecuación con la que vamos a jugar es:


Medios de Comunicación + Ignorancia política = Manipulación garantizada

La prueba está en que son las oligarquías mediáticas y no el pueblo quienes ponen gobiernos. La prueba está en los presidentes que hemos tenido que han aparecido día sí día también, de pronto, como por “generación espontánea” en las pantallas de TV, la radio y la prensa. Sirva como ejemplo un ZP, un perfecto desconocido hasta que nos lo metieron en casa varias veces al día por la caja tonta. Los medios ponen y quitan realidades a voluntad obedeciendo a intereses que se nos escapan pero que intuimos y podemos analizar e interpretar no por lo que nos dicen sino por nuestra propia experiencia cotidiana.


El impulso dado a Pablo Iglesias en todos los medios; tanto por los de derecha como los de izquierda (todos forman parte de la misma socialdemocracia) abren unas expectativas preocupantes para la clase media trabajadora, que es la que siempre queda vapuleada entre quien entre en el poder. Como siempre, por la boca muere el pez y existen lapsus de lenguaje en entrevistas o titulares que denuncian los posibles propósitos e intereses tanto de los políticos como de los medios. Ese lenguaje que se vislumbra entre lineas es lo verdaderamente interesante, del resto podemos prescindir. Veamos unos ejemplos sacados al azar, pero que me han llamado la atención y que parecen indicar hacia donde se dirigen las huellas: solo hay que rastrear un poco como un sabueso...


Iglesias dice que Podemos estaría listo para gobernar tras las elecciones generales”

La primera en la frente. Lo que confiesa Iglesias, pues, es su enorme ambición de poder, como lo pueda hacer Chacón, Rosa Díez, Rajoy y el resto.


"Hemos derrotado a los cínicos" ¿Qué concepto tiene este señor de la representación? El 7,97 % de un 45,84% de votantes es un 3,65% de votos. Por lo tanto ¿dónde está la derrota si no es para los abstencionistas? Si, esos que activamente no votaron porque el sistema no les representa y que serían los verdaderos ganadores por mayoría absoluta con un 54,16% de votantes en caso de haber democracia. Aquí, amigo mío, la única derrotada es la democracia.


Iglesias llama “cínicos” a todos los contrincantes políticos y marca una diferencia entre él mismo y “la casta” en diferentes declaraciones. He leído su programa y en muchos aspectos coincido, pero otros los veo como verdaderas cargas de profundidad contra las pocas libertades individuales que nos quedan. Si a la falta total de libertades colectivas ya le quitamos las individuales, a España no le va a quedar más que repetir un error que nadie quiere para solucionar los problemas. Mira por donde, sin que sirva de precedente, voy a coincidir en algo con unas declaraciones de Felipe González cuando afirmó que podríamos ir directos hacia una bolivarización.


Preocupantes no son las declaraciones del expresidente González sino la respuesta que recibe: “Felipe González ha quedado reducido a caricatura de sí mismo”. Menudo argumento intelectual para alguien que presume de currículo tan brillante. Bien, ha respondido eso..., pero lo malo es lo que no le escucho responder en ningún momento.


Ahí hubiera sido un buen momento para explicarle al Sr. González y a los españoles en qué consiste el cambio. Ahí hubiera sido un buen momento para argumentarle al expresidente que cuando Alfonso Guerraiii dijo que “Montesquieu había muerto” él contestaba que había que traerlo de nuevo a nuestras vidas.


Para nada menciona Pablo Iglesias sustituir la actual Constitución por su no separación de poderes estatales en manos del ejecutivo. Para nada menciona Pablo Iglesias que el poder legislativo y el judicial quedaron sometidos al poder ejecutivo, lo que garantizó a las oligarquías dominantes la total impunidad ante la corrupción, la malversación de fondos públicos, el nepotismo más absoluto y la prevaricación. Para nada mencionó Pablo Iglesias que ese salario de cuatro veces el salario mínimo que él se autoconcede no ha de ser decisión propia ni de su partido, sino que ha de ser tomada por un legislativo totalmente separado del ejecutivo. Pablo Iglesias ¿no acepta la partidocracia y no manifiesta querer cambiar esa situación? Podemos parece indicarnos que el cambio, en definitiva, vendría por la “honradez infusa” de todos los miembros de su partido y no por montar un sistema de separación de poderes. Y esa “honradez infusa” me la tengo que creer. Casta, señores, es no querer cambiar la situación. O es casta, o es ignorancia ¿Es que no hay ningún político en España, ningún catedrático, ningún periodista que explique que sin separación de poderes la corrupción del sistema está garantizada?


Veremos hasta la extenuación a un Pablo Iglesias sumado a las tertulias mencionando grandes verdades sobre medidas políticas erróneas; sobre lo que hace mal la partidocracia. Pero no nos explicará  toda la verdad: para luchar contra la corrupción del sistema es necesaria una constitución que garantice  la separación de poderes y la representación. En otras palabras: Podemos debería luchar por el diputado de distrito uninominal con mandato imperativo y revocable para legislar; y por que el ejecutivo no tuviese permiso ni para pisar el Congreso. Podemos lo que debería defender, si de verdad quiere el bien del pueblo, es que ambos poderes fuesen elegidos a doble vuelta y estar separados y vigilándose el uno al otro constantemente. Ese es el cambio que necesitamos y no medidas políticas, por buenas que parezcan;  porque las medidas políticas, suponiendo que se cumpliesen, han de cambiar lógicamente según quien detente el poder: el sistema es el que siempre permanece. Una constitución garantizando la más absoluta separación de poderes daría tranquilidad a las generaciones futuras, ya que la nuestra jamás ha conocido esa tranquilidad


Sin esas normas de juego que solo nos puede traer una democracia formal todo lo que dice Pablo Iglesias no deja de ser una ingenuidad, esa que los votantes ingenuos se creen con facilidad y que puede conducir a la bolivarización de la que acertadamente, por esta vez, habló Felipe.Por otra parte, no deja de ser infantil imaginar que una nación como España se puede gobernar mediante democracia directa. Esa locura solo tendrá un final: la oligarquía dirigente de Podemos se apoderará de la marca y el partido será uno de tantos partidos de izquierda como todos los demás.


Pero no me preocupa Pablo Iglesias sino que la oligarquía mediática, defendiendo siempre los intereses de su amo, promocione sistemáticamente cada día a Podemos. La casta no da puntada sin hilo..., y me pregunto si el movimiento de los “Indignados” no ha quedado, después de todo, como un medio a su servicio voluntaria o involuntariamente ¿Le interesaría a una parte de la casta un sistema como el Venezolano? ¿Le interesaría a una potencia extranjera que la corrupción aumentase de forma exponencial? Unas preguntas que aterran porque casi adivino las respuestas y no sabemos que sorpresas inesperadas nos pueden entre todos tener preparadas.

Vicente Jiménez
i Al estabilizar la nitroglicerina con diatomeas se consigue dinamita, un producto mucho más estable y el invento con el que Nobel amasó la inmensa fortuna de cuyos intereses se financian los premios que llevan su nombre.

iiAlga unicelular, que vive en el mar, en el agua dulce o en la tierra húmeda, y que tiene un caparazón silíceo formado por dos valvas de tamaño desigual.


iii ministro del gobierno presidido por Felipe González con mayoría absoluta

jueves, 3 de abril de 2014

Trevijano, democracia formal, mónada, representación y otros conceptos.




Cartel de uno de las conferencias de A.G.Trevijano
El pionero que ha difundido en España la idea de democracia formal es un erudito de la cultura, el derecho, el arte y la historia: A. G. Trevijano, quien distingue la democracia formal de otros sucedáneos y ha aportado unas mejoras sustanciales a la democracia verdadera. Según Trevijano, ya disponemos de suficiente perspectiva histórica y experiencia para corregir errores tomando como modelo democracias como la de EEUU, única nación que en principio cumple a rajatabla con los requisitos de democracia formal; y la quasi democracia de países como Francia, Inglaterra o Suiza. Tras una vida dedicada a la búsqueda y lucha por la libertad  colectiva (diferenciándose de la privada) Trevijano ha aportado al mundo la idea de democracia formal apoyándose en pautas científicas, históricas y filosóficas donde mejora grandes aciertos y corrige errores baśándose en estudios profundos unidos a su propia experiencia cerca del poder.

Pero Trevijano no se queda ahí al elevar la filosofía política al podio de la ciencia descubriendo la unidad democrática, o monada, que él fija en el distrito electoral y cuyo núcleo sería el colegio electoral. La mónada supera el concepto de unidad matemática, que se limita a compara magnitudes, ya que en la mónada se reproducen todos los elementos que representarían el total de la sociedad política, incluida la unidad de poder. Por lo tanto, la primera unidad de poder sería el colegio electoral, no la familia ni el individuo ni el ayuntamiento y mucho menos un partido político.

Trevijano define concretamente la democracia formal bajo tres presupuestos y dos normas; y esta síntesis no surge por generación espontánea sino al hilo de grandes pensadores: Aristóteles, Marsiglio de Padua, Occam, Maquiavelo, Hobbes, Locke sintetizado prácticamente por Jefferson y los padres de la Constitución Americana.

Para el trevijanismo (permítanme que acuñe el término) la democracia formal parte de tres presupuestos fundamentales:

Pueden participar todos los miembros del distrito electoral en las mismas condiciones de igualdad. Léase en esto los ciudadanos con derecho a voto por cuestiones de nacionalidad, edad, censo y edad legal.

El juego se traduce en la existencia de una sociedad política intermedia entre la sociedad civil y el Estado.
 

Sin una sociedad política intermedia que parta de la sociedad civil para ser uno de los controladores del Estado, la sociedad civil está huérfana ante el poder.

Las decisiones se toman por mayorías y minorías.

El trevijanimo distingue el consenso social del político. El social se traduciría en normas sociales consensuadas como la de asistir con corbata a ciertos actos o no ir desnudos por la calle. Ahora bien, apostar por el consenso político como forma de tomar decisiones en vez hacerlo a través de mayorías y minorías parte necesariamente las oligarquías que  orbitaban en torno a un dictador desaparecido, ya que las oligarquías se reparten todas las estructuras de poder del dictador ausente mediante consensos: se necesitan los unos a los otros, aunque se odien, para mantener el statu quo de privilegios heredados de la dictadura de la que partieron; y por ese motivo ningún presidente podrá jamás tomar verdaderas decisiones de Estado sin el permiso de todos los demás partidos. Sin consenso no hay decisiones y si alguien rompiese la baraja perjudicaría a todos los consensuados. Cuando hay que tomar una decisión de Estado hacen piña: por ejemplo, jamás se plantearán desmontar los 17 estaditos con sus respectivos super-hiperpagados mediocres presidentes, altos cargos, legión de paniaguados y pantagruélicas e incontrolables administraciones junto a medios de comunicación, universidades, cátedras a quienes se suman una legión de vividores de todo pelaje, ONG, artistas de salón y caviar; todos socialdemócratas devoradores de recursos y dinero público; en las antípodas de los intereses de la sociedad civil, que son quienes pagan el convite. Para muestra un botón, ¿por qué no se lleva a cabo una consulta plebiscitaria en la sociedad civil? Autonomías si /no, con las cuentas, pros y contras encima de la mesa contrastadas con otros modelos territoriales. En primer lugar, ningún presidente de una partidocracia tiene el poder para tomar esa decisión sin estar consensuada aunque tenga mayoría absoluta; y en segundo lugar, sin esa corrupción se desmoronaría un sistema que se sostiene por y gracias a la corrupción. Y para empeorar las cosas, Europa está apuntada a la misma forma de hacer.

¡Ah! Que habría conflictos. Pues miren, precisamente la democracia formal se basa en el conflicto permanente de la clase política. Son las oligarquías las que necesitan respirar el aire de los consensos: esa palabra, según apunta Trevijano, apareció por primera vez durante los pactos de la Moncloa y es un concepto político inexistente en el mundo anglosajón. Sintetizando el ciclo: dictadura >>oligarquía por consensos>>democracia

Ahora, vamos con las normas que aplicaremos a estos tres presupuestos:

Representación de la sociedad civil

Representar significa “estar presente por”. Los antiguos griegos jamás utilizaron esta idea porque ellos decidían no mediante la democracia formal que nos ocupa sino la directa; es decir, siendo el mismo ciudadano, sin representante alguno, el que tomaba las decisiones votando directamente. Montesquieu ya advirtió que donde se halla el representado no existe el representante. En cambio, los reyes medievales sí utilizaron representantes para imponer su poder, pero la representación del pueblo se atribuye a Marsiglio de Pádua (1270-1342). En su Dictio II del Defensor Pacis establece un paralelismo entre la representación espiritual y la secular. No entraremos en los problemas de oposición que tuvo con el Papa, pero sí nos interesa que inauguró una nueva forma de oposición al mismo. Influyó en las opiniones políticas de su gran amigo Guillermo de Occam (1280/1288 – 1349). Marsiglio mantuvo que el verdadero legislador debía estar constituido por la mayoría del pueblo; quienes incluso tenían el derecho a castigar al príncipe. Propuso una especie de soberanía popular a la Iglesia, incluyendo en ella a los laicos. Planteaba instaurar unos Consejos Locales cuya misión debía ser la elección de Consejos Generales. El Consejo General podría también excomulgar e interpretar las escrituras, y el papado no debía tener prerrogativas especiales. Occam no llegó a atreverse a tanto, pero desarrolló un método absolutamente democrático para elegir al Consejo General. Margsilio y Occam formaron un buen tándem abriendo camino hacia la representación y democracia formal. A nadie se le escapará el paralelismo entre la mónada del Consejo Local y distrito electoral, o de Consejo General y ejecutivo.

Trevijano resuelve las elecciones de la mónada distrito electoral bajo una serie de principios, como hizo para establecer la forma de democracia formal. Estos principios garantizan una proporcionalidad siempre directa: “candidaturas uninominales elegidas por mayoría absoluta, a doble vuelta y en circunscripciones pequeñas, deben cumplir los siguientes principios:

Similar numero de electores en cada circunscripción.

Cadidatura uninominal

Similar número de votos para ser elegido diputado.

Mandato imperativo del electorado.

Revocabilidad de la diputación en caso de deslealtad al mandato”.

La separación absoluta de poderes en todo momento.

El historiador griego Polibio (264–146 AC) no solo fue testigo del saqueo y destrucción de Cartago sino que durante el periodo de la república romana acompañó a Escipión a sus campañas de África e Hispania (estos romanos eran unos fachas, mira que llamarla Hispánia :-) y ya apuntó la separación de poderes en la que se basaría Montesquieu y estudió el efecto dominó que se originaba al finalizar las dictaduras: u otro dictador tomaba el poder por herencia como en el caso de Corea del Norte, o mediante un golpe de Estado), como cuando Claudio sucedió al emperador Calígula; o el poder del dictador se descomponía repartiéndose mediante un consenso entre las oligarquías cercanas al dictador junto a nuevos arribistas oportunistas; y éstas oligarquías, por último, pasaban a ser democracias. “En el periodo del consenso, lo que gana la oligarquía lo pierde el pueblo tal como demuestra la teoría de juegos”. Trevijano
El periodo del consenso resulta ser el más largo y estable ya que la dictadura tiene puesto un cronómetro desde el momento en que se crea. Todos hemos de morir, y el dictador tampoco se escapa a la muerte. El consenso en cambio no muere fácilmente ya que es un monstruo de muchas cabezas: cabezas que se reproducen de forma exponencial porque los intereses que representa a cada familia originan más cargos hereditarios y otra maraña de intereses político-financieros y de poder. Uno será el cabeza visible, pero hay que garantizar que todos entren el el reparto para no romper el consenso. Ese incremento en el reparto no es por creación de nuevas riquezas y meritocracia sino, como se verá en el siguiente punto, por empobrecimiento material, cultural y moral de la sociedad civil. Al afectar la movilidad social por el mérito inevitablemente refuerza la inmovilidad de castas.
Trevijano distingue cómo la guerra fría tuvo enormes consecuencias para Europa, y tener que acudir a la ayuda americana también le afectó dramáticamente para resolver los problemas en los que unos dirigentes incompetentes nos metieron, no supieron resolver y acabaron originando la II Gran Guerra: se romperían los tres presupuestos de la democracia y las dos normas por miedo a que la libertad política pudiese ser una puerta abierta al comunismo en Europa. En España, la dictadura hizo lo propio en la Transición no por miedo al comunismo, y miedo al ruido de sables (Trevijano lo explica como testigo de primera mano) ya que la guerra fría estaba moribunda, sino por miedo a la libertad, “redujo el juego a una competición entre partidos políticamente correctos (contra el presupuesto 1o), integrados en el Estado (contra el 2o) y en un consenso (contra el 3a). Por miedo al control de los electores, adoptó el sistema proporcional de listas. Y por miedo al control de la corrupción, no separó los poderes del Estado... Donde hay conflicto social no puede haber consenso. Una sociedad sin conflicto solo es imaginable en la utopía.”. Democracia formal y democracia material, 21 de mayo de 2006. Antonio García Trevijano
Su mensaje está empezando a calar en la sociedad y la oligarquía durará lo que tarde en calar del todo.


Vicente Jiménez


viernes, 2 de agosto de 2013

¿ Consensos ? NO GRACIAS. Representación, SÍ



En una democracia formal la representación implica que los representantes de la sociedad civil se peleen y confronten defendiendo a sus representados. Significa conflicto y tensión permanente para llevarse el gato al agua. Significa barrer para casa, entendiendo "casa" los intereses de los representados; y el consenso significa todo lo contrario: traición a los representados. En el consenso los representados desaparecen como inocentes conejos en una chistera para convertirse en una masa amorfa incrustada en los partidos políticos, partidos a los que siguen ciegamente con la misma pasión que a sus equipos de fútbol sacrificando el criterio propio debido al miedo a la libertad. Consenso es corrupción garantizada, consenso es lo que más rompe las normas morales de la representación formal. Consenso es la mayor traición que nos pueden hacer, es vendernos al enemigo y encima entregarles las llaves de la ciudad.

Ahora, una bomba trevijanista en estado puro que os sorprenderá, porque no estamos acostumbrados a la verdad: "El autentico motor de la democracia formal es el egoísmo"... todo lo contrario del buenismo y corrección política predicada como nueva religión indiscutible por la socialdemocracia Europea que también ha corropmpido a cierta parte de la sociedad americana.

En contraposición a uniformar posturas mediante consensos entre partidos, los representantes deberían estar  para ser lanzados a la arena y luchar a brazo partido por nosotros, sus representados. Trevijano apunta acertadamente que la peor traición con la que pueden vender a la sociedad civil es el consenso; acompañantes inseparables de la propaganda ideológica y la violencia institucional:

La propaganda ideológica del Estado y de la violencia institucional, acompañantes del consenso, ha sido tan intensa que ahora, a diferencia de lo que acontecía en el siglo XIX, el peligro no está ya en el sufragio universal de las masas sin ilustración, sino exactamente en su contrario.
El verdadero peligro está en los Partidos estatales que, en lugar de representarlas y dirigirlas, se han adueñado del Estado haciéndose ellos mismos masa social y materia de intereses. Con demagogia de masas, han suplido el descubrimiento revolucionario de la separación de poderes, con la integración permanente en el Estado de una sindicación de partidos de poder estatal. A.G.Trevijano Teoría Pura de la República. Pág 37-38 Ediciones MCRC
Contrastando el hecho evidente al que apunta Trevijano sobre a dónde nos conduce el consenso: a la unión de poderes y sindicación de partidos dentro del poder estatal, y tal como marcan el mismo Trevijano o Enrique de Diego por activa y por pasiva: la cacareada transición no fue más que un consenso de repartos del poder entre los actores que participaron en la transición tras la muerte del dictador, quedando dicho poder intacto en la forma del presente estado de partidos. Y para muestra un botón: los partidos quisieron  alcanzar un consenso para combatir la corrupción: es decir, los corruptos se van a poner de acuerdo para combatir a los corruptos. Parece un chiste, ¿ verdad ?

En definitiva,  "la incompetencia pide ser consensuada para diluir en lo colectivo todo asomo de principio de responsabilidad política". Trevijano pág,277

Apuntes sobre la representación

Veamos ahora quiénes sí deben ser los verdaderos actores de la representación: deben integrar la representación infinidad de grupos e intereses heterogéneos (lo opuesto a la homogeneización del consenso), organizaciones, corporaciones, la banca de ahorro e inversión para el ahorrador o el pequeño y mediano empresario (no para la banca especulativa... hay que recuperar la idea de antaño de las Cajas de Ahorro, pese a quien pese). Entran en liza los intereses de grupos determinados: el gremio del taxi, de autobuses, de camioneros, de cultivadores de lo que sea, maestros, médicos, abogados, consumidores de patatas, de electrónica, amantes de los animales, naturistas, comerciantes, amas o amos de casa, conservacionistas de la naturaleza, salvad las ballenas y todo lo que queráis añadir: cuanto más mejor. Y el representante que había prometido defender entre otras muchas cosas, digamos, a los taxistas y lleva las propuestas en la mochila (las que ha recogido de los propios taxistas - son sus jefes) se peleará por regular los permisos de actividad, por conseguir un precio profesional para el gasoil, por las paradas de taxi y lugares que les tienen que reservar en los distintos puntos de la ciudad, por proponer leyes (sólo proponer) sobre el control y penalización del intrusismo que les hace competencia desleal, los horarios, precio del servicio, etc. Y allí todos se pelean con todos por barrer para sus respectivas casas; en este caso, nuestro representante, para casa del propio taxista; que lo ha enviado a la cámara de representantes para que se parta la cara por su mujer y sus niños como si del mismo taxista se tratase.

¿ Y si se estira aún un poco más de la cuerda ? Todo está en que la tentación y la impunidad estén ahí al alcance de la mano. Por ejemplo, tú te llevas esta maletita de dinero a Suiza y yo te concedo lo del gasoil profesional, pero te subo el precio diez veces más. Ganas tú, que te pones la medallita de haber conseguido el gasoil profesional y encima te llevas la maleta, gano yo; y aquí paz y después gloria. ¿ Cómo es posible algo así ? Pues gracias a un terreno que ya ha abonado el consenso entre partidos donde priman la omerta y la impunidad.

Buscando a los responsables

Pero este horror no depende de las personas, depende del sistema; y el sistema sí es responsabilidad nuestra: es injusto pedir a nadie que sea un santo o superman. Los mismos corruptos, producto inevitable de este sistema corrupto, cuyo motor es la corrupción , no lo hubieran sido jamás dentro de una democracia formal con división de poderes y una justicia eficiente e implacable. Con esa espada de Damocles encima, seguramente no hubieran tenido que viajar a Suiza. Es el poder de la disuasión, porque seamos sinceros: ¿ quien no ha tenido la tentación de pisar un poco más el acelerador en una recta solitaria de una autopista ? ¡ Ah ! Pero. ¿ y si te pilla una cámara ? Siempre va bien sumar un poco de disuasión a la responsabilidad. Es que funcionamos así, por lo tanto; no me vengan con correcciones políticas ni buenismos: si el sistema político no separa poderes, cae en la corrupción sistemática.En política, no puede haber libre albedrío sino separación y vigilancia entre poderes. El libre albedrío está bien sólo como concepto teológico, pero nada más. Los corruptos nos podrían decir.

Si sabéis que somos avariciosos ¿ por qué nos habéis dejado hacerlo ? Es que el dinero lo tenía ahí, para llevármelo sin que nadie me dijese nada. Y me podía llevar todo el que quería: sin límites. Y podía inventar puestos de funcionariado y meter a mi hijo con un gran sueldo, y a mi nuera, a todoooos.

Y los corruptos tendrían razón. Lo han hecho porque les hemos dejado. Lo han hecho porque hemos permitido que un presidente nos diga nos diga que "el dinero público no es de nadie" o hemos permitido a otro que nos recorten a nosotros y no a los políticos con los altos cargos a dedo. Les hemos dejado nosotros.

Aquellos pequeños partidos que quieran cambiar (demos el beneficio de la duda) la situación sin proponer un periodo libre constituyente para alcanzar una democracia formal se están engañando a sí mismo y os están engañando a vosotros. No saben de lo que hablan. No tienen ni idea de lo que es. No es posible la democracia dentro de los estados de partidos. Que estudien y averigüen de dónde y por qué han salido los estados de partido y que se reconozcan por lo que ellos mismos son: estados de partidos.


En cualquier sistema político cuecen habas. Puede haber corrupción en democracias formales.

Las traiciones a la ciudadanía, por corrupción, son inevitables en cualquier sistema político porque la carne es débil. Pero ante el poder disuasorio de poder acabar en la cárcel automáticamente y con un embargo de los bienes, a casi tener la garantía institucional, o de omerta, de que te irás de rositas porque todos están pringados hay un abismo: la disuasión de la justicia confrontada a la impunidad; el representante de la sociedad civil confrontado al represente del partido de Estado. Siguiendo siempre a Trevijano, así los llamó el Tribunal de Bonn: Partidos de Estado.
¡ Ay si tuviésemos la valentía civil de conquistar la democracia formal ! ¡ Ay si perdiésemos el miedo a la libertad colectiva ! Si tuviésemos esa valentía civil entonces el representante del taxista difícilmente llegaría a consensos con el resto de representantes y tendría que llegar a acuerdos de verdad favorables al taxista: en un acuerdo doy algo y a cambio gano algo; como en cualquier transacción comercial. Ese "a cambio de algo" es lo que ganaría la sociedad civil. Y si hacen bien las cosas puede que en el intercambio ganasen ambos representantes ...  doble ganancia para la sociedad civil. A esos representantes los llamamos diputados de distrito con mandato imperativo y revocable. Esos diputados de distrito son impensables en la actualidad, ya que los diputados pertenecen al partido, les paga el partido y los puede cesar el partido, no la sociedad civil. Precisamente, lo de revocable es que si no lo hacen bien es la sociedad civil, también, la que los puede quitar en cualquier momento y sustituir por otro que sí esté presente por ti en la negociación, o sea, que te represente. En un partidocracia no puede haber democracia: son agua y aceite, por muy buenas intenciones que tengan esos pequeños partidos nuevos llenos, sin duda, de buenas intenciones jamás nos podrán representar sin exigir un periodo libre constituyente para implantar una democracia formal; una de verdad con representación y separación de poderes. Si no lo hacen, o simplemente aspiran al poder y los privilegios de la clase política o bien no tienen ni idea de qué es la democracia; o ambos.

Vicente Jiménez
Bibliografía para no perderla costumbre últimamente:

A.G.Trevijano Teoría Pura de la República. Pág 37-38 Ediciones MCRC