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jueves, 10 de octubre de 2013

Los resortes del poder


La poderosa familia Medici adorando al niño Jesús como hicieron los Reyes Magos y rodeados de amigos ilustres de Florencia. El pintor Botticelli (figura en la derecha que nos mira). El poder de las grandes familias del Renacimiento era como el del Padrino, de Coppola. El poder dependía de favores, y los Medici  procuraban conseguirles los favores.
Botticelli La Adoración de los Magos Fuente Wilkipedia

Nos gusta un mundo predecible: saber que el autobús parte a la misma hora del mismo sitio para ir al trabajo cada mañana y que por el camino te puedes tomar un café con leche y comprar el periódico. Nos gusta que nuestro pequeño universo siga milimétricamente las leyes de la física newtonianas y no queremos sobresaltos. Si pudiésemos, seríamos un país fabricantes de relojes de cucú. Pocas veces pensamos que ese universo tan predecible deja de funcionar con las mismas leyes físicas cuando nos acercamos, por ejemplo, a velocidades cercanas a las de la luz. Tal como señala Carl Sagan en Cosmos nuestra lógica estaría seriamente alterada si siendo niños nos hubiésemos subido a una bicicleta y nos hubiéramos podido dar un paseo por el pueblo a velocidades cercanas a la de la luz. Para nosotros habrían pasado sólo unos minutos de plácido paseo, pero al finalizar hubiésemos encontrado a nuestros amigos convertidos en ancianos. Esa es una de las paradojas que se dan al viajar a velocidades cercanas a las de la luz; y hasta ahora, nada ha demostrado que la teoría de la relatividad de Einstein no sea cierta.
¿Quiso decir Einstein que Newton no tenía razón? En absoluto, las leyes newtonianas se dan en todas partes del universo, pero si te acercas a la velocidad de la luz, el espacio y el tiempo empiezan a funcionar de una forma que retan dramáticamente nuestro sentido común, nuestros pensamientos, experiencia y nuestra más intima lógica. De la misma forma, el agua tiene propiedades sólidas para temperaturas por debajo de 0 ºC y a 22 ºC es líquida y te puedes dar un plácido baño en ella. Todo depende de en qué cotas nos situemos.
A los políticos les gustaría que España fuese un país predecible de fabricantes de relojes de cucú. Ir en sus coches oficiales sin sobresaltos a sus despachos oficiales, que el conductor fuese siempre el mismo; e imagino, desayunar en el Congreso y sentarse en el mismo taburete a la misma hora leyendo las mismas noticias en los mismos periódicos. Si las cosas nos funcionaran bien las únicas decisiones a tomar serían aquellas para asegurar de que nada fuese a cambiar. Un mundo de precisión milimétrica, como los relojes suizos: todo predecible; y ellos, los políticos, serían los grandes relojeros.

La historia no regala muchos periodos garantes de ese inmovilismo: sin el motor de los grandes conflictos, las guerras, las revoluciones, las catástrofes naturales, o los grandes inventos artísticos y tecnológicos que cambiaron el mundo, seguiríamos en la Edad de Piedra.
 
Si pudiese viajar en la bicicleta del tiempo de Einstein visitaría Florencia en el S XV. Imaginad... Leonardo da Vinci, Michelangelo Buonarroti, Botticelli, Lorenzo de Medici. Cuando el Renacimiento estaba en plena vitalidad creativa y el viejo orden medieval se iba desmoronando para ser sustituido por otro nuevo, moderno, hubo alguien que realizó un análisis del funcionamiento y los resortes del poder como antes no se había hecho jamás: jamás ha exisitido una concentración de genios como se dio en el Renacimiento. Desde los tiempos de Aristóteles pasando por San Agustín el poder y la moral eran como el hidrógeno y el oxigeno para formar agua: el poder y la ética o la moral estaban incuestionablemente unidos: nadie se había atrevido a separarlos jamás hasta que apareció otro genio que escribió una especie de “guía para dummies” de cómo gobernar: Niccolò Machiavelli.

Aunque Lorenzo Medici no llegó a leer el librito, aplicó los métodos que había recogido Maquievelli. Maquiavelo tuvo la osadía de decirnos cómo éramos en realidad y no cómo debíamos ser: puso al hombre en los límites; no en momentos estables, sino durante las grandes crisis. Evidentemente, a la iglesia no le hizo mucha gracia ese espejo con el que Maquiavelo retrató el uso del poder: cómo lo conseguían, cómo lo conservaban, cómo lo perdían y cómo podían ampliarlo. El Maquiavelismo ha quedado con la mala fama de engaño, asesinato y otras prendas. El fin justifica los medios, si; pero en situaciones extremas, ¿cómo reaccionaríamos?, ¿mentiríamos y asesinaríamos?... ¿y para salvar a tu familia y tu ciudad si supieses que te van a invadir, violar a las mujeres y asesinar?

Nadie se había atrevido a contar cómo debíamos ser en situaciones extremadamente extremas. Y el poder, está siempre en una situación extrema:
¿Qué hubiera sido de Lincoln sin la esclavitud? O de Churchill sin Hitler o de un Julio César sin Pompeyo? Los detractores de Lincoln, por ejemplo, lo describieron como un dictador que llegó a suprimir el hábeas corpus y César se hizo con el poder absoluto de Roma.

En estos momentos, no puedo evitar pensar cómo se desarrollarán los acontecimientos de un Rajoy vs un Mas. ¿Quién de los dos será maquiavélico y se impondrá al otro como un gran hombre de Estado:  el que tome las decisiones sobre el otro? 

De momento, uno de ellos está actuando; es quien está tomando  decisiones de Estado - ya tiene creada la estructura de Estado para Cataluña - y el otro simplemente espera a que todo se le solucione solo por el fracaso de quien actúa. En otros tiempos esa fue su estrategia y de esa forma alcanzó el poder, pero Mas no es Zapatero: Mas no cree en el buenismo; algo que Maquiavelo hubiese considerado una estupidez.

¿Quién de los dos será el ganador y quién el gran perdedor ante los ojos de los acontecimientos y de la historia? Es evidente, para Maquievelo el que sepa actuar como un verdadero hombre de Estado y no le tiemble el pulso. No hay medias tintas: o ganas, o pierdes: en política no existen tablas como en el ajedrez porque el conflicto no finaliza hasta que uno de los dos contendientes gane y el otro pierda.
Estamos viviendo un cambio histórico; de esos que suelen darse cada cuatrocientos o quinientos años; de esos que te introducen en un nuevo orden y que jamás han ocurrido sin que surgiesen grandes conflictos. En esos periodos de grandes conflictos es donde se miden los grandes hombres de Estado. El poder funciona como funciona y es mejor que sepamos sobre sus resortes para asistir como espectadores o como actores en este gran momento de la historia; pero como siempre ha ocurrido, el papel que juguemos nos lo darán: no dependerá de nosotros


Vicente Jiménez 

lunes, 13 de agosto de 2012

Ni rey ni oligarquías ni chusmocracia


Entrada revisada 26 jun 2014
En cierta ocasión escuche a un senador de los Estados Unidos argumentar un resumen muy simple y sencillo del tipo de gobierno de su país. Cuando los padres de la patria -vino a decir- después de expulsar a los ingleses se reunieron para ver qué se podía hacer con todo aquel lío, refiriéndose al momento después de haber ganado la Guerra de Independencia contra los ingleses, vieron que las formas de gobierno que se conocían hasta entonces eran todas imperfectas y un absoluto fracaso: el gobierno en poder de uno solo (el rey) no les servía, porque precisamente habían estado luchando contra la tiranía del monarca Jorge IV. Por lo tanto, darle el poder a una sola persona quedaba descartado. El poder en manos de unos cuantos (oligarquía) tampoco les ofrecía garantías, porque unos cuantos parlamentarios en Inglaterra les habían causado los problemas de los impuestos abusivos sin representación contra los que habían estado precisamente luchando, así que descartaron también esa opción. Y el poder en manos de muchos tampoco les gustaba, porque una chusma manipulada por demagogos había crucificado a Jesucristo, y de eso tampoco se podían fiar. El poder en manos de todos podía derivar fácilmente a una chusmocracia, y así lo exponía claramente la Biblia. Esas eran las formas de gobierno posibles conocidas que habían estado funcionando hasta 1776 y fueron discutiendo y dándole vueltas para ver qué tipo de gobierno iban a implantar. Por fin dieron con la solución:

Así que lo que hicieron fue coger a esos tres poderes y meterlos a todos en la misma olla, de forma que se estuviesen siempre controlando entre ellos y en perpetua tensión. Para mantener la tensión pusieron a un presidente (poder en manos de uno) instauraron un senado (poder en manos de varios) y un congreso (poder en manos de todos). Esa fue la solución: no fiarse los unos de los otros, darles a cada uno unos poderes específicos para que pudiesen vigilarse constantemente y que ninguno tuviera la más mínima posibilidad de instaurar una tiranía, maquillada de democracia (o rex publica como la llamaron al principio) o no. Control, control y más control entre ellos, tensión, tensión y más tensión entre ellos para que ante un intento de abuso de poder, tuviese o no éxito, la impunidad fuese igual a cero y las aguas volviesen a su cauce. De esta forma tan sencilla simplificó ese senador el nacimiento de la primera democracia constitucional que tuvo éxito en el mundo.
Vicente Jiménez

martes, 7 de agosto de 2012

¿Quién habla en nombre de los que no tienen voz?


Revisado junio 2014
El primer reportaje (ver enlace) de las historia donde aparecen documentados gráficamente los  gritos desesperados de las víctimas de los poderosos pueden observarse bordados en una de las viñetas de un enorme lienzo medieval que en estos momentos se conserva en el Centre Guillaume le Conquérant de la ciudad de Bayoux.

El Tapiz de Bayeux parece haber sido tejido por monjas francesas por mandato de Odón, arzobispo de Bayeux y hermanastro del rey Guillermo el Conquistador para servir de ornamento a la catedral de Bayeux el día de su consagración, el 14 de julio de 1077 y relata mediante una tira de imágenes, con inscripciones en latín, en el formato de una especie de película o cómic los luctuosos hechos que tuvieron lugar durante la conquista de Inglaterra por parte de los normandos en 1066.
 
Madre e hijo huyendo despavoridos FUENTE


En una de esta viñetas, concretamente, puede observarse cómo una madre y su hijo huyen despavoridos de su casa en llamas y a los dos guerreros que se la están incendiando.  Por primera vez un relato histórico enfoca su atención a los no poderosos, a los que no tienen voz.  Refleja la impotencia de las víctimas, dibujadas en forma de pequeñas figuras cuyo tamaño simboliza la ausencia de poder. Contrastan las figuras de los dos enormes y poderosos guerreros que cumplen las órdenes del brutal conquistador rey Guillermo. Fue una tragedia sin precedentes para la Inglaterra del s XI y esta invasión cambió Europa para siempre.

Los historiadores se preguntan ¿por qué invadieron los normandos a los sajones que habitaban Inglaterra? Y la respuesta parece estar en el éxito organizativo y económico de los sajones. Su sistema monetario era de los más avanzado de Europa y ello implicaba una organización administrativa que no tenían sus vecinos. No voy a tratar los eventos y circunstancias que precipitaron la tragedia, pero sí me fijaré en que quienes más sufrieron fueron, como siempre, los campesinos y habitantes de los pueblos y ciudades conquistadas y literalmente arrasadas. Los que no se sometieron fueron literalmente exterminados. Aunque la historia contempla poco a las víctimas, a los inocentes, esta vez si fijó su atención en aquellos que fueron sacrificados por los poderosos.

Cualquier lector avispado habrá ya adivinado la relación: "pero si algo parecido es lo que nos ha pasado aquí" guardando, claro, las distancia histórica. Nunca puedo evitar relacionar esta escena del año 1066 con la de cualquier dramático desalojo de 2012.  Los gritos, la angustia y la impotencia debieron ser las mismas tanto para los que perdieron un hogar como para los que han perdido el otro. Personas que a causa de los especuladores y banksters que originaron la crisis están sufriendo un paro de larga duración, o aquellos cuyas familias se han quedado sin ningún ingreso y viven una situación de indigencia; los que no han podido hacer frente a las letras de sus hipotecas han sido echados de sus hogares con la misma piedad que muestran los dos guerreros de Bayeux. Hay un factor común entre los brutales conquistadores del s XI y los y los especuladores, políticos corruptos y banksters que han causado esta otra tragedia sin precedentes, y ese factor común es algo tan viejo como la avaricia y la impunidad.

Las voces y gritos de las víctimas de los desmanes de los poderosos siguen escuchándose en España. Los políticos ni siquiera oyen y desde luego mucho menos los escuchan ¡Cuánto más humano hubiera sido ofrecer a las personas que más han sido arrastradas por el desastre económico la oportunidad de “alquileres de crisis”, o cualquier otra solución hasta que llegasen tiempos mejores y pudieran retomar su hipoteca y sus vidas. Cuánto más humano hubiera sido realizar una verdadera reestructuración de la Constitución y del Estado de las Autonomías, llegando incluso a plantear un plebiscito sobre la organización territorial, que se evidencia ya como imprescindible para nuestra supervivencia. Es imprescindible dar un buen uso al dinero. Todavía están derrochando los señores de la guerra en las autonomías con un ejército pretoriano de enchufados y vividores, de pícaros de toda índole. ¿Cómo hemos podido poner el poder en sus manos? Se repite el mito de Troya: hemos metido al enemigo dentro. Lo hicimos al aceptar esta constitución.

Han preferido condenar en pleno 2012 a la indigencia a los no poderosos, como ya se hizo con los sajones en la Inglaterra del año 1066. Los brutales guerreros que quemaron sus chozas han sufrido el mismo trato que los políticos y banqueros que desalojaron de sus casas a las víctimas de los sin sin voz- Hemos sufrido un sistema tan brutal como aquel en un sentido básico; los causantes de ambas tragedias no sólo no afrontaron castigo alguno sino que fueron premiados con riquezas, más poder e impunidad. Me niego a creer que la humanidad no haya evolucionado y en eso coincido con Tocqueville. Me niego a creer que la sociedad civil vaya a aceptar como corderos esta masacre. No podemos permitirlo, porque si lo hacemos seremos tan culpables como los criminales del s XI y los actuales. La historia no había enseñado todavía qué hacer a la madre y su hijo, cuya única opción era sobrevivir y huir sin ser masacrados. Pero nosotros sí que hemos recibido otras lecciones de la historia y podemos aplicar sus enseñanzas. No tendremos excusa si les dejamos depredando lo poco que ya queda.

Hemos evolucionado y las teorías políticas que pasan desde la incipiente democracia griega cuyo mandato se decidía mediante una especie de consenso asambleario para ciertas cuestiones. Ello se complementaba con otro sistema de cargos por sorteo para aquellos asuntos que reultaban más complicados y necesitaran de miembros especialistas y colegiados. El sorteo de cargos intentaba garantizar que todo ciudadano tuviese la oportunidad y el deber de participar en la vida pública de la polis o ciudad estado. Fueron las democracias con el ideal colectivo de la participación.

Hasta las democracias modernas representativas y por consenso han pasado algunos siglos, y se ha vertido mucha sangre. Pero las democracias modernas serán papel mojado si no conservan algo de ese ideal colectivo de posibilidad de participación. En estos momentos, la impunidad con que se mueven los corruptos hacen que sea difícil verse representado y mucho menos sin la posibilidad de participar con algo más que un voto cada cuatro años. Entonces, ante los casos de injusticia flagrante ¿quién habla en nombre de los sin poder, de los indefensos sin voz?
Vicente Jiménez


Bibliografía


jueves, 17 de mayo de 2012

Conflicto de civilizaciones II

 Entrada revisada
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Es sumamente interesante el enfoque evolutivo de los conflictos planteado por Hungtinton, que fue capaz de prever el modelo social con el que nos encontraríamos a principios del siglo XXI.


"La fuente primaria fundamental de conflicto en este nuevo mundo no sera ideológica ni económica. Las divisiones entre el género humano vendrán dadas por el choque entre grupos con diferencias culturales" Hungtinton, Choque de civilizaciones

Realicemos un pequeño un periplo histórico partiendo de la Paz de Westphalia, donde se engendraron las formas de relación entre Estados modernos. Los conflictos occidentales fueron, al principio, siempre originados por los reyes y motivados por el deseo de controlar sus territorios y expandirse. La Revolución Francesa fue ya el primer conflicto Europeo popular que estalló defendiendo las ideas rompedoras de un grupo de personas corrientes, no de monarcas. A partir de ahí, los choques verdaderamente importantes vendrían por las defensa de las ideas: fascismo, comunismo y democracia se confrontaron en la II Guerra Mundial. Nuestra guerra civil, por ejemplo, no fue para ganar territorios y explotarlos como hubieran hecho los antiguos monarcas sino por confrontación de ideologías. Los colonialismos del s XIX seguirían las pautas de seguir controlando territorios con miras al robo producido a gran escala que impulsó la invención del tren, como ya se mencionó en el capitulo anterior. Después ya vendría la Guerra Fría; un conflicto entre el comunismo y la democracia liberal, encarnado en dos super-poderes: la URSS Y Estados Unidos. Los países occidentales se posicionaron bajo el paraguas de una u otra superpotencia. El mundo quedó dividido en dos ricos y otro pobre, éste último muchas veces con grandes recursos naturales, pero sin capacidad tecnológica ni organizativa para explotarlos. Dichos países pobres eran los restos de la etapa colonial anterior, y son a los que se se llamó tercer mundo.

La caída del Muro de Berlín fue el preludio de la desintegración de la URSS y causó unas guerras en la Europa del Este, abriendo la puerta, en parte, a la nueva fase en la que nos hallamos. El centro de gravedad de la política internacional ha pasado a las relaciones entre Oriente y Occidente. Al conflicto entre el mundo islámico y el occidental, al conflicto entre islamismo y cristianismo ¿O más bien entre los que tienen los recursos energéticos y los que los  consumen? Aparecen nuevas potencias compitiendo también por esos mismos recursos energéticos y de materias primas; sirvan China e India, como ejemplo. Y sumemos también que algunos de los países productores suramericanos se hayan aliado con una parte del mundo productor islámico. Les une el enemigo común: el mundo occidental.

Añadamos una nueva pieza al puzzle: la aparición de las nuevas tecnologías de comunicación y tratamiento de la información. La rapidez en los viajes han hecho de este mundo un pañuelo. El mundo es más pequeño; así tenemos un nuevo panorama: la antigua división de primer, segundo y tercer mundo que se dio durante la Guerra Fría ha dejado de tener sentido y dado paso a la globalización. Grandes cantidades de dinero se mueven, por ejemplo, en cuestión de segundos con solo apretar un botón de una parte a otra del globo. Decisiones de un segundo pueden traer prosperidad o hambre a grandes masas en el otro lado del globo. De alguna manera, los antiguos estados han dejado de tener el control...

Y sigamos sumando: grandes migraciones del antes llamado tercer mundo han ocupado Occidente en busca de una utopía; y los políticos han practicado un proteccionismo erróneo y exacerbado con estas poblaciones. Dicho hiper-proteccionismo ha incidido en la pérdida de derechos que había adquirido la población local, tras mucha lucha, sangre, sudor y lágrimas. Los inmigrantes trajeron a sus mayores y familias, que jamás habían aportado nada a los sistemas sociales de los países receptores disfrutando de privilegios jamás soñados y cuya carga recaía en los hombros de las poblaciones autóctonas. Esto aumentó la carga social de los ciudadanos y tensiones con aquellos que habían llegado compitiendo en el mismo nicho por los mismos recursos de bienestar social. Los mismos foráneos se posicionaron a favor o en contra de este nuevo elemento que añadía un problema de sostenibilidad a la sanidad, educación y seguridad. 

Los políticos occidentales se mantuvieron insensibles a los problemas que estaba causando su mala gestión, bien porque no era la parte de población que mantenía contacto con estos recién llegados o porque éstos les podían aportar rentabilidad política, en forma de votos o beneficios económicos mediante la explotación esclavista, ya que los recién llegados sin pretenderlo dinamitaban los derechos laborales por la simple ley de oferta y demanda; derechos laborales por los que tanto habían luchado los habitantes foráneos.

Difícil situación por la mala previsión de los políticos y donde la sociedad civil no pudo participar en ninguna decisión a fin de evitar situaciones injustas tanto para los nativos como para los que llegaban buscando una vida mejor. El sistema de partidos de Estado coloca las decisiones en el Estado y jamás en la sociedad civil, que nunca se halla representada. 

Para muestra un botón: el efecto del ministro Socialista Caldera de "papeles para todos" causó un efecto "llamada" insoportable practicando la falsa cultura buenista. Le dio cuerda a la bomba de relojería, todavía alimentado más el proceso de las tensiones raciales fruto directo de las económicas y culturales.  Pero la verdadera bomba puede estallar con la carga adicional y sumamente atroz de la crisis, que ha arrasado como un tsunami a los españoles; llevando a muchos a la más absoluta indigencia.

Aquí pues hay que darle la razón a Hungtinton cuando predijo que los próximos conflictos serían entre civilizaciones porque el mundo se volvía cada vez pequeño; y al aumentar las posibilidades de interacción aumentan las de conflicto: gentes que jamás hubiesen interactuado se verían obligados y condenados a compartir y competir por los mismos recursos y trabajos pero pertenciendo a culturas a veces no solo distintas sino incompatibles. De ahí el clamor cada vez más frecuente y peligroso, que tanto se oye, de "no cabemos todos". Y los políticos siguen con sus luchas internas sin tratar el verdadero problema que ya han creado por lo que pudieron hacer y no hicieron. Quienes pueden encauzar una solución ordenada continúan ciegos y sordos a lo que verdaderamente ocurre. Políticos incontrolables y enormes masas migratorias incontroladas que acaban en guetos: nitrógeno y glicerina: señores, la explosión está servida si no se reconduce la situación con políticas sociales justas, pero justas para todos: no con notable proteccionismo solo para una de las partes.
Vicente Jiménez

viernes, 4 de mayo de 2012

¿Nos han inducido a ser esclavos voluntarios?

Entrada revisada 22 junio 2014
En la entrada anterior observamos cómo el desarrollo de las nuevas tecnologías había introducido un verdadero caballo de Troya en nuestros hogares. Smartphones, 4G, tablets, ordenadores personales etc., que tan atractivos se  nos presentaban al principio resultan ahora eternos y forzosos acompañantes. Han acabado por convertirse en auténticos cordones umbilicales uniendo la empresa y con el hogar de forma que éstas se han apropiado del  tiempo personal.

Una de las tecnologías que las empresas priorizan son las intranets. Entramos en aquellos lugares que nos permiten para continuar desarrollando proyectos; y a su vez, también, en cierta forma, los invitamos a entrar en nuestros hogares. Un verdadero "quid pro quo", ¿o no?

Si estas tecnologías se utilizasen para mejorar las relaciones entre la empresa y los trabajadores mediante la tan conllevada conciliación laboral y familiar, una justa retribución, etc bienvenida sería. La tecnología estaría al servicio del hombre. Pero si por el contrario sirven para alargar la jornada laboral, exponer al trabajador bajo condiciones de estrés a interminables jornadas y sufrir diferentes y sutiles presiones, malvenidas sean.

Al final se han perdido logros dorados que costaron sangre, sudor y lágrimas; como los tres ochos: ocho horas de sueño, ocho de trabajo y ocho de tiempo libre, o que la edad mínima de los jóvenes para empezar a trabajar fuesen los dieciséis años, en vez de los cinco.

De hecho, ha emergido una nueva cultura del trabajo en muchas de las multinacionales occidentales; y no tan multinacionales. La cuestión es cómo nos hemos hecho este hara-kiri ¿Cómo hemos renunciado a las promesas de que el trabajo duro sería reconocido, recompensado y nos garantizaría una vida de estabilidad económica?

Se utilizaron nuevas formas sutiles de presionar e inducir a los trabajadores hacia una esclavitud voluntaria; incluso antes de la amenaza del hambre y el desastre del paro actuales. Con lo cual, la vuelta de uerca ha sido completa.

Sin mencionar el nombre de una empresa de alta tecnología muy conocida diré que técnicos super-cualificados se mataban por conseguir un puesto de trabajo. Les esperaba entrar en un complejo de lujo, con piscina, sauna, salas de relax, de juegos, gimnasio, barra libre en el bar, en el comedor ...

La condición era trabajar por proyectos, en pequeños grupos; marcarse cada grupo o trabajador sus propios horario y comprometerse a unos objetivos. Esos trabajadores no salían del complejo ni los fines de semana. Sin darse cuenta vivían por y para el proyecto ¿Os acordáis de los monjes medievales? Por lo menos ellos tenían unos horarios muy rígidos, pero en nuestra empresa las horas de trabajo podían llegar a ser interminables; hasta conseguir el objetivo. Y después ellos mismos se imponían otro objetivo. Y uno más... Todo en la compañía inducía a este estilo de vida y los trabajadores se apuntaban con entusiasmo ¿Eran esclavos voluntarios?, o unos privilegiados.

Una de sus trabajadoras renunció al trabajo por otro más normal y menos cualificado. No había querido renunciar a su vida familiar...

Entre el blanco y el negro se dan todo tipo de grises. Empresas que obligan más, que inducen menos... Las técnicas de manipulación del personal están muy estudiadas y los trabajadores no son conscientes de ello. Lo cierto es que hemos vuelto después de dos siglos al principio de la película. La rueda ha dado un giro completo, como dicen los ingleses. Vuelta al principio: se buscan esclavos, paga baja, dedicación 24 h.

Unos obligados por tristes circunstancias y otros con el viejo truco del palo y la zanahoria resulta que estamos entrando en una trampa que olvida y prescinde del factor humano: que el hombre es un ser social, pero que la familia no son los compañeros de trabajo. Se requiere formación y el pago digno por un trabajo digno. Se requieren tantas cosas... Ahora, el que crea que los sindicatos se plantean algo de esto y están dispuestos a defender un equilibrio entre intereses de la empresa y los trabajadores que de un paso al frente. Pero no caigan en un precipicio.

Vicente Jiménez







jueves, 3 de mayo de 2012

¿Se nos ha metido un caballo de Troya en casa?

Revisado 18 junio 2014
En la Edad Media los monjes llevaban una vida rutinaria imperturbable salvo que un hecho dramático como una invasión, la peste o una guerra rompiese esa paz. Se levantaban al alba, rezaban, comían, trabajaban, estudiaban, copiaban libros, rezaban, dormían. Sus hábitos diarios se centraban en por y para la vida del monasterio las 24 h del día. La vida del campesinado también seguía un ritmo parecido de rutinas donde vida y trabajo no se separaban: el ritmo diario lo marcaban las estaciones y la Naturaleza. Ese esquema rutinario se rompió con la Revolución Industrial. Más tarden llegarían las luchas sindicales de verdad: no la de los sindicalistas político-liberados actuales que viven ociosamente ocupados; y al finalizar las dos guerras mundiales fue consiguiéndose con más lucha la  separación entre el trabajo, el tiempo libre y la vida familiar. 

Mucho se tuvo que pelear en Europa para lograr que los trabajadores pudiesen disfrutar de ciertos logros o lujos y así mejorar sus condiciones de vida hasta  convertirse en clase media con vacaciones, electrodomésticos, coche y los tres ochos: ocho horas de sueño, ocho de trabajo y ocho de tiempo libre. El tiempo libre permitió las relaciones familiares, las sociales, la práctica de aficiones: lo que los abuelos de nuestros abuelos jamás llegaron ni a soñar.

Nos enfrentamos a un retroceso vertiginosos donde la rueda ha girado por completo y la tendencia de las condiciones de trabajo junto al nivel de bienestar en vez de mejorar empeoran a marchas forzadas. El ahora lujo del tiempo libre, de tener asegurado el sustento con el esfuerzo de tu trabajo y disfrutar de un estado de bienestar que creíamos garantizado se está diluyendo por la dictadura de las crisis, de los malos sistemas de gobierno, de las castas oligárquicas de poder y de la competitividad dictada por un mercado salvaje falto de toda moral y principios. Han aparecido unos nuevos dioses en el Olimpo y junto a ellos hemos introducido un dios menor al que adorar en el hogar y que resulta un verdadero caballo de Troya. Ese dios menor es tan peligroso como los anteriores: el uso de las nuevas tecnologías de la información. Los viejos relojes de marcar las horas de entrada y salida en la fábrica han desaparecido y han sido sustituidos por portátiles, tablets y móviles 4G que mantienen un perfecto cordón umbilical con la empresa a tiempo total, literalmente. Mediante el uso de estas tecnologías tu tiempo, suponiendo que tengas la suerte de trabajar, forma ya parte de la empresa las 24 h del día, tal como ocurría con los antiguos monjes medievales que hemos mencionado antes.

¿Volverá aquella época de nuestros padres en la que  el silbato de la fábrica marcaba perfectamente las fronteras entre el tiempo del trabajo y el tiempo personal? Con las nuevas tecnologías va a ser difícil separar la hora de salida y desconectar completamente del trabajo para tomarse con los amigos unas cañas, disfrutar con la familia o simplemente leer o no hacer nada.


Con la nuevas tecnologías hemos metido el caballo de Troya en casa y en nuestro tiempo libre. En este momento accedemos desde casa a los datos de la empresa por la intra-net  y nos llevamos ese trabajo al hogar. Estamos localizables las 24 h del día y tenemos ya metida la oficina en le hogar con un método de trabajo que ha cambiado. En vez de estar delimitado por un horario está definido por unos objetivos muy definidos cada vez más exigentes y esclavizantes. Por lo tanto, en este momento, ya nos parecemos un poco a aquellos monjes medievales del principio de este artículo. Corremos el peligro, al igual que ellos, de no salir del convento, pero ellos tenían la ventaja de disfrutar una vida más natural y sin estrés.


Vicente Jiménez

Bibliografía

Buntin Madeline, Willing Slaves: How the Overwork Culture is Ruling Our Lives,
HarperCollins, 2004

Richard Donkin, Blood, Sweat and Tears: The Evolution of Work, 

Richard Donkin, The history of work,

Notas

Los "privilegiados de tener un trabajo" ahora estamos sobrecargados y hemos vuelto al miedo al hambre. No tenemos tiempo y nos vemos forzados a seguir en casa conectados al ordenador. Que estamos sobre-presionados; y esta presión nos ha alcanzado de lleno. Ha entrado en la conciencia colectiva. Parece que las condiciones físicas brutales que soportaron los primeros trabajadores de la industrialización se han sustituido por otras no menos coercitivas y mucho más sutiles.



Es una cadena de locuras. Los consumidores presionan a las empresas y éstas, a su vez, presionan a los trabajadores para que dan lo máximo de sí mismos; y los clientes le den su dinero a las empresas. Es un círculo vicioso diabólico.



Los gurús del management o altos directivos aspiran a conseguir que los valores de la empresa coincidan con el de los trabajadores, y se utilizan argucias muy sutiles para ello.



El papel de los sindicatos, ante esta situación, parece ser estar en la más absoluta inopia. Les falta el talante intelectual para negociar sobre lo que se nos ha venido encima. Algo que beneficie a ambas partes. Indudablemente todavía siguen con los tres ochos; y la situación actual nada tiene que ver. ¿Cómo van a resolver un problema si ni siquiera parecen ser conscientes de ello? Además, parece que sus preocupaciones han pasado a ser la de mantener unos privilegios insostenibles que sólo benefician a unos cuantos privilegiados.



A finales del siglo XVIII y XIX el gran proyecto de ingeniería social de la industrialización fue coger a los trabajadores del campo y convertirlos en dóciles obreros dependientes de un salario. Se empleó el método del miedo al hambre; y en la Inglaterra, precursora de la época industrial, el miedo a Dios. Los Metodistas les inculcaban a los trabajadores de la revolución industrial el deber moral de trabajar duro y santificar el domingo. Los salarios tuvieron que ser lógicamente bajos para asegurarse de que el obrero del campo volviese el lunes a trabajar. Hombres, mujeres y niños desde los seis años formaban periódicamente una procesión diaria hacia las fábricas con el hambre como el gran acicate



Evidentemente aquellos demonios fueron combatidos. Primero con la lucha obrera por la jornada de diez horas, después se abolió el trabajo de los niños. La lucha sindical parece que dio sus frutos y: se consiguieron los tres ochos: ya no era tan pobres como para tener que ir a trabajar por estar hambrientos, ¿o ahora si ... ? Interesante tema para tratar en el futuro: una crisis y de nuevo el hambre como acicate.