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sábado, 28 de noviembre de 2015

¿Tiene nuestro Presidente tanto poder como el de Hollande?


“No se trata de contener al Estado Islámico sino de destruirlo” fueron las contundentes palabras pronunciadas por Hollande tras los asesinatos perpetrados por el Daesh en París.

Y dicho y hecho; una operación quirúrgica antiterrorista acabó en el distrito de Saint-Denís con los autores de la matanza.

A ningún español le cabe la menor duda sobre la efectividad y eficiencia de nuestras fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado no solo para neutralizar a los terroristas sino para prevenir ataques parecidos. Nos consta a todos que esa labor heroica constante y callada habrá evitado muchos muertos y lágrimas. Por ello e ir muchas veces más allá de lo que demanda el deber les debemos nuestro agradecimiento, ya que de bien nacidos es ser agradecidos.

Otro cantar es que un presidente de nuestra nación tenga o no la inmensa capacidad de decisión que ha mostrado Hollande y que estas decisiones sean respaldadas por todos los estamentos sociales y políticos, junto a la ciudadanía con el mismo fervor y patriotismo que han demostrado los franceses y tanto hemos envidiado quienes también nos sentimos patriotas españoles. Y aquí se plantea una luctuosa cuestión; ¿es que nuestros presidentes son unos cobardes e ineptos incapaces de tomar decisiones, ¿es que el repugnante nivel de cainismo de los españoles puede llegar hasta tal grado como para aliarse con los enemigos?

El bochornoso espectáculo dado por organizadores y pancarteros profesionales del “No a la Guerra” durante una jornada de reflexión (no sé qué es lo que hay que reflexionar si no podemos elegir a nuestros candidatos) dado por una izquierda sedienta de poder tras los atentados del 11M de 2004, junto a la rocambolesca investigación y supresión de pruebas no son más que síntomas de un sistema totalmente alejado de cualquier concepto de democracia y corrupto hasta la médula. Es la marca de todo sistema oligárquico de poderes y tanto Locke como Montesquieu, ya en el S. XVII, junto o otros grandes filósofos del comportamiento humano con y ante el poder,  nos advirtieron sobre nuestra naturaleza humana y la naturaleza del poder. Si uno tuvo la genialidad de dividir algo tan abstracto como el poder político el otro dio con la solución para embridarlos enfrentándolos entre sí consiguiendo un equilibrio newtoniano. La Revolución Americana llevó a la práctica esas teoría y las teorías siendo puestas en el banco de pruebas de la historia probaron ser ciertas. Solo los políticos ignorantes y los corruptos pueden ignorar tales verdades universales.

Al ser el sistema partidocrático controlado por las familias intocables oligárquicas politico-financieras tenemos buenos ejemplos de sus demoledoras consecuencias para la sociedad civil. Destacan hasta ahora familias de delincuentes que han dirigido comunidades autónomas inventándose naciones convertidas en verdaderas cuevas de ladrones donde refugiarse al abrigo de falsas banderas y con inmensas y obscenas fortunas robadas al pueblo y evadidas del fisco hacia paraísos fiscales. La partidocracia deja al ciudadano indefenso y sin control alguno ante el poder que que las antiguas familias y los advenedizos recibieron directamente del reparto del pastel del franquismo

En las oligarquías, el poder está repartido y ningún gobierno puede tomar decisiones para salvar al pueblo sin el permiso de las otras familias. Ese hecho recibe el nombre eufemístico de consensos; y es por ese motivo, y no solo por cobardía, por el que antes tienen que ir a mear todos juntos.

La conclusión es que el sistema partidocrático no solo afecta a nuestros bolsillos, nuestra falta de libertades colectivas, el control del poder desbocado y la ausencia de democracia real sino que esconde algo mucho más siniestro: puede afectar a nuestra seguridad. Con ello, el monstruo oligárquico enseña una nueva cabeza. Y para empeorar las cosas no se trata de un mal endémico en España, sino que quitando tres honrosas excepciones (Francia, Inglaterra, Suiza), afecta a toda la Comunidad Europea. Es por la democracia real que disfruta Francia que Hollande ha podido reaccionar para salvar al pueblo; y todo el pueblo, que lo ha elegido por mayoría, le apoya. De ahí su inmenso poder para resolver situaciones inmensas. El juego de mayorías no solo evita corrupciones sino que también también evita separatismos y el pueblo se halla mucho más unido como para que el patriotismo pueda emerger sin temor. En cambio todos los políticas nos venden la bicicleta del dialogo, pacto y consensos. Son las verdaderas armas de los Estados de Partidos incrustados en el Estado.

Mientras, como español, solo me siento con las libertades personales, que no colectivas, gracias a nuestros excelente cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado; mientras éstos consigan que los políticos no metan demasiado su zarpa y lo infecten todo como ya hicieron con los sindicatos, las Cajas de Ahorro, la financiación de los partidos y tantas otras cosas. No existe un solo partido que defienda nuestras libertades colectivas, es decir, políticas; todos conforman la deslealtad hacia la sociedad civil de las listas de partidos y repartos proporcionales. Ninguno tiene la decencia de, por lo menos, defender o proponer la representación, que sería el primer paso hacia la democracia. Y la representación se resume en el diputado de distrito uninominal con carácter imperativo y revocable.

En el juego de mayorías y minorías; no en el de los consensos entre familias oligárquicas, está la salvación de nuestra nación y de nuestra liberta. 

domingo, 1 de junio de 2014

Podemos..., acabar como en Venezuela


Fuente foto
El cóctel de los medios de comunicación dirigidos a una sociedad políticamente ignorante forman una mezcla tan explosiva como el nitrógeno y la glicerina. La nitroglicerina la podemos tomar como modelo por lo inestable que resulta en su estado natural. Ahora bien, igual que la nitroglicerina se puede estabilizar en forma de dinamitai con un sólido como las diatomeasii, la “nitroglicerina social” se puede estabilizar con instrucción política; con cultura política.


Desgraciadamente, la ecuación con la que vamos a jugar es:


Medios de Comunicación + Ignorancia política = Manipulación garantizada

La prueba está en que son las oligarquías mediáticas y no el pueblo quienes ponen gobiernos. La prueba está en los presidentes que hemos tenido que han aparecido día sí día también, de pronto, como por “generación espontánea” en las pantallas de TV, la radio y la prensa. Sirva como ejemplo un ZP, un perfecto desconocido hasta que nos lo metieron en casa varias veces al día por la caja tonta. Los medios ponen y quitan realidades a voluntad obedeciendo a intereses que se nos escapan pero que intuimos y podemos analizar e interpretar no por lo que nos dicen sino por nuestra propia experiencia cotidiana.


El impulso dado a Pablo Iglesias en todos los medios; tanto por los de derecha como los de izquierda (todos forman parte de la misma socialdemocracia) abren unas expectativas preocupantes para la clase media trabajadora, que es la que siempre queda vapuleada entre quien entre en el poder. Como siempre, por la boca muere el pez y existen lapsus de lenguaje en entrevistas o titulares que denuncian los posibles propósitos e intereses tanto de los políticos como de los medios. Ese lenguaje que se vislumbra entre lineas es lo verdaderamente interesante, del resto podemos prescindir. Veamos unos ejemplos sacados al azar, pero que me han llamado la atención y que parecen indicar hacia donde se dirigen las huellas: solo hay que rastrear un poco como un sabueso...


Iglesias dice que Podemos estaría listo para gobernar tras las elecciones generales”

La primera en la frente. Lo que confiesa Iglesias, pues, es su enorme ambición de poder, como lo pueda hacer Chacón, Rosa Díez, Rajoy y el resto.


"Hemos derrotado a los cínicos" ¿Qué concepto tiene este señor de la representación? El 7,97 % de un 45,84% de votantes es un 3,65% de votos. Por lo tanto ¿dónde está la derrota si no es para los abstencionistas? Si, esos que activamente no votaron porque el sistema no les representa y que serían los verdaderos ganadores por mayoría absoluta con un 54,16% de votantes en caso de haber democracia. Aquí, amigo mío, la única derrotada es la democracia.


Iglesias llama “cínicos” a todos los contrincantes políticos y marca una diferencia entre él mismo y “la casta” en diferentes declaraciones. He leído su programa y en muchos aspectos coincido, pero otros los veo como verdaderas cargas de profundidad contra las pocas libertades individuales que nos quedan. Si a la falta total de libertades colectivas ya le quitamos las individuales, a España no le va a quedar más que repetir un error que nadie quiere para solucionar los problemas. Mira por donde, sin que sirva de precedente, voy a coincidir en algo con unas declaraciones de Felipe González cuando afirmó que podríamos ir directos hacia una bolivarización.


Preocupantes no son las declaraciones del expresidente González sino la respuesta que recibe: “Felipe González ha quedado reducido a caricatura de sí mismo”. Menudo argumento intelectual para alguien que presume de currículo tan brillante. Bien, ha respondido eso..., pero lo malo es lo que no le escucho responder en ningún momento.


Ahí hubiera sido un buen momento para explicarle al Sr. González y a los españoles en qué consiste el cambio. Ahí hubiera sido un buen momento para argumentarle al expresidente que cuando Alfonso Guerraiii dijo que “Montesquieu había muerto” él contestaba que había que traerlo de nuevo a nuestras vidas.


Para nada menciona Pablo Iglesias sustituir la actual Constitución por su no separación de poderes estatales en manos del ejecutivo. Para nada menciona Pablo Iglesias que el poder legislativo y el judicial quedaron sometidos al poder ejecutivo, lo que garantizó a las oligarquías dominantes la total impunidad ante la corrupción, la malversación de fondos públicos, el nepotismo más absoluto y la prevaricación. Para nada mencionó Pablo Iglesias que ese salario de cuatro veces el salario mínimo que él se autoconcede no ha de ser decisión propia ni de su partido, sino que ha de ser tomada por un legislativo totalmente separado del ejecutivo. Pablo Iglesias ¿no acepta la partidocracia y no manifiesta querer cambiar esa situación? Podemos parece indicarnos que el cambio, en definitiva, vendría por la “honradez infusa” de todos los miembros de su partido y no por montar un sistema de separación de poderes. Y esa “honradez infusa” me la tengo que creer. Casta, señores, es no querer cambiar la situación. O es casta, o es ignorancia ¿Es que no hay ningún político en España, ningún catedrático, ningún periodista que explique que sin separación de poderes la corrupción del sistema está garantizada?


Veremos hasta la extenuación a un Pablo Iglesias sumado a las tertulias mencionando grandes verdades sobre medidas políticas erróneas; sobre lo que hace mal la partidocracia. Pero no nos explicará  toda la verdad: para luchar contra la corrupción del sistema es necesaria una constitución que garantice  la separación de poderes y la representación. En otras palabras: Podemos debería luchar por el diputado de distrito uninominal con mandato imperativo y revocable para legislar; y por que el ejecutivo no tuviese permiso ni para pisar el Congreso. Podemos lo que debería defender, si de verdad quiere el bien del pueblo, es que ambos poderes fuesen elegidos a doble vuelta y estar separados y vigilándose el uno al otro constantemente. Ese es el cambio que necesitamos y no medidas políticas, por buenas que parezcan;  porque las medidas políticas, suponiendo que se cumpliesen, han de cambiar lógicamente según quien detente el poder: el sistema es el que siempre permanece. Una constitución garantizando la más absoluta separación de poderes daría tranquilidad a las generaciones futuras, ya que la nuestra jamás ha conocido esa tranquilidad


Sin esas normas de juego que solo nos puede traer una democracia formal todo lo que dice Pablo Iglesias no deja de ser una ingenuidad, esa que los votantes ingenuos se creen con facilidad y que puede conducir a la bolivarización de la que acertadamente, por esta vez, habló Felipe.Por otra parte, no deja de ser infantil imaginar que una nación como España se puede gobernar mediante democracia directa. Esa locura solo tendrá un final: la oligarquía dirigente de Podemos se apoderará de la marca y el partido será uno de tantos partidos de izquierda como todos los demás.


Pero no me preocupa Pablo Iglesias sino que la oligarquía mediática, defendiendo siempre los intereses de su amo, promocione sistemáticamente cada día a Podemos. La casta no da puntada sin hilo..., y me pregunto si el movimiento de los “Indignados” no ha quedado, después de todo, como un medio a su servicio voluntaria o involuntariamente ¿Le interesaría a una parte de la casta un sistema como el Venezolano? ¿Le interesaría a una potencia extranjera que la corrupción aumentase de forma exponencial? Unas preguntas que aterran porque casi adivino las respuestas y no sabemos que sorpresas inesperadas nos pueden entre todos tener preparadas.

Vicente Jiménez
i Al estabilizar la nitroglicerina con diatomeas se consigue dinamita, un producto mucho más estable y el invento con el que Nobel amasó la inmensa fortuna de cuyos intereses se financian los premios que llevan su nombre.

iiAlga unicelular, que vive en el mar, en el agua dulce o en la tierra húmeda, y que tiene un caparazón silíceo formado por dos valvas de tamaño desigual.


iii ministro del gobierno presidido por Felipe González con mayoría absoluta

jueves, 3 de abril de 2014

Trevijano, democracia formal, mónada, representación y otros conceptos.




Cartel de uno de las conferencias de A.G.Trevijano
El pionero que ha difundido en España la idea de democracia formal es un erudito de la cultura, el derecho, el arte y la historia: A. G. Trevijano, quien distingue la democracia formal de otros sucedáneos y ha aportado unas mejoras sustanciales a la democracia verdadera. Según Trevijano, ya disponemos de suficiente perspectiva histórica y experiencia para corregir errores tomando como modelo democracias como la de EEUU, única nación que en principio cumple a rajatabla con los requisitos de democracia formal; y la quasi democracia de países como Francia, Inglaterra o Suiza. Tras una vida dedicada a la búsqueda y lucha por la libertad  colectiva (diferenciándose de la privada) Trevijano ha aportado al mundo la idea de democracia formal apoyándose en pautas científicas, históricas y filosóficas donde mejora grandes aciertos y corrige errores baśándose en estudios profundos unidos a su propia experiencia cerca del poder.

Pero Trevijano no se queda ahí al elevar la filosofía política al podio de la ciencia descubriendo la unidad democrática, o monada, que él fija en el distrito electoral y cuyo núcleo sería el colegio electoral. La mónada supera el concepto de unidad matemática, que se limita a compara magnitudes, ya que en la mónada se reproducen todos los elementos que representarían el total de la sociedad política, incluida la unidad de poder. Por lo tanto, la primera unidad de poder sería el colegio electoral, no la familia ni el individuo ni el ayuntamiento y mucho menos un partido político.

Trevijano define concretamente la democracia formal bajo tres presupuestos y dos normas; y esta síntesis no surge por generación espontánea sino al hilo de grandes pensadores: Aristóteles, Marsiglio de Padua, Occam, Maquiavelo, Hobbes, Locke sintetizado prácticamente por Jefferson y los padres de la Constitución Americana.

Para el trevijanismo (permítanme que acuñe el término) la democracia formal parte de tres presupuestos fundamentales:

Pueden participar todos los miembros del distrito electoral en las mismas condiciones de igualdad. Léase en esto los ciudadanos con derecho a voto por cuestiones de nacionalidad, edad, censo y edad legal.

El juego se traduce en la existencia de una sociedad política intermedia entre la sociedad civil y el Estado.
 

Sin una sociedad política intermedia que parta de la sociedad civil para ser uno de los controladores del Estado, la sociedad civil está huérfana ante el poder.

Las decisiones se toman por mayorías y minorías.

El trevijanimo distingue el consenso social del político. El social se traduciría en normas sociales consensuadas como la de asistir con corbata a ciertos actos o no ir desnudos por la calle. Ahora bien, apostar por el consenso político como forma de tomar decisiones en vez hacerlo a través de mayorías y minorías parte necesariamente las oligarquías que  orbitaban en torno a un dictador desaparecido, ya que las oligarquías se reparten todas las estructuras de poder del dictador ausente mediante consensos: se necesitan los unos a los otros, aunque se odien, para mantener el statu quo de privilegios heredados de la dictadura de la que partieron; y por ese motivo ningún presidente podrá jamás tomar verdaderas decisiones de Estado sin el permiso de todos los demás partidos. Sin consenso no hay decisiones y si alguien rompiese la baraja perjudicaría a todos los consensuados. Cuando hay que tomar una decisión de Estado hacen piña: por ejemplo, jamás se plantearán desmontar los 17 estaditos con sus respectivos super-hiperpagados mediocres presidentes, altos cargos, legión de paniaguados y pantagruélicas e incontrolables administraciones junto a medios de comunicación, universidades, cátedras a quienes se suman una legión de vividores de todo pelaje, ONG, artistas de salón y caviar; todos socialdemócratas devoradores de recursos y dinero público; en las antípodas de los intereses de la sociedad civil, que son quienes pagan el convite. Para muestra un botón, ¿por qué no se lleva a cabo una consulta plebiscitaria en la sociedad civil? Autonomías si /no, con las cuentas, pros y contras encima de la mesa contrastadas con otros modelos territoriales. En primer lugar, ningún presidente de una partidocracia tiene el poder para tomar esa decisión sin estar consensuada aunque tenga mayoría absoluta; y en segundo lugar, sin esa corrupción se desmoronaría un sistema que se sostiene por y gracias a la corrupción. Y para empeorar las cosas, Europa está apuntada a la misma forma de hacer.

¡Ah! Que habría conflictos. Pues miren, precisamente la democracia formal se basa en el conflicto permanente de la clase política. Son las oligarquías las que necesitan respirar el aire de los consensos: esa palabra, según apunta Trevijano, apareció por primera vez durante los pactos de la Moncloa y es un concepto político inexistente en el mundo anglosajón. Sintetizando el ciclo: dictadura >>oligarquía por consensos>>democracia

Ahora, vamos con las normas que aplicaremos a estos tres presupuestos:

Representación de la sociedad civil

Representar significa “estar presente por”. Los antiguos griegos jamás utilizaron esta idea porque ellos decidían no mediante la democracia formal que nos ocupa sino la directa; es decir, siendo el mismo ciudadano, sin representante alguno, el que tomaba las decisiones votando directamente. Montesquieu ya advirtió que donde se halla el representado no existe el representante. En cambio, los reyes medievales sí utilizaron representantes para imponer su poder, pero la representación del pueblo se atribuye a Marsiglio de Pádua (1270-1342). En su Dictio II del Defensor Pacis establece un paralelismo entre la representación espiritual y la secular. No entraremos en los problemas de oposición que tuvo con el Papa, pero sí nos interesa que inauguró una nueva forma de oposición al mismo. Influyó en las opiniones políticas de su gran amigo Guillermo de Occam (1280/1288 – 1349). Marsiglio mantuvo que el verdadero legislador debía estar constituido por la mayoría del pueblo; quienes incluso tenían el derecho a castigar al príncipe. Propuso una especie de soberanía popular a la Iglesia, incluyendo en ella a los laicos. Planteaba instaurar unos Consejos Locales cuya misión debía ser la elección de Consejos Generales. El Consejo General podría también excomulgar e interpretar las escrituras, y el papado no debía tener prerrogativas especiales. Occam no llegó a atreverse a tanto, pero desarrolló un método absolutamente democrático para elegir al Consejo General. Margsilio y Occam formaron un buen tándem abriendo camino hacia la representación y democracia formal. A nadie se le escapará el paralelismo entre la mónada del Consejo Local y distrito electoral, o de Consejo General y ejecutivo.

Trevijano resuelve las elecciones de la mónada distrito electoral bajo una serie de principios, como hizo para establecer la forma de democracia formal. Estos principios garantizan una proporcionalidad siempre directa: “candidaturas uninominales elegidas por mayoría absoluta, a doble vuelta y en circunscripciones pequeñas, deben cumplir los siguientes principios:

Similar numero de electores en cada circunscripción.

Cadidatura uninominal

Similar número de votos para ser elegido diputado.

Mandato imperativo del electorado.

Revocabilidad de la diputación en caso de deslealtad al mandato”.

La separación absoluta de poderes en todo momento.

El historiador griego Polibio (264–146 AC) no solo fue testigo del saqueo y destrucción de Cartago sino que durante el periodo de la república romana acompañó a Escipión a sus campañas de África e Hispania (estos romanos eran unos fachas, mira que llamarla Hispánia :-) y ya apuntó la separación de poderes en la que se basaría Montesquieu y estudió el efecto dominó que se originaba al finalizar las dictaduras: u otro dictador tomaba el poder por herencia como en el caso de Corea del Norte, o mediante un golpe de Estado), como cuando Claudio sucedió al emperador Calígula; o el poder del dictador se descomponía repartiéndose mediante un consenso entre las oligarquías cercanas al dictador junto a nuevos arribistas oportunistas; y éstas oligarquías, por último, pasaban a ser democracias. “En el periodo del consenso, lo que gana la oligarquía lo pierde el pueblo tal como demuestra la teoría de juegos”. Trevijano
El periodo del consenso resulta ser el más largo y estable ya que la dictadura tiene puesto un cronómetro desde el momento en que se crea. Todos hemos de morir, y el dictador tampoco se escapa a la muerte. El consenso en cambio no muere fácilmente ya que es un monstruo de muchas cabezas: cabezas que se reproducen de forma exponencial porque los intereses que representa a cada familia originan más cargos hereditarios y otra maraña de intereses político-financieros y de poder. Uno será el cabeza visible, pero hay que garantizar que todos entren el el reparto para no romper el consenso. Ese incremento en el reparto no es por creación de nuevas riquezas y meritocracia sino, como se verá en el siguiente punto, por empobrecimiento material, cultural y moral de la sociedad civil. Al afectar la movilidad social por el mérito inevitablemente refuerza la inmovilidad de castas.
Trevijano distingue cómo la guerra fría tuvo enormes consecuencias para Europa, y tener que acudir a la ayuda americana también le afectó dramáticamente para resolver los problemas en los que unos dirigentes incompetentes nos metieron, no supieron resolver y acabaron originando la II Gran Guerra: se romperían los tres presupuestos de la democracia y las dos normas por miedo a que la libertad política pudiese ser una puerta abierta al comunismo en Europa. En España, la dictadura hizo lo propio en la Transición no por miedo al comunismo, y miedo al ruido de sables (Trevijano lo explica como testigo de primera mano) ya que la guerra fría estaba moribunda, sino por miedo a la libertad, “redujo el juego a una competición entre partidos políticamente correctos (contra el presupuesto 1o), integrados en el Estado (contra el 2o) y en un consenso (contra el 3a). Por miedo al control de los electores, adoptó el sistema proporcional de listas. Y por miedo al control de la corrupción, no separó los poderes del Estado... Donde hay conflicto social no puede haber consenso. Una sociedad sin conflicto solo es imaginable en la utopía.”. Democracia formal y democracia material, 21 de mayo de 2006. Antonio García Trevijano
Su mensaje está empezando a calar en la sociedad y la oligarquía durará lo que tarde en calar del todo.


Vicente Jiménez


domingo, 5 de mayo de 2013

El día que las mujeres pasaron a la acción


Seguimos con más de lo mismo. Trápalas, ideólogos, doctrinarios y otras hierbas. Hoy he escuchado atentamente en uno de tantos programas debate desinformativos de esos que tan de moda se han puesto (ahora todos quieren inculcarnos cultura política) a un populista afirmando un montón de verdades como templos en TV. Era el prócer la sensatez y el sentido común personificado, y cualquiera podría caer prendado ante el dulce canto de unas verdades tan evidentes; como Doña Inés hizo a los pies de su donjuanesco seductor cuando le regaló el oído con las prendas que ella quería escuchar.

Las mujeres inventaron las manifestaciones
No es difícil acceder a lo que los ciudadanos quieren escuchar y seducirlos: sólo es necesario aplicar un poco de sensatez, psicología barata y sentido común; y si se quiere, utilizar material de campo de primera mano. Menos complicado para un populista sería recoger esa información bebiendo en las mismas fuentes grabadora en mano: Los mercados, las panaderías, las pescaderías y las tiendas serían, sin lugar a dudas, los mejores sitios para recabar información sobre lo que el pueblo quiere. De ahí viene el típico paseíto del político de turno, por el consabido mercado, hablando con las parientas y las pescaderas fingiendo interesarse por la la cesta de la compra en épocas de elecciones: una clara demostración de cara a la galería consistente en mezclarse con el pueblo en el lugar adecuado, hacerse la foto y recoger sus votos. Claro, que ahora deberían darse prisa en cazar una foto en el mercado porque las paradas están cada vez más vacías y dentro de poco no va a quedar nadie con quien retratarse; algo, que si los de la oposición son mínimamente inteligentes también pueden aprovechar para practicar un poco de demagogia en su campaña electoral. Sólo con limitarse a sacar una foto con el móvil, y comentar la imagen de por qué la parada del pescado está tan vacía sin nadie comprando, por ejemplo. O quizá lo propio sería presentarse en las colas de Cáritas y del paro a recoger opiniones, que es donde está la gente sufriendo. Aunque claro, vista la situación puede incluso ser un deporte de riesgo aparecer por esos lugares para la especie política. Será por eso que jamás hemos visto a ninguno de ellos en una cola del INEM.

En fin, en la plaza de abastecimiento es donde suelen ( o solían) estar las mujeres, realizando el milagro de la multiplicación de los panes y los peces, para aprovisionar la mesa de los suyos; allí es donde ellas hablan no de lo divino y lo humano, sino de lo concreto y lo real. De la supervivencia del día a día, que es lo importante; y lo que ningún político ni se imagina. Las plazas son lugares de ideas revolucionarias, y para muestra un botón: no olvidemos que las mujeres de París partieron muy cabreadas de un mercado en gran multitud y son las que inventaron esas marchas en columna que tan de moda están ahora y se llaman “manifas”. Hasta entonces, los hombres, cuando querían hacer la revolución se dedicaban a enrocarse en las barricadas, pero las mujeres pasaron de esas barricadas y no permitieron que sus hombres fuesen con ellas, para rabieta y oprobio de ellos, que se quedaron con los niños en brazo sin saber qué hacer. Es que estoy viendo las caras que se les debió quedar, a ellos. Son, en fin, esas mujeres de París cabreadas (por eso, los hombres no se atrevieron ni a rechistar) las que hartas de que sus hombres no hicieran nada y solo se dedicaran a hablar, y de que el rey Luis XVI tampoco hiciese nada y sólo se dedicara a hablar, ni la Convención hiciese nada y sólo se dedicara a hablar, ni nadie les arreglase los problemas de falta de abastecimiento de pan y alimentos, las que partiendo del gran mercado de París, y sin líderes ni nada y sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, tuvieron los redaños de ir en una multitudinaria columna, por primera vez en la historia, al mismísimo Palacio de Versalles; entrar hasta la cámara de la reina María Antonieta, coger a S.M por las orejas y obligar a toda la familia real a ir a vivir a las Tullerías, en plena etapa de gestación de la Revolución Francesa. Aquellas mujeres actuaron con una inocencia conmovedora porque el gran hambre que azotaba despiadadamente París, y a falta de pan, creyeron que si al panadero del Rey Luís XVI se lo llevaban junto a la familia Real a las Tullerías, habría pan para sus humildes mesas también; que es lo que a ellas les preocupaba. Ese sí fue un escrache, como dice ahora la socialdemocracia en connivencia con los medios:  no es que acosaran al Rey, no; es que se lo llevaron sí o sí junto a su familia desde Versalles a París. Y allí cerquita y controlados les obligaron a permanecer  para gozo de algunos y susto de muchos en la Convención. Claro, que sin quererlo, las mujeres consiguieron también que la Corte en pleno, con gran canguelo, huyeran como conejos a esconderse y dejara al pobre rey más solo que la una. Cuanto más lejos de donde estaba la revolución y esas mujeres tan revoltosas, mejor.

Volvamos a lo nuestro, estábamos recogiendo datos en la plaza de abastos o mercado o como lo llaméis, según la parte de España en la que viváis y después nos pasamos por los bares: otro buen lugar donde el demagogo podría recoger material de campo sobre qué le gustaría escuchar al pueblo. Ahí encontrará a los hombres, bueno... digamos que los bares están ahora tan vacíos como las tiendas en este país fantasma.

Es evidente que el demagogo no tendría problemas para difundir al pueblo, a gran escala, todo esa información; y además ésta sería verídica. Los serviles medios de comunicación los tendrán día sí, día también en sus pantallas y ondas en horas de mayor audiencia. Y otra cosa no serán, pero a prestidigitadores en el arte de la seducción de masas y hacernos llegar al oído lo que queremos escuchar, no les gana nadie... ¡Qué bien habla fulanito! ¡Hay que ver lo que nos dice menganito, ese sí que habla alto y claro! Pero habréis de reconocer que esos comentarios iniciales acaban siempre, pasadas las elecciones, con un: "son todos iguales... nunca dicen la verdad", etc, por parte nuestra. En fin, que ya nos la han colado otra vez. Y así llevamos 34 años; como quien dice nada.

¡Hombre! Me diréis. Tú lo que vas es de listo. ¿En qué te basas para decir que alguien es un demagogo? ¿Cómo lo has reconocido? Si fulanito dice verdades como soles.

En primer lugar, el tal fulanito no se sale jamás del guión principal que hemos escuchado durante estos últimos 34 años. El guión es que vivimos en una democracia y lo que hay que hacer es cambiar cosas en ella ¿Os fijáis? Cambiar cosas dentro de la democracia en la que vivimos. Pero, ¿qué es democracia para esa gente? Aceptan que estamos viviendo en una democracia y jamas se les ocurrirá mencionar nada acerca de lo que estamos es viviendo en una oligarquía de partidos. Esa es la única cuestión: la empezaron  y la siguen llamando democracia. He ahí el gran engaño. También está el falso ideólogo que nos puede venir por el otro extremo haciéndonos creer que hay mucha corrupción porque no se utilizan sistemas asamblearios. A estos demagogos de mentes ilusas e infantiles hay que explicarles algo sobre la ley de Hierro de los partidos políticos, un principio universal según el cual no puede existir un partido sin una oligarquía administrativa que lo lidere: dentro de un partido de masas no puede  haber democracia, en uno pequeño que no cuenta para nada sí puede haberla; pero al hacerse grande ya resulta imposible.

Y así, aceptando esta oligarquía y llamándola democracia el populista nos intentará convencer de que el partido contrario lo hace mal y hay que hacer las cosas de otra manera: No gastar tanto en esto o en lo otro, gastar más en sanidad, educación y afirmarán lo inimaginable; como lo que he llegado a escuchar hoy: a uno diciendo que los políticos no tiene por qué cobrar nada, y que tampoco necesitan gastar en asesores al disponer de toda una estructura de expertos funcionarios en el poder ejecutivo que les hace el trabajo burocrático ¿Os fijáis en el canto de sirena? Que los políticos no cobren. En cambio, yo me conformaría en primer lugar y lo más importante con que nuestros representantes fuesen representantes nuestros, que ni eso (representan a su partido y sirven a su jefe de partido). Me conformaría con que propusieran las leyes, pero no legislaran. El poder coercitivo de las leyes debería residir en una Cámara Legislativa, nunca debería partir, como ahora, del Congreso de Diputados, cuya función debería limitarse a proponer leyes; y que después de idas y vueltas de esa ley entre una cámara y la otra al final la Legislativa la aprobara y la ley saliese reflejada en un Boletín Oficial de la Nación. Me conformaría con que nos dijesen que el Estado no puede legislar, como ocurre ahora; por eso no puede haber nunca un Boletín Oficial del Estado. ¿Cómo va el Estado a legislar? Eso es un disparate. Eso es lo que hacía Franco. Eso es poner al zorro a vigilar a las gallinas. En fin: reconozco al populista no por lo que dice, sino por lo que no dice. Es así de simple: los reconoceremos por lo que no nos dicen.
Vicente Jiménez

La parte histórica ha sido obtenida de programas de radio de RLC http://www.diariorc.com/


martes, 2 de octubre de 2012

El genio que concedió un deseo


 Revisado en julio 2014
Imagina que te encuentras una lámpara, la frotas y te sale un genio de ella ...
El genio en agradecimiento por haberle liberado te garantiza un deseo, pero que eso de elegirlo tú ni hablar. Que el deseo lo impone él, que es quien hace el truco y pone el trabajo.
Y tú flipando..., no porque se te haya aparecido un genio así por la buenas sino porque a ti el cuento te lo explicaron de otra forma: los deseos ¿no eran tres y además se elegían personalmente? Pero, ¡en fin!, como a caballo regalado no le mires el diente te conformas y antes de que el susodicho genio cambie de opinión le preguntas qué deseo piensa concederte.

Todo el mundo votará lo mismo que tú elijas y cuando lo escribas en esta papeleta se hará realidad en las próximas elecciones.

Y el genio se desvanece y te quedas con una papeleta en blanco en la mano y cara de perplejidad.

Así, después de frotarte bien los ojos y pellizcarte por si estuvieses durmiendo intentas preguntar al genio qué clase de deseo era ese y qué provecho podías a sacarle a que todo el mundo votase lo mismo que tú en las próximas elecciones. Al fin y al cabo, si fueras un político te pondrías las botas, pero como persona relativamente ajena al tema la recompensa no parecía ser gran cosa. Más, teniendo en cuenta que a quien pusieses en la papeleta ya habría elegido a los diputados que representan a ese jefe de partido y no a tí, y que luego esos que él ha elegido lo elegirán a él como Presidente de la nación en un acto mágico de transmutación que maravilla a propios y extraños. Bueno no, aquí no nos maravillamos de nada. Si nos creemos es transmutación también podemos creernos lo del genio, ¿o no?

Aunque luego te pones a cavilar y te sientes algo tentado de obtenerle un poco de partido al regalo del genio. Claro que, por otro lado, los principios te dicen que tiene que haber algo muy siniestro en eso de manipular a la gente para que se crea aquello con lo que de otra manera jamás habrían tragado. Y peor todavía, les prives de la oportunidad de elegir, lo que sea, libremente. Una cosa sería convencerlos razonando con ellos, pero otra muy distinta es quitarles toda opción de libertad de pensamiento y en consecuencia de elección. Pero al final piensas que como tampoco pueden elegir pues el partido ya pertenece al Estado como todos, pues no pasa nada si montas una subasta para vender la papeleta al mejor postor. Ay amigo, ya te ha atrapado el sistema oligárquico de partidos..., te sumas a la corrupción y colaboras con ella como cualquier otro.

Pero para rizar el rizo y  empeorar las cosas, lo que me van a plantear es si quiero seguir siendo del país en el que nací o quiero pertenecer a otro que está por parir. Yo desde luego, tengo claro que a estas alturas de mi vida deseo seguir en el mismo país en el que nací. Eso sí, me gustaría que rigiesen las normas de la democracia formal pero no, no y no a cambiar de nación con otra transmutación mágica. Primero porque me siento así; después porque, por lo poco que me he ido enterando, parece que me prometen el oro y desde luego me darán el moro en mi nueva posible patria. Lo del oro lo cantan al unísono todos los periódicos que puedo comprar en el kiosko de la esquina. Y así voy cavilando también en lo que he podido informarme por otras fuentes no adscritas a los canales oficiales del gobierno de donde vivo. Por ejemplo, unos tipos que antes no conocía pero que últimamente se han hecho famosos por otros motivos nada algüeños, a quienes también desconocía antes de la crisis, como la prima de riesgo y todo eso; y que se llaman Standard & Poor's han bajado esta tierra en la que me ha tocado vivir de la categoría 'BB/B' de 'BBB-/A-3'. ¡Humm, Malum signum “Malum signum
Liebre huye, galgos la siguen” como decía Don Quijote. Y la cosa pinta peor cuando leo que S&P dice que modificar nuestra relación con el gobierno central puede deteriorar nuestra liquidez y un montón de cosas más que intuyo, porque no soy economista, no son nada buenas. Esas liebres seguidas por los galgos quijotescos son la miseria, el hambre y la perpetuación de una casta totalitaria, oligárquica y más voraz todavía. También me llaman la atención ciertos términos que emplean como que la falta de “coordinación” entre la “región” donde vivo y el Estado Español nos deteriorá la economía, cuando casi ni siquiera veo que haya buena relación.

En fin, que la dicotomía entre lo que me dicen los medios de comunicación en donde vivo, sin excepción, y lo que puedo rascar por otros sitios es total.

Por lo tanto, empiezo a preguntarme si el genio no se le habría presentado antes que a mí a algún político de por aquí y le habría ofrecido el mismo trato hace, por lo menos, treinta y dos años. Puede que la papeleta hubiera sido escrita ya hace tiempo y este señor proyectó su anhelo por la magia del genio en todos los periódicos y medios de comunicación para que así se sustanciara el truco poco a poco. Puede que, como humo, haya sido inspirado hasta en el último alvéolo pulmonar de los que se fueron a instruir en los colegios, en los institutos y en las universidades. Puede que las asociaciones culturales, los anuncios en la calle y que todo un miniuniverso haya estado cantando a coro la misma melodía, los mismos mantras, las mismas canciones sagradas ...

Y entonces me di cuenta de una terrible posibilidad, de que la razón podría ser ignorancia e incultura política de un pueblo borreguero en estado puro y por tanto su fundamento sería poco realista, nada práctico. Que el idealismo no tendría ni un atisbo de verdad y mucho de locura. Que lo realmente importante, el gran deseo que otorgaba el genio era la eficacia. Y la eficacia en el mundo de la política nada tendría que ver con la razón, tendría que ver con la emoción. El cerebro político sería el cerebro emocional, el que te hace sentir bien. Y como aquí la razón no cuenta pues procuras agarrarte a todo aquello que coincide y desechar lo que no.

Así, que para racionalizar mi sueño quemé el papel que me había dado el genio. Puede que me precipitase pero no se me ocurrió otra cosa en ese momento. Eso sí, como vuelva a ver al genio otra vez le diré que el deseo lo pido yo y que será que se vote más con la cabeza y menos con el corazón. A ver si así nos va mejor...
Vicente Jiménez

lunes, 13 de agosto de 2012

Ni rey ni oligarquías ni chusmocracia


Entrada revisada 26 jun 2014
En cierta ocasión escuche a un senador de los Estados Unidos argumentar un resumen muy simple y sencillo del tipo de gobierno de su país. Cuando los padres de la patria -vino a decir- después de expulsar a los ingleses se reunieron para ver qué se podía hacer con todo aquel lío, refiriéndose al momento después de haber ganado la Guerra de Independencia contra los ingleses, vieron que las formas de gobierno que se conocían hasta entonces eran todas imperfectas y un absoluto fracaso: el gobierno en poder de uno solo (el rey) no les servía, porque precisamente habían estado luchando contra la tiranía del monarca Jorge IV. Por lo tanto, darle el poder a una sola persona quedaba descartado. El poder en manos de unos cuantos (oligarquía) tampoco les ofrecía garantías, porque unos cuantos parlamentarios en Inglaterra les habían causado los problemas de los impuestos abusivos sin representación contra los que habían estado precisamente luchando, así que descartaron también esa opción. Y el poder en manos de muchos tampoco les gustaba, porque una chusma manipulada por demagogos había crucificado a Jesucristo, y de eso tampoco se podían fiar. El poder en manos de todos podía derivar fácilmente a una chusmocracia, y así lo exponía claramente la Biblia. Esas eran las formas de gobierno posibles conocidas que habían estado funcionando hasta 1776 y fueron discutiendo y dándole vueltas para ver qué tipo de gobierno iban a implantar. Por fin dieron con la solución:

Así que lo que hicieron fue coger a esos tres poderes y meterlos a todos en la misma olla, de forma que se estuviesen siempre controlando entre ellos y en perpetua tensión. Para mantener la tensión pusieron a un presidente (poder en manos de uno) instauraron un senado (poder en manos de varios) y un congreso (poder en manos de todos). Esa fue la solución: no fiarse los unos de los otros, darles a cada uno unos poderes específicos para que pudiesen vigilarse constantemente y que ninguno tuviera la más mínima posibilidad de instaurar una tiranía, maquillada de democracia (o rex publica como la llamaron al principio) o no. Control, control y más control entre ellos, tensión, tensión y más tensión entre ellos para que ante un intento de abuso de poder, tuviese o no éxito, la impunidad fuese igual a cero y las aguas volviesen a su cauce. De esta forma tan sencilla simplificó ese senador el nacimiento de la primera democracia constitucional que tuvo éxito en el mundo.
Vicente Jiménez