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jueves, 2 de julio de 2015

Dulce et decorum est vía @Redblogscomp Somos #RED



Dulce et decorum est de Wilfred Owen influyó en el pensamiento
occidental de forma determinante tras la finalización de la primera gran guerra. A lo largo de ese infierno, un Lenin estaba refugiado en Suiza mientras obreros alemanes e ingleses se despedazaban unos a otros en las trincheras. Eran aquellas trincheras enfangadas, húmedas, infectadas de parásitos, hediondas y productoras en serie de enfermedad, sufrimiento y muerte mucho antes de que cayeran los temidos obuses, silbaran las balas y el gas mostaza extendiera la peor de las muertes imaginable. De este dantesco espectáculo nos hicieron partícipes los poemas de un Owen testigo de primera mano, que lo sufrió en sus carnes. Entre tanto, las oligarquías planeaban el escenario del infierno cómodos en la retaguardia sin ni una privación.

Eran esas mismas trincheras donde una legión de obreros de uno y otro bando compartían espacio con las innumerables ratas, pulgas, liendres, piojos y enfermedades que campaban por sus respetos. Eran esos mismos gases mostaza que reventaban los ojos y los pulmones de los obreros de uno y otro bando. 

Mientras, Lenin no daba crédito a sus ojos: el pobre creyó que los obreros ingleses y alemanes jamás se dispararían entre sí, después de aquel “trabajadores de todo el mundo uníos en la lucha”. Claro que él se refería a otro tipo de lucha y por otros motivos. El manifiesto comunista cayó hecho pedazos para un Lenin consciente de su primer gran fracaso.

Yo acusaría a Tsipras y su panda de esa misma inocencia de la que hizo gala Lenin si los creyera inocentes. Yo acusaría de la misma inocencia a la Troika y su panda, si los creyera inocentes. Dicen los de un lado de esta caterva de criminales, tan criminales como los que enterraron a aquellos miles de obreros en el infecto cieno de las trincheras, que consultarán al pueblo qué hacer tras su enorme fracaso. Esa consulta equivale a cavar una trinchera de miseria y echarlos a todos adentro pues ¿no habéis sido vosotros los que prometíais henchidos de populismo que el maná era posible sin esfuerzo alguno? Y ese fracaso, evidente, calculado y cantado con el único objetivo de conseguir el poder por el poder tienen el cinismo de taparlo con una consulta realizada a los que crédulamente los eligieron esperando que cumplieran sus promesas. ¡Ay amigos! A conseguir el poder por el poder se le llama fascismo: así de simple. No existe peor crimen que disfrazar una dictadura de democracia.

Dice esa caterva financiera del otro lado que hay que pagar una deuda; deuda que estaba calculada, constituía un fracaso moral y cuyo resultado final estaba también tan cantado como el de los populistas. A conseguir la riqueza por la riqueza se le llama avaricia. Tan pecado capital resulta lo uno como el otro. Tan repugnante a toda decencia es avariciar el poder por el poder como la riqueza por la riqueza.

No existe en toda una Europa liderada por socialdemócratas, ni ahora tampoco en unos EE UU gobernados por un socialdemócrata un solo hombre de estado, y es posible que si apareciese uno de verdad lo eliminarían como a Lincoln. Ni los de un lado ni los del otro, ni troikistas ni populsitas mencionarán jamás lo que constituye para ellos la verdadera bestia negra, porque para ambos el pueblo, esa sociedad civil carece de importancia alguna. Ninguno de ellos utilizará los medios de comunicación que ellos mismos controlan para mencionar ni una sola palabra sobre la libertad del pueblo. Libertad para tomar decisiones, libertad para equivocarse, enmendar y al final acertar. Preguntaron a Lincoln cómo iba a darles la libertad a los negros si no iban a saber qué hacer con ella, y éste respondió: “cuando la tengan veremos...”  Bien, pues cuando la sociedad civil tenga la libertad colectiva veremos qué hace con ella.

viernes, 7 de febrero de 2014

Una pendiente resbaladiza hacia el absolutismo



El estado de excepción o de emergencia es el estado natural de la política. Carl Schmitt

Puede que jamás te lo hays planteado, porque tampoco había por qué hacerlo - excepto si fueses un político: entonces, tu deber sería leer este ensayo, por lo menos, si no la obra completa: nunca un librito anónimo de unas 100 cuartillas tuvo el alcance de cambiar el mundo como el Segundo Tratado de Locke, (del que ya hemos hablado). Sin decantarse por ninguno en concreto, lo que Locke sí tenía claro es que fuese el tipo de gobierno que fuese, éste debía estar embridado mediante un sistema que bautizó como gobierno constitucional o gobierno limitado: había que poner límites al poder para que el poder no resbalase peligrosamente hacia el absolutismo, algo hacia lo que el poder tiene una tendencia natural. El poder... ¡Ay el poder!... el poder es como una resbaladiza pendiente de hielo: si te subes en ella, seguro que tiendes a acelerar pendiente abajo en inevitable caída, mal que te pese, y tus mejores propósitos de mantenerte en el equilibrio de la virtud y la honradez acaban por el suelo. Si encima, no estás solo al borde del precipicio, sino que tienes gente alrededor que te da un empujoncito ya parecerás un esquiador, ejem... sin mirar ni señalar a nadie; de verdad, es que lo del esquiador me ha salido así. Mal asunto esos nuevos partidos (los viejos ya no van a cambiar) si no se dan cuenta de que con solo buenas intenciones, si alcanzan el poder sin leer a Locke, mal lo vamos a seguir teniendo la sociedad civil: por eso de la pendiente resbaladiza.
Así que, al igual que Montesquieu, tenemos a un Locke preocupado no solo por separar los poderes sino por enfrentarlos y limitarlos, ya que vimos que solo el poder puede oponerse al poder. Pero es que nuestro amigo da un nuevo paso en la evolución de la democracia representativa y parte de un poder al que ha de subordinarse el otro: el ejecutivo (gobierno) debe tener un jefe y este jefe es el legislativo nada menos.
¿Y de quién depende el legislativo? De la sociedad civil, que escoge a sus representantes... Locke defiende ese inmenso poder de la sociedad civil, aunque fuese después luego Lincoln quien lo explicitara en su famoso discurso de Gettirgurg del “gobierno del pueblo y para el pueblo”.

Así que el circuito es simple: los representantes están presentes por ti y recogen lo que la mayoría decide. Eso luego se traduce en leyes y el gobierno es el encargado de hacer cumplir esas leyes con todo el poder y el aparato del Estado. Solo hay una democracia representativa y es esta: si os dicen que existen varios tipos de democracia o son ignorantes o trileros: os están mintiendo. Y ya me curo en salud, no me vengan con las teorías liberales de John Rawl.

Pero Locke se da cuenta de que la cosa no es tan sencilla, como hemos argumentado hasta ahora, porque por mucho que seamos capaces de prever las cosas los legisladores no tienen una bola de cristal como Harry Potter, y nos podemos encontrar en muchas situaciones no previstas por esas leyes. La cuestión es que, a veces, hay que resolver un problema muy gordo para la nación y alguien tiene que hacer el trabajo sucio: por ejemplo decidir sobre una guerra o eliminar de un plumazo los desmanes de una casta parasitaria, que para eso los ciudadanos han votado (que no elegido) a un presidente (algo es algo); porque para poder elegir tiene que haber democracia, claro.
W. Churchill Fuente Wilkipedia
 

Ahí es cuando aparece el verdadero hombre de Estado, como lo fueron un Churchill o un de Gaulle. En estados de excepción, desastres naturales o digamos un país arruinado digamos porque un presidente puede haber  regalado alegremente todo el dinero público “que no era de nadie” (ya lo creo que fue de alguien); y todos los presidentes durante 35 años que permitieron barra libre para que algunos políticos y “sindicalistos” empozoñasen como vívoras unas cajas de ahorro fagocitando unos Consejos de Administración corrompidos hasta la médula, y que hasta que llegaron ellos habían ido funcionando ejemplarmente, más bien que mal, o una sanidad que hasta que llegaron los políticos también fue la envidia del mundo, como me lo expresó un amigo americano que se quedó flipando con nuestro sistema cuando su hijo sufrió un accidente en una visita a España y le diagnosticaron un cáncer. Al pasar unas pruebas rutinarias que, según me dijo, su seguro no hubiese cubierto. Evidentemente, al cogerse la enfermedad a tiempo afortunadamente se salvó. Tuvo la suerte de accidentarse en España antes de que los políticos arrasaran...

Echo de menos al hombre de Estado a quien se votó en esta dictadura de partidos y que pudo declarar el estado de excepción por el desastroso gobierno anterior, y también por todos los anteriores; que jamás le dieron el poder al pueblo ya que de haberlo hecho nada de esto habría pasado. Echo de menos al hombre de Estado a quien se votó (repito, no se eligió) con una mayoría absoluta para que tomase decisiones de estado; y pudo tomar decisiones de Estado por la situación que ese mismo presidente “confesó mucho peor de lo que se imaginaba” en su discurso inaugural. Echo de menos a ese hombre de estado que debió y pudo derrumbar las corruptas autonomías mediante un plebiscito junto a todo su ruinosos gasto con las cosas bien explicadas. Esas descomunales, inútiles y superfluas 17 autonomías; por decir algo, o dar una solución que no fuese machacar con vergonzosos recortes a los que no tienen voz, a la sociedad civil de siempre. 

Evidentemente nuestros político no leyeron no digamos inteligentemente, sino simplemente leyeron a Locke. De haberlo hecho no tendrían perdón de Dios por sus pecados contra la sociedad civil. Por dejarnos indefensos ante un poder que parece haberse mantenido por y para la corrupción: el de los sindicatos, las fundaciones, los 17 gobiernos que mantenemos más el central, la duplicidad de burocracia que nadie cumple porque el uno por el otro y la casa sin barrer... y que ya han demostrado no acercar la administración al ciudadanos, sino acercar nuestro dinero a los corruptos. Nos lo vendieron cuando inocentemente esta España narcotizada recién salida del franquismo tuvo que votar (que tampoco elegir) esta partidocracia. En realidad, hemos votado pero jamás de los jamases hemos elegido. Así que amigos del extranjero que me leéis, cuidado con lo que firmáis porque mira nosotros. A ver cómo salimos de ésta.
Vicente Jiménez
Miembro de la red de Blogs Somos #RED

jueves, 31 de octubre de 2013

Que el poder frene al poder


EL PRINCIPIO DE LA SEPARACIÓN DE PODERES Y LA REPRESENTACIÓN

«Sería una tentación demasiado fuerte para la debilidad humana, que tiene tendencia a aferrarse al poder, confiar la tarea de ejecutar las leyes a las mismas personas que tienen la misión de hacerlas.» John Locke



Recordemos la última reunión de la Comunidad de Propietarios. Es lo que se acerca a un sistema asambleario. ¿Fue fácil ponerse de acuerdo? Ahora imaginemos una asamblea de todos los vecinos de una población de veinte mil habitantes intentando tomar decisiones ejecutivas por medio de una asamblea...



Los sindicatos y a los que les gusta etiquetarse de “izquierdas” se sienten como pez en el agua dentro de los sistema asamblearios: si bien es cierto que son una forma de democracia directa, también es cierto que lo dominan bien porque son expertos en manipular incluso grandes concentraciones. Ya tienen montados sus grupos de presión que pueden ridiculizar una propuesta verdaderamente interesante, pero que vaya en contra de sus intenciones. Utilizan el escarnio descarnado, mofas y risas o gritos en contra; silban o aplauden a rabiar cuando se propone y sale lo que ellos quieren. ¿Quién no los ha visto actuar en las fábricas, las asambleas de estudiantes, de profesores? Especialmente en las de estudiantes y fábricas aparecen por generación espontánea grupos de los más variopinto a quienes nadie ha visto nunca pulular por la facultad, el instituto o la fábrica. En seguida se localizan dónde están distribuidos las pequeñas camarillas de presión que asienten ante las consignas, niegan con gestos de desaprobación e incluso dejan interpretar actitudes violentas cuando el viento no les es favorable. Los sistemas asamblearios de democracia directa funcionan bien en ciertas circunstancias y condiciones, pero no siempre son la panacea de la democracia y mucho menos para gobernar un país. Los atenienses corregían estos desmanes ejecutando en el acto a quien localizaban  sin tener derecho a estar en la asamblea.



Veremos un extracto de quien lideró un avance gigantesco intelectual en la concepción teórica de la democracia; esa que deberíamos tener nosotros. La joya que vamos a leer nos da una idea general del conjunto; espero haber elegido bien... y hay que situarla en su época histórica: 1689-1755; de modo que nos encontraremos con los conceptos de la época. Así cuando, por ejemplo, menciona a un rey con el poder ejecutivo, nosotros, a partir de la Revolución de Independencia de EEUU podemos sustituirlo por un presidente. Cuando habla del cuerpo de nobles en EEUU lo sustituyeron por el Senado, y los representantes del pueblo podemos tomar como ejemplo a los representantes de cualquier distrito electoral en Inglaterra. Pero observad la forma tan inteligente, casi de mecánica Newtoniana a la hora de poner pesos y contrapesos al poder para conseguir el equilibrio perfecto: nada queda al azar. Y sobre todo, observad si se ha viciado o no lo más elemental de estas normas en nuestra partidocracia o Estado de Partidos. Las normas que leeréis no son invención mía, son las de un genio y no pertenecen a ninguna ideología. No existe en estos momento mejor reglamento para embridar al poder...

«Es una experiencia eterna que todo hombre que tiene poder tiende a abusar de él: llega hasta donde encuentra límites. Para que no se pueda abusar del poder es preciso que por la disposición de las cosas el poder frene al poder»

.../...
 

“Como en un Estado libre todo hombre debe estar gobernado por sí mismo, sería necesario que el pueblo en masa tuviera el poder legislativo: pero siendo esto imposible en los Grandes Estados y teniendo muchos inconvenientes en los pequeños, es menester que el pueblo haga por medio de sus representantes lo que elegirían hacer por sí mismo.



Se conocen mucho mejor las necesidades de la ciudad en que se vive que las de otras ciudades, y se juzga mejor la capacidad de los convecinos que la de la de los demás compatriotas. Importa pues que los individuos del cuerpo legislativo no se saquen en general del cuerpo de la nación; lo conveniente es que cada lugar tenga su representante, elegido por los habitantes del lugar. La mayor ventaja de las representaciones electivas en que los representantes son capaces de discutir las cuestiones. El pueblo no es capaz; y éste es, precisamente, uno de los mayores inconvenientes de la democraciai 


Hay siempre en un Estado gentes distinguidas, sea por su cuna, por sus riquezas o por sus funciones; si se confundiera entre el pueblo y no tuviera más que un voto como todos los demás, la libertad común sería la esclavitud para ellas; esas gentes no tendrían ningún interés en ofenderla, porque la mayor parte de las resoluciones les parecerían perjudiciales. Así la parte que tengan en la obra legislativa debe ser proporcionada a su representación en el Estado, a sus funciones, a su categoría; de este modo llegan a formar un cuerpo que tiene derecho a detener las empresas populares, como el pueblo tiene derecho a contener las suyas.(Contrapone el legislativo al ejecutivo)



Esto quiere decir que el poder legislativo debe confiarse a un cuerpo de nobles, al mismo tiempo que a otro elegido para representar al pueblo. (Esto se tradujo en Congreso y Senado en EEUU)



Ambos cuerpos celebrarán sus asambleas y tendrán sus debates separadamente, porque tienen miras diferentes y sus intereses son distintos.



De los tres poderes de que hemos hecho mención, el de juzgar es casi nulo ii.



Quedan dos: el legislativo y el ejecutivo. Y como los dos tienen necesidad de un fuerte poder moderador, servirá para este efecto la parte del poder legislativo compuesta de aristócratas.



Llamo facultad de estatuir al derecho de legislar por sí mismo o de corregir lo que haya ordenado otros. Llamo facultad de impedir al derecho de anular una resolución tomada por cualquiera otro: éste era el poder de los tribunos de Roma.



Aunque el que tiene el derecho de impedir puede tener también el derecho de aprobar, esta aprobación no es otra cosa que una declaración de que no usa de su facultad de impedir, la cual declaración se deriva de la misma facultad.



El supremo poder ejecutor debe estar en las manos de un monarca, (en nuestro caso, un presidente) por ser una función de gobierno que exige casi siempre una acción momentánea y está mejor desempeñada por uno que por varios; en cambio lo que depende del poder legislativo lo hacen mejor algunos que uno solo. Si hubiera monarca, y el poder supremo ejecutor se le confiare a cierto número de personas pertenecientes al cuerpo legislativo, la libertad desaparecería; porque estarían unidos los dos poderes, puesto que las mismas personas tendrían parte en los dos. (Ejem...)



Si el cuerpo legislativo estuviera una larga temporada sin reunirse, tampoco habría libertad; porque, una de dos: o no habría ninguna resolución legislativa, cayendo el Estado en la anarquía, o las resoluciones de carácter legislativo serían tomadas por el poder ejecutor, resultando entonces el absolutismo.



Sería inútil que el cuerpo legislativo estuviera en asamblea permanente; además de que sería molesto para los representantes, daría mucho trabajo al poder ejecutivo, que no pensaría en ejecutar, sino en defender sus prerrogativas y el derecho a ejecutar.



Añádase que, si el cuerpo legislativo estuviera continuamente reunido, pudiera suceder que no se ocupara más que en suplir con nuevos diputados los puestos vacantes de los que murieran; y en tal caso, bastaría que el cuerpo legislativo se corrompiera un poco para que el mal ya no tuviese remedio. Cuando los cuerpos legislativos se van sucediendo unos a otros, el pueblo que tenga mal concepto del que está en funciones se consolará con la esperanza de que sea mejor el que siga; pero si siempre es el mismo, el pueblo que se ha visto una vez su corrupción ya no espera nada de sus leyes; o se enfurecerá, o acabara por caer en la indolencia.



El cuerpo legislativo no debe reunirse por sí mismo, sino cuando es convocado; porque se supone que cuando no está reunido carece de voluntad; y bastaría que no se reuniera todo por impulso unánime para que no se supiera si el verdadero cuerpo legislativo era la parte reunida o la que no se reuniera. Ni ha de tener el derecho de disolverse él mismo, porque podría ocurrir que no se disolviera nunca: lo que sería peligroso, en el caso de que quisiera atentar contra el poder ejecutivo.



Por otra parte, en unos tiempos en más oportuna que en otros la reunión de la asamblea legislativa: de suerte debe ser el poder ejecutivo quien convoque la asamblea y suspenda sus deliberaciones, con arreglo a circunstancia que debe conocer.



Si el poder ejecutivo no tiene el derecho de contener los intentos del legislativo, éste será un poder despótico, porque pudiendo atribuirse toda facultad que se le antoje, anulará todos los demás poderes.



Pero no conviene la recíproca; el poder legislativo no debe tener la facultad de poner trabas al ejecutivo, porque la ejecución tiene sus límites en su naturaleza y es inútil limitarla: por otra parte, el poder ejecutor se ejerce siempre en cosas momentáneas. Y el poder de los tribunales de Roma era vicioso, porque no se paraba solamente en la legislación, sino que se extendía a la ejecución, de lo que resultaban grandes males... Charles Louis de Secondat, Señor de la Brède y Barón de Montesquie, El Espíritu de las Leyes, Cap VI
Vicente Jiménez 

 
i Es evidente que se refiere a la democracia directa de los Atenienses
ii  La concepción de un poder verdaderamente independiente correspondeal poder judicial. Se trata en cierta forma de un poder «nulo», pues no representan una clase social independiente; representan a todos y a ninguno. El poder judicial será, por consiguiente, totalmente ajeno de los intereses de clase del Estado. Este énfasis de Montesquieu sobre la independencia judicial

martes, 22 de octubre de 2013

LEVIATÁN ¿por qué no lo leyeron?


La felicidad es un continuo progreso de los deseos, de un objeto a otro, ya que la consecución del primero no es otra casa sino un camino para realizar otro ulterior. La causa de ello es que el objeto de los deseos humanos no es gozar una vez solamente, y por un instante, sino asegurar para siempre la vía del deseo futuro. Por consiguiente, las acciones voluntarias e inclinaciones de todos los hombres tienden no solamente a procurar, sino, también, a asegurar una vida feliz; difieren tan sólo en el modo como parcialmente surgen de la diversidad de las pasiones en hombres diversos; en parte, también, de la diferencia de costumbres o de la opinión que cada uno tiene de las causas
que producen el efecto deseado.

Un incesante afán de poder en todos los hombres. De este modo señalo, en primer lugar, como inclinación general de la humanidad entera, un perpetuo e incesante afán de poder, que cesa solamente con la muerte. CAPITULO XI, DE LA DIFERENCIA DE "MANERAS", Leviatán. Thomas Hobbes.
 Un tema que Aristóteles jamás se hubiese planteado: la felicidad como un ansia y capacidad no de imitar a la naturaleza sino de transformarla. La concepción de "poder", para Hobbes, no se limitaba al "poder político absoluto" de reyes y gobernantes sino al poder de dominio sobre la Naturaleza. Esa idea sería recogida para adornar las mansiones inglesas los palacios europeos desde finales del s XVII: los parques y jardines han sustituido a los bosques salvajes rodeando mansiones y palacios.  Edad de la razón significa la aplicación de las matemáticas y la ciencia para domar la naturaleza: árboles dispuestos en hileras simétricas, figuras geométricas dividiendo grandes espacios de verde césped, composición de flores perfectamente alineadas y combinadas... Aunque los jardines ingleses y franceses difiriesen en estilos, la idea Hobbiana  transformadora de la naturaleza fue la impulsora; no la única, pero impulsora. A eso se le llamo la Edad de la Razón. Ya estamos enfocando la revolución científica e industrial que habría de venir dentro de doscientos años..

../..


Un profesor de ciencia política dijo una vez:

- Si Maquiavelo hubiese sido Sherlock Holmes, Thomas Hobbes habría tomado el papel de Watson.


En la concepción teórica sobre los Estados modernos hay que partir del tándem Maquiavelo-Hobbes. Si Maquiavelo dejó despejado de arbustos medievales el terreno para llegar a la idea de Estado moderno fue Hobbes quien diseñó la ciudad que se construiría sobre ese terreno.

Thomas Hobbes abandona la concepción aristotélica del hombre cuya felicidad sólo se alcanza como animal político en una ciudad que obtiene la perfección por medio de la virtud de quienes la habitan y le da la vuelta a la tortilla:

No se trata de conseguir ciudades perfectas como proponía Aristóteles ni nada por el estilo. Todo eso son utopías: se trata de evitar que ocurran cosas malas.... así que si Maquiavelo se atrevió sin contemplaciones a separar moral y política, Hobbes ya le le pone los cimientos al Estado moderno: el principio de autoridad en tanto sea garante de la paz, (o modernamente también, papá Estado árbitro del estado de bienestar), constituye el fundamento del derecho. El vocabulario político moderno fue en gran parte acuñado por Hobbes: nuevas palabras para designar nuevos conceptos: una absoluta revolución.

Para conseguirlo hace precisamente lo contrario que propuso Aristóteles. Se pregunta cómo sería el hombre si lo sacas de la familia, la ciudad, cualquier tipo de poder y se plantea cómo se gobernaría a sí mismo. Una vez conseguida la abstracción de ese hombre libre dice:

- Vamos a tomar todos los problemas y responsabilidades que comporta gobernarse a sí mismo y se los pasamos a alguien. Esa, esa es la idea principal de la democracia: les pasamos los problemas a los poderosos, divide y vencerás (separamos poderes), y que se peleen entre ellos y nos dejen a nosotros tranquilos.

Ahí es cuando Hobbes realiza la abstracción del representante perfecto: el que está presente por ti. Si bien es cierto que no lo pone en la figura de un presidente como harían en EEUU lo pone en la figura de un rey perfecto.


La tradición marca que Hobbes señaló formalmente el paso de la doctrina del derecho natural a la teoría del derecho como “contrato social”. Parte de la condición de un hombre libre capaz de autogobernarse que traspasa libremente esa capacidad a otro para evitar los problemas y peligros que comporta autogobernarse: ver Erich From, El miedo a la libertad, ya que vive en perpetuo peligro de que acontezca una guerra de todos contra todos (Bellum omnium contra omnes). Entonces, pacta con un soberano  una especie de contrato social. Será un "buen rey" quien los gobierne de forma perfecta. 

Ahora bien... quedó la duda, porque, ¿existen los reyes perfectos? envestidos de todas las cualidades de una especie de superman. Muchos en su época creyeron que con su libro Leviatán lo que estaba haciendo entre líneas era cargarse el concepto de poder absoluto para sugerir el concepto de representación; y lo hizo en un tiempo en el que dicha idea le hubiese costado la cabeza. De cara a la galería justifica el poder absoluto, pero tampoco podemos asegurar que fuese su verdadera intención.
Veamos por qué:



Si para Hobbes el Arte ha de transformar y no imitar ¿quién nos dice que Leviatán no intenta transformar el poder absoluto en su abstracción para llegar a la idea de "representación" desde nuestra perspectiva moderna (por cierto, perspectiva desconocida para nuestros políticos): al fin y al cabo la idea principal de Leviatán son el poder y la representación: “estar presente por ti porque yo te dejo... te doy poderes”: representación por poderes... primera condición matemática de la democracia.


Si hubiesen leído Leviatán, a los padres de la transición jamás se les habría ocurrido montar esta chapuza y llamarla democracia: un Estado de partidos incrustados en el Estado. Los países Europeos tampoco lo hubiesen aceptado: tenemos los mismos sistemas y por supuesto los mismos problemas en España, Grecia, Italia...


De tomar la interpretación clásica de Hobbes sobre el “poder absoluto” debieron haber aplicado los Estados de partidos actuales mediante un "contrato social" que jamás existió: los españoles jamás fueron libres de elegir; fueron libres de votar  y así seguimos.

De haber tomado la segunda interpretación, la que se carga el poder absoluto y apunta hacia la representación democrática, jamás hubiesen formado Estados de partidos. Lo que sí es cierto es que debieran haberlo leído fuese la que fuese la interpretación que le diesen.

Vicente Jiménez




jueves, 17 de octubre de 2013

El festín en el reparto de España por las oligarquías


En el apunte anterior sobre “Los resortes del poder” ya nos paseamos por tres hechos importantes del Renacimiento en Florencia: el patronazgo de ciertas familias todopoderosas hacia los grandes genios del Renacimiento, la ruptura progresiva con el orden medieval y la influencia que habría de proyectar Maquiavelo al separar la moral de la política. Maquiavelo rompió con la visión Aristotélica recogida después por San Agustín del hombre que actúa guiado por fuerzas morales en cuestiones de Estado para alcanzar la plenitud en una ciudad perfecta. Fuera de esa utopía el hombre queda desnudo, tal como es, con su propia naturaleza como herramienta de supervivencia.


La genialidad de las propuestas de Maquiavelo al separar moral y política es lo que no estudiarían ni aplicarían jamás los padres de nuestra patria al planificar nuestra luctuosa transición y creer que los nacionalismo quedarían resueltos dejándoles un jugoso trozo del pastel: el pastel era España y el poder intacto de Franco a su muerte; que es lo que en realidad se repartieron. Jamás hubo deseos de democracia sino sólo de reparto de unos despojos de cuarenta años de dictadura y de una clase media bien establecida productora y consumidora de riqueza y bienestar que había ganado su lugar como productora y consumidora de riqueza y bienestar a base de sangre sudor y lágrimas: una generación que trabajó lo indecible para que sus hijos “no pasaran por lo mismo que habían sufrido ellos”.


La depredación, esquilmo y control absoluto por parte de esa advenediza casta política sin ninguna oposición no dejo rincón por hurgar: Cajas de Ahorro, bancos, medios de comunicación, empresas estatales que se privatizaron, etc. Los sindicatos se unieron al festín estando tan incrustados en el Estado como los partido políticos: al fin y al cabo seguíamos con un franquismo, pero peor.


Al no haber división de poderes ni representación alguna de la sociedad civil por ningún lado la impunidad garantizó una patente de corso a los políticos: incluso uno de los últimos presidentes llegó a decir que el dinero público no era de nadie... y les dio barra libre.


Llegó un nuevo presidente de quien esperábamos que pusiese coto a tanto sinvergüenza, pero en vez de ponérselo a la clase política y quitar el dislate insostenible de diecisiete gobiernos autonómicos (el reparto del pastel) le puso los recortes a la ya vapuleada clase media, con lo que su extinción como especie quedó garantizada.

El buen royo con los nacionalistas dándoles unas competencias de gobierno como nunca habían conseguido solo incitó el hambre de la secesión: secesión para que unas cuantas familias privilegiadas puedan montar su cortijo particular con el maridaje ya del poder absoluto; ninguno de los líderes secesionistas ha hablado ni hablará nunca de separación de poderes y representación. Eso sí, prostituirán la palabra democracia hasta límites insospechados: es su forma de hacer.


Los padres de la patria debían haber leído “El Príncipe” de Maquiavelo para darse cuenta que un buen gobierno no puede basarse en “buenas intenciones” y buen royo con nadie: separar moral y política es la única solución; no fiarse de nadie y mucho menos fiarse de ningún poder: solo un poder puede oponerse a otro poder. De ahí que formar diecisiete gobiernos (nacionalistas incluidos) equivalen a diecisiete poderes; poderes completamente desbocados en el festín de la depredación de todo lo que se le pusiese al alcance: cualquier cosa era comestible. Y para ciertos grupos poder libre con el objetivo único del odio y la destrucción de España.


España está en estado de excepción y hubiéramos necesitado un Rajoy a la altura de las circunstancias. Pero ha sido más fácil machacar a lo que quedaba de clase media y dejar a los secesionistas el libre albedrío. Más patriótico hubiese resultado una consulta a los españoles con datos en la mano sobre nuestra organización territorial: primar eficiencia y sostenibilidad. Y ya no digo nada de instaurar de una vez por todas una democracia formal...


En el próximo apunte veremos cómo los padres de la patria debieran haber leído no solo a Maquiavelo sino a Hobbes... ¡qué digo!: debieran haber leído algo.

¡Pobre España!

Vicente Jiménez







jueves, 10 de octubre de 2013

Los resortes del poder


La poderosa familia Medici adorando al niño Jesús como hicieron los Reyes Magos y rodeados de amigos ilustres de Florencia. El pintor Botticelli (figura en la derecha que nos mira). El poder de las grandes familias del Renacimiento era como el del Padrino, de Coppola. El poder dependía de favores, y los Medici  procuraban conseguirles los favores.
Botticelli La Adoración de los Magos Fuente Wilkipedia

Nos gusta un mundo predecible: saber que el autobús parte a la misma hora del mismo sitio para ir al trabajo cada mañana y que por el camino te puedes tomar un café con leche y comprar el periódico. Nos gusta que nuestro pequeño universo siga milimétricamente las leyes de la física newtonianas y no queremos sobresaltos. Si pudiésemos, seríamos un país fabricantes de relojes de cucú. Pocas veces pensamos que ese universo tan predecible deja de funcionar con las mismas leyes físicas cuando nos acercamos, por ejemplo, a velocidades cercanas a las de la luz. Tal como señala Carl Sagan en Cosmos nuestra lógica estaría seriamente alterada si siendo niños nos hubiésemos subido a una bicicleta y nos hubiéramos podido dar un paseo por el pueblo a velocidades cercanas a la de la luz. Para nosotros habrían pasado sólo unos minutos de plácido paseo, pero al finalizar hubiésemos encontrado a nuestros amigos convertidos en ancianos. Esa es una de las paradojas que se dan al viajar a velocidades cercanas a las de la luz; y hasta ahora, nada ha demostrado que la teoría de la relatividad de Einstein no sea cierta.
¿Quiso decir Einstein que Newton no tenía razón? En absoluto, las leyes newtonianas se dan en todas partes del universo, pero si te acercas a la velocidad de la luz, el espacio y el tiempo empiezan a funcionar de una forma que retan dramáticamente nuestro sentido común, nuestros pensamientos, experiencia y nuestra más intima lógica. De la misma forma, el agua tiene propiedades sólidas para temperaturas por debajo de 0 ºC y a 22 ºC es líquida y te puedes dar un plácido baño en ella. Todo depende de en qué cotas nos situemos.
A los políticos les gustaría que España fuese un país predecible de fabricantes de relojes de cucú. Ir en sus coches oficiales sin sobresaltos a sus despachos oficiales, que el conductor fuese siempre el mismo; e imagino, desayunar en el Congreso y sentarse en el mismo taburete a la misma hora leyendo las mismas noticias en los mismos periódicos. Si las cosas nos funcionaran bien las únicas decisiones a tomar serían aquellas para asegurar de que nada fuese a cambiar. Un mundo de precisión milimétrica, como los relojes suizos: todo predecible; y ellos, los políticos, serían los grandes relojeros.

La historia no regala muchos periodos garantes de ese inmovilismo: sin el motor de los grandes conflictos, las guerras, las revoluciones, las catástrofes naturales, o los grandes inventos artísticos y tecnológicos que cambiaron el mundo, seguiríamos en la Edad de Piedra.
 
Si pudiese viajar en la bicicleta del tiempo de Einstein visitaría Florencia en el S XV. Imaginad... Leonardo da Vinci, Michelangelo Buonarroti, Botticelli, Lorenzo de Medici. Cuando el Renacimiento estaba en plena vitalidad creativa y el viejo orden medieval se iba desmoronando para ser sustituido por otro nuevo, moderno, hubo alguien que realizó un análisis del funcionamiento y los resortes del poder como antes no se había hecho jamás: jamás ha exisitido una concentración de genios como se dio en el Renacimiento. Desde los tiempos de Aristóteles pasando por San Agustín el poder y la moral eran como el hidrógeno y el oxigeno para formar agua: el poder y la ética o la moral estaban incuestionablemente unidos: nadie se había atrevido a separarlos jamás hasta que apareció otro genio que escribió una especie de “guía para dummies” de cómo gobernar: Niccolò Machiavelli.

Aunque Lorenzo Medici no llegó a leer el librito, aplicó los métodos que había recogido Maquievelli. Maquiavelo tuvo la osadía de decirnos cómo éramos en realidad y no cómo debíamos ser: puso al hombre en los límites; no en momentos estables, sino durante las grandes crisis. Evidentemente, a la iglesia no le hizo mucha gracia ese espejo con el que Maquiavelo retrató el uso del poder: cómo lo conseguían, cómo lo conservaban, cómo lo perdían y cómo podían ampliarlo. El Maquiavelismo ha quedado con la mala fama de engaño, asesinato y otras prendas. El fin justifica los medios, si; pero en situaciones extremas, ¿cómo reaccionaríamos?, ¿mentiríamos y asesinaríamos?... ¿y para salvar a tu familia y tu ciudad si supieses que te van a invadir, violar a las mujeres y asesinar?

Nadie se había atrevido a contar cómo debíamos ser en situaciones extremadamente extremas. Y el poder, está siempre en una situación extrema:
¿Qué hubiera sido de Lincoln sin la esclavitud? O de Churchill sin Hitler o de un Julio César sin Pompeyo? Los detractores de Lincoln, por ejemplo, lo describieron como un dictador que llegó a suprimir el hábeas corpus y César se hizo con el poder absoluto de Roma.

En estos momentos, no puedo evitar pensar cómo se desarrollarán los acontecimientos de un Rajoy vs un Mas. ¿Quién de los dos será maquiavélico y se impondrá al otro como un gran hombre de Estado:  el que tome las decisiones sobre el otro? 

De momento, uno de ellos está actuando; es quien está tomando  decisiones de Estado - ya tiene creada la estructura de Estado para Cataluña - y el otro simplemente espera a que todo se le solucione solo por el fracaso de quien actúa. En otros tiempos esa fue su estrategia y de esa forma alcanzó el poder, pero Mas no es Zapatero: Mas no cree en el buenismo; algo que Maquiavelo hubiese considerado una estupidez.

¿Quién de los dos será el ganador y quién el gran perdedor ante los ojos de los acontecimientos y de la historia? Es evidente, para Maquievelo el que sepa actuar como un verdadero hombre de Estado y no le tiemble el pulso. No hay medias tintas: o ganas, o pierdes: en política no existen tablas como en el ajedrez porque el conflicto no finaliza hasta que uno de los dos contendientes gane y el otro pierda.
Estamos viviendo un cambio histórico; de esos que suelen darse cada cuatrocientos o quinientos años; de esos que te introducen en un nuevo orden y que jamás han ocurrido sin que surgiesen grandes conflictos. En esos periodos de grandes conflictos es donde se miden los grandes hombres de Estado. El poder funciona como funciona y es mejor que sepamos sobre sus resortes para asistir como espectadores o como actores en este gran momento de la historia; pero como siempre ha ocurrido, el papel que juguemos nos lo darán: no dependerá de nosotros


Vicente Jiménez 

domingo, 6 de octubre de 2013

¿Pueden ser honrados nuestros políticos?



EL ANILLO DE GIGES
Source: El País El anillo del Poder
Dicen que era un pastor que estaba al servicio del entonces rey de Lidia. Sobrevino una vez un gran temporal y terremoto; abriose la tierra y apareció una grieta en el mismo lugar en que él apacentaba. Asombrado ante el espectáculo, descendió por la hendidura y vio allí, entre otras muchas maravillas que la fábula relata, un caballo de bronce, hueco, con portañuelas, por una de las cuales se agachó a mirar y vio que dentro había un cadáver, del tamaño, al parecer, human; que no llevaba sobre sí más que una sortija de oro en la mano; quitósela el pastor y saliose. Cuando, según costumbre, se reunieron los pastores con el fin de informar al rey, como todos los meses, acerca de los ganados, acudió también él con su sortija en el dedo. Estando, pues, sentado entre los demás, dio la casualidad de que volviera la sortija, dejando el engaste de cara a la palma de la mano; e inmediatamente cesaron de verle quienes le rodeaban y con gran sorpresa suya, comenzaron a hablar de él como de una persona ausente. Tocó nuevamente el anillo, volvió hacia fuera el engaste y una vez vuelto tornó a ser visible. Al darse cuenta de ello, repitió el intento para comprobar si efectivamente tenía la joya aquel poder, y otra vez ocurrió lo mismo: al volver hacia dentro el engaste, desaparecía su dueño, y cuando lo volvía hacia fuera, le veían de nuevo. Hecha ya esta observación, procuró al punto formar parte de los enviados que habían de informar al rey; llegó a palacio, sedujo a su esposa, atacó y mató con su ayuda al soberano y se apoderó del reino. Pues bien, si hubiera dos sortijas como aquella de las cuales llevase una puesta el justo y otra el injusto, es opinión común que no habría persona de convicciones tan firmes como para perseverar en la justicia y abstenerse en absoluto de tocar lo de los demás, cuando nada le impedía dirigirse al mercado y tomar de allí sin miedo alguno cuanto quisiera, entrar en las casas ajenas y fornicar con quien se le antojara, matar o libertar personas a su arbitrio, obrar, en fin, como un dios rodeado de mortales. En nada diferirían, pues, los comportamientos del uno y del otro, que seguirían exactamente el mismo camino. Pues bien, he ahí lo que podría considerarse una buena demostración de que nadie es justo de grado, sino por fuerza y hallándose persuadido de que la justicia no es buena para él personalmente; puesto que, en cuanto uno cree que va a poder cometer una injusticia impunemente, la comete. Y esto porque todo hombre cree que resulta mucho más ventajosa personalmente la injusticia que la justicia. «Y tiene razón al creerlo. (Cortesía de www.nueva-acropolis.es, pág 38 )
Este es un extracto del libro de todos los libros; la fuente original de toda la filosofía política habida, presente y por venir: Kallipolis

Todo lo que he leído sobre ciencia política, todo lo que he escuchado de los mejores conferenciantes, tiene alguna referencia, de una forma u otra, a la República de Platón.
En una clase de la Universidad de Yale, llena hasta los topes, escuché a un profesor decirle a sus alumnos:
- Hay presente una persona en esta sala, sólo una, que me enviará un email dentro de cuatro años cuando os graduéis. Para esta persona, leer Kalliposis será el ejercicio intelectual más gratificante que haya realizado en toda su vida. Me gustaría que me enviara ese email para hacérmelo saber.
He de confesar que las palabras del profesor me impresionaron, y cuando surge el tema de si podemos fiarnos de nuestra clase política o no recordé la historia del anillo de Giges. Como tantas otras enseñanzas, está recogida en la República de Platón.

Este relato nos plantea una deliciosa cuestión que está de candente actualidad: ¿puede el poder estar sin freno alguno?, ¿puede la virtud por si sola contrarrestar la enorme tentación que ofrece el poder?, ¿qué puede contrarrestar al poder?
El inmenso poder del anillo (¿os acordáis del Señor de los Anillos?... es lo mismo) induce al pastor al crimen de Estado, a dar rienda suelta a las pasiones, a la traición con la reina y la usurpación de la corona a su legítimo dueño. Las grandes obras literarias de la Humanidad repiten el tema del abuso del poder absoluto: Hamlet (la historia es la misma), el rey Lear, o nuestro Quijote, cuando unos condes ociosos y poderosos se burlan del buen Sancho y lo hacen gobernador de paja de la Isla de Barataria. Irónicamente, Sancho, que aplica las leyes del pueblo: las del sentido común alejado de toda mezquindad y codicia deja boquiabiertos a los presentes por su buena praxis como juez cuando ejerce el poder prestado. Pero para Cervantes, el poder del pueblo no deja de ser una quimera y poco le habría de durar al bueno de Sancho. Cervantes ya intuye que la verdadera justicia ha de venir de normas dictadas desde el pueblo, aunque todavía faltasen doscientos años para que alguien hablase del papel de la representación en el poder legislativo. No le habían llegado todavía las ideas ilustradas de la separación de poderes para que el ejecutivo (gobierno) y legislativo se vigilaran entre sí; porque Cervantes, al igual que su coetáneo Shakespeare, vivieron tiempos y experiencias brutales propiciadas por el poder absoluto de sus respectivos reyes; especialmente Shakespeare, que sufrió una experiencia traumática que le marcaría para toda su vida, y se reflejaría en sus obras:
Una noche de borrachera, a su tío se le escapó en una taberna de un pueblecito rural un pequeño comentario ofensivo  sobre la reina Isabel I de Inglaterra. Alguien lo escuchó y le denunció. Eso le costó la vida a su pobre tío: lo destriparon lentamente, quemaron las tripas, se las dieron a los perros y después lo remataron descuartizándolo (son las mismas escenas de la película Braveheart). Dependía de lo que le pagase la familia al verdugo que el espectáculo durase todo el día o el suplicio acabase rápido. Era la marca de la Gestapo al servicio de la casa Tudor en aquellos tiempos: hubieron muchas inquisiciones, no solo la nuestra. Una muestra más de que el poder corrompe si no se le pone freno. Shakespeare, seguramente, fue testigo del martirio aplicado a su tío en una época de convulsas guerras de religión.
Cuando doscientos años después los grandes de la filosofía política: Tocqueville, Montesquieu, Locke, etc, se fueron dando cuenta de que a un poder solo se le podía anteponer otro poder y surgió la maravillosa idea: divide y vencerás. Locke se dio cuenta de la división de poderes y Montesquieu la remató con la genial idea de separarlos. Los rebeldes americanos, hartos de los vicios de la vieja Europa prescindieron de reyes aplicando esas revolucionarias teorías en la práctica; y Jefferson junto a los padres de la patria construyeron la primera democracia del mundo moderno sabiendo que el buen gobierno no podía depender de buenas intenciones sino del miedo, envidia y desconfianza de un poder hacia el otro enfrentados entre sí. Cuanto más se aborrecieran y más se vigilarán y pelearan, más tranquilos estaríamos nosotros. Esos factores, y solo esos, ahuyentan la impunidad y por ende la corrupción sistémica.
Por lo tanto, a la pregunta de si podemos fiarnos de los políticos vosotros mismos podéis contestarla a la vista de toda esta información, usad vuestra intuición y vuestro sentido común... como hizo el bueno de Sancho Panza juzgando los dos casos que le presentaron.
Yo por mi parte, diré que cuando los políticos estén civilizados, es decir, pertenezcan a la sociedad civil (en vez de a partidos incrustados en el Estado) entonces sí me fiaré; me fiaré de los políticos porque me pertenecerán a mí como ciudadano, me representarán a mi, y al estar separados de jueces y Estado el peso de la ley caerá sobre ellos si se pasan ni un pelo. Y yo, si no cumplen, también los podré echar: hala, a la cola del paro... Y si lo hacen bien, los podré volver a votar por segunda vez por otros cuatro años; nada más, y nada menos.

Vicente Jiménez


sábado, 18 de mayo de 2013

No es posible la solución en las ideologías ni en los partidos


Los dedos se me van sin querer al teclado del ordenador cuando las ideas me surgen como un acto reflejo ante lo que escucho o leo al azar en un medio cualquiera de comunicación. La pregunta que acaban de soltar me resulta casi capciosa; y digo “casi” porque desconozco si la formulan por ignorancia o por maldad.
¿Ha llegado el momento de los partidos pequeños y decir adiós al PP y PSOE?
Ni se enteran ni quieren admitir que mientras tengamos enquistados a los partidos políticos en el Estado no habrá división de poderes. Eso es precisamente a lo que aspiraban Hitler y Mussolini; y su sueño era además meter a la sociedad civil también de manera que formase parte del Estado, en palabras de A.G Trevijano. Desde que acabó la Segunda Guerra Mundial estamos sufriendo esos entes abstractos que pululan por Europa enquistados en el Estado, máquinas de corrupción en serie. Ya quedamos en que los partidos políticos jamás debían formar parte del Estado:
1ª Condición P∩E= θ siendo P el partido político y E el Estado.
Por lo tanto, aquí sobra plantear que si PP, PSOE, CiU, ERC partidos pequeños, comunistas, extrema derecha, y el que sea. 

En la guerra de Independencia Americana el patriotismo fue un arma nueva que consiguió unir a granjeros, tenderos y toda una población en defensa de la libertad contra las tropelías de los políticos ingleses. Abatieron al ejército más poderoso del momento... En nuestro caso, esa unión patriótica surgida para los americanos ante la amenaza de un ejército exterior podría inspirarnos para la posibilidad de unirnos ante otra amenaza tan destructiva como la de la crisis financiera; y el reino de la impunidad aliado a la corrupción. La sociedad civil debe despertar y salir de ese estado de desconocimiento y letargo donde el poder la tiene encorsetada y engañada. No existe solución en las ideologías ni en los partidos: no la hay ni la habrá nunca; ni tampoco surgirá nada bueno para nosotros de ninguno de las dos. Cada vez que alguien dice “estamos en una democracia” alimenta al monstruo. No lo estamos. No estamos en una democracia: estamos en una partidocracia.
El ciudadano medio debe tomar conciencia de la existencia y posibilidad de aplicar unas nuevas reglas de juego que desconoce, y que sí constituirían una verdadera democracia. Este reglamento es muy sencillo y ha de ser difundido por todos nosotros, porque el sistema de partidos nunca actuará en contra de ellos mismos y no lo difundirá,
No podemos hacer nada … ellos (el poder) harán lo quieran.
Sería un grave error y nuestra cadena perpetua confundir desconfianza hacia los políticos con desconfianza hacia la política; todo lo contrario, debemos tomar las riendas. Es cierto que carecemos de representación desde el momento en que nos colaron el sistema proporcional. Para empeorar las cosas, las listas cerradas las propone el jefe de partido y las listas abiertas tampoco ofrecerían ninguna solución, el mandato imperativo lo ejerce el jefe del partido político y no el votante... y el cinismo general practicado por los Estados de Partidos es todo lo contrario al reglamento de cualquier democracia; en consecuencia, las normas de juego precisamente es lo que hay que cambiar: unas normas de juego muy sencillas y claras que basan su unidad en el colegio electoral, no en el partido político, cuya función no es obligatoria aunque si puede ser útil por motivos organizativos. Este criterio cambia totalmente el paisaje político: de estar encorsetados por el poder nos encontraríamos con el derecho de votar a un diputado de distrito uninominal, con carácter imperativo. Es decir, uno cada cien mil votantes, y este diputado ha de cumplir con aquello para lo que fue elegido. Si los votante lo hubieran elegido porque no hubiésemos querido entrar en el Euro, entonces estaría obligado por mandato de sus votantes a votar NO al Euro. De esta forma son los ciudadanos los que controlan al diputado, que en caso de salirse de la raya puede ser sustituido por esos mismos ciudadanos. La función de nuestros representantes sería la de proponer las leyes (no la de legislar) y estas leyes irían a una cámara legislativa. Esa cámara sería la que tendría que traducir la ley para que apareciese (con el Visto Bueno de los diputados) en el Boletín Oficial de la Nación. A partir de ahí, la ley tiene ya carácter coercitivo y la hemos de cumplir todos; no unos sí y otros no. Esa sería la forma de separar el poder legislativo del poder ejecutivo. Esa sería la forma de resolver los problemas de las preferentes, de la sanidad, de la educación, de todas aquellas cosas que tienen tan cabreados a los ciudadanos y por las que muchos están en paro y condenados a la indigencia. Además, acabaríamos con la casta de políticos profesionales porque se pondría presentar cualquiera, y no los enchufados de los que confeccionan las listas. Y evidentemente pondríamos a gente competente porque no la elegirían los partidos, nosotros seríamos lo electores.
El pueblo está preparado para algo así aunque haya quienes se empeñen en lo contrario: sabrá lo que es cuando lo sea, como decía Lincoln. También es cierto que es completamente ignorante y ajeno a este concepto de democracia; y puesto que los medios no lo van a difundir, tendremos que hacerlo nosotros.
Y ¿cómo lo conseguimos?
Solo mediante una enorme y masiva presión social donde dejásemos de lado cuestiones de ideologías, de partidos y de cualquier otra cosa que desviara nuestra atención de que lo que queremos son unas normas de juego nuevas; nada de renovadas, regeneradas ni tonterías.
Aunque los políticos no nos respetan para nada haciendo la petición reglamentaria, pero también pidiendo el apoyo de EEUU y Bruselas; ya que a ellos sí que les tienen miedo y los respetan.
¿Y las ideologías?
Las ideologías son para cuando tengamos las normas de juego verdaderamente democráticas; no olvidemos que estamos hablando de un reglamento bastante sencillo. Es como el reglamento del ajedrez. Ya está inventado y no podemos decir que esto es mas ajedrecista que aquello. Pues tampoco que esto es mas democrático que aquello. O es o no es ajedrez. O es o no es democracia.
Una vez tengamos la norma, ya iremos aplicando. Seguramente, como las ideas partirán del pueblo y el pueblo no es tonto se irán a parar a sistemas eclécticos donde avanzaremos aprendiendo y haciendo camino con lo mejor de cada casa. De ahí iremos resolviendo los problemas que tenemos actualmente (olvidad que  los políticos profesionales nos vayan a solucionar nada) y mejorando para no caer en errores pasados. La imaginación y la creatividad al poder... todo depende de tener la herramienta adecuada, nada más.
Vicente Jiménez

Bibliografía
A.G.TREVIJANO, Teoría Pura de la República, Ediciones MCRC