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Jefferson: La Declaración de Independencia


“… the object of the Declaration of Independence [was] not to find out new principles, or new arguments, never before thought of, not merely to say things which had never been said before; but to place before mankind the common sense of the subject, in terms so plain and firm as to command their assent . . . Neither aiming at originality of principle or sentiment, nor yet copied from any particular and previous writing, it was intended to be an expression of the American mind . . . All its authority rests then on the harmonizing sentiments of the day, whether expressed in conversation, in letters, printed essays, or in the elementary books of public right, as Aristotle, Cicero, Locke...” Jefferson

“...el objetivo de la Declaración de Independencia no fue el de encontrar nuevos principios o argumentos jamás pensados hasta entonces, o exponer cosas jamás dichas antes, sino presentar ante el hombre el tema bajo el  sentido común de forma tan sencilla que no se tuviese más remedio que asentir... Tampoco hubo intención de pretender ningún principio o sentimiento original, ni se copió nada de otro   texto; la declaración se limitaba a expresar el sentimiento americano... La raíz de su autoridad se sustenta en armonizar los sentimientos del momento sacados tanto de conversaciones como de cartas, ensayos,  impresos, o de los libros elementales de derecho público tales como los de Aristóteles, Cicerón y Locke...” Jefferson

Esta cita justificando la Declaración de Independencia transmite un potente mensaje no solo directo sino también entre líneas: cuando Jefferson, el autor de esta entrada, escribió la Declaración de Independencia de los Estados Unidos tuvo que afrontar varios retos: el primero y más obvio fue el de declarar la independencia americana al resto del mundo. Para ello tuvo que establecer las razones por las que América se había visto obligada a volcarse en una revolución y, desde luego, argumentarlo todo con unas bases muy sólidas. Ese todo se traducía en primero los principios y después los hechos. Es decir, contestar a la pregunta de por qué se rebelaban y después justificar un acto de rebelión y guerra abierta.

La Declaración de Jefferson cubrió todos los objetivo bajo el hilo conductor del pensamiento de Locke. Locke no había descrito una utopía, sino una realidad y Jefferson la demostró poniéndola en práctica. Cita a filósofos alejados de cualquier sospecha de estar en el bando de los utópicos. Ya sabemos que los filósofos utópicos parten de Platón: las realidades están en el pensamiento y nunca en nada relacionado con el pragmatismo y la realidad material. Utopía significa precisamente u-topos, es decir, ningún lugar... Algo que no existe ni puede llegar nunca a existir ni lograrse. Recordemos que Marx se fijó en Rousseau, filósofo tan utópico como como Platón y ya hemos visto cómo acabó el Muro de Berlín y derrumbe de la URSS y el comunismo . Ahora, la socialdemocracia no ha aprendido todavía la lección y seguimos en las mismas...

Por el contrario, Jefferson se fijó en los filósofos realistas: nombra a Aristóteles, Cicerón y Locke y podría haber mencionado a Maquiavelo: supo traducir en realidad el pensamiento filosófico de esos genios con lo que demostró que sus fuentes no eran utópicas. Por primera vez en la historia de la humanidad se fundó una república del gobierno del pueblo y para el pueblo después del periodo de democracia directa de los griegos.


Por último y no menos admirable fue la capacidad de Jefferson de encender con su retórica el deseo de libertad de unos cinco millones de colonos americanos en una tierra mucho más extensa que Europa a los que unió en una causa común: nada menos que una revolución; cinco millones de personas dispuestas a arriesgar sus vidas, su integridad física o sus posesiones por conseguir la libertad colectiva e individual.


Para convencerlos Jeffersson escribió un llamamiento retórico en prosa que inspiró a la audiencia; y digo audiencia porque la Declaración de Independencia fue más escuchada que leída a causa del analfabetismo reinante entre los colonos. De esta forma la declaración se difundió en las tabernas, en cualquier esquina de cualquier calle e incluso se leyó desde los púlpitos.


Nunca se había escuchado ni leído palabras que enardecieran y llegaran de forma tan directa al corazón como las expresada por el principio de la declaración: la calculada cadencia del lenguaje y sus mensajes incendiaron la pasión republicana, el orgullo como sociedad civil y el ardor revolucionario. Además, el mensaje de Jefferson tocaba y amplificaba la fibra sensible de sentimientos que ya estaban en la calle y no eran nuevos para la población.


Los americanos dispusieron además de un arma nueva muy poderosa que los ingleses no habían previsto: el patriotismo. Pero el mérito y descubrimiento del patriotismo fue mérito de Thomas Paine, al que dedicaremos otro post: será interesante eso del patriotismo.

Mientras queda la moraleja de cómo 40 millones de habitantes en España no han sido capaces de alcanzar todavía una democracia como aquella que se fundó en América con solo cinco millones de habitantes dispersos en una superficie mayor que Europa. Una democracia que surja del mismo origen de la sociedad civil a través de diputados de distritos pequeños y que representen a esa sociedad, sin listas abiertas ni cerradas porque hayan sido confeccionadas por el jefe de un partido que nada tiene que ver con esa sociedad civil, ni la conoce, ni espera conocerla. 
 


Vicente Jiménez

Miembro de Red de Blogs



Bibliografía

Samuel Johnson, Taxation No Tyranny: An Answer to the Resolutions and Addresses of the American Congress https://archive.org/details/cihm_20501


Political Writings (Cambridge Texts in the History of Political Thought) - Thomas Jefferson

Garrett Ward Sheldon, The Political Philosophy of Thomas Jefferson - Baltimore, 



Diferentes enlaces en el texto conducen a blbliografía que justifica lo dicho o a otros textos que los amplía 

2 comentarios:

  1. Hoy nos presentas a Jefferson. Durante un tiempo, tu blog nos ha hablado de filósofos, de idealistas y de gente que usaban la pluma como toda arma, pero hoy nos hablas alguien que convirtió toda aquella utopía en un proyecto político concreto y real, que arrastró a cinco millones de ciudadanos norteamericanos en su primera etapa y a otros muchos más cuando el modelo que describió en su Carta de independencia fue copiado por otros países europeos.
    Lo haces con el estilo y pulcritud que caracteriza a tus escritos, y cierras el trabajo con una moraleja enigmática y misteriosa, porque no quieres entrar en la materia que hoy más necesita conocer la ciudadanía española:
    ¿Quien recurrió a los hombres de los partidos en España para que redactaran nuestra Constitución del 78?
    ¿La Constitución del 78 fue traición, error o simplemente la única posible?
    ¿Quién es quién en la génesis de la Constitución del 78? Los padres de la constitución, el Rey, Suarez…
    Tu moraleja, Vicente, está incompleta, las preguntas están escritas y las respuestas, disponibles. Solo falta que te pongas al teclado… ¡Porfa, Vicente!

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    1. Fíjate que empiezo el post hablando de que el problema no es solo de España sino de Europa en general. Eso ya lo traté, por lo que en el mismo post he añadido un enlace. ¿Que el artículo está incompleto? Ahora que el tema de Suárez está y estará en el candelero, a veces no es tan importante las respuestas sino las preguntas que te haces, y es evidente que el artículo te ha conducido a toda una batería de ellas; como a cualquier lector inteligente. Una vacuna contra el bombardeo mediático que nos espera.

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