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¿Serviría cambiar de casta?

El tiempo cuenta en nuestra contra


Se congregaban en una plaza y alguien se lo ha regalado. Ya han conseguido cambiar el duro asiento del suelo en la Puerta del Sol por el de las mullidos sillones en Bruselas, Ayuntamientos y el Congreso. De llamar rabiosamente “casta” a la clase política han pasado a borrar esa palabra del diccionario; no sea que alguien se lo llame a ellos también. Se emocionan extasiados en las mieles del compadreo con la gran banca y empresarios ya que lo primero que hicieron fue contactar con ellos. Si se fijan, a la izquierda emergente con pretendidos tintes marxista no se les ha escuchado, en realidad, jamás criticar a ningún banquero; y lo primero que hizo su líder fue salir por todas las tv, y en especial la Sexta, encantado de conocerse a sí mismo junto a la flor y nata de banqueros y empresarios. Un ejercicio de cinismo por parte de quien se dedica a echar pestes del capitalismo y bla, bla, bla... Este servidor lo vio televisado con sus propios ojos y este servidor sí que mantiene memoria histórica de lo que le ha tocado vivir. Debo señalar que la tv la veo, pero no la escucho. La falsedad no me interesa y prefiero interpretar solo las imágenes, aunque sean sesgadas. Si Edipo solo alcanzó la sabiduría cuando, al final, estaba ciego; puede que la mejor manera de acercarse a la verdad con la tv sea siendo sordo.

Permítanme una pequeña historia sobre nuevos arribistas. Cuentan que tras una dura derrota, un general estaba recorriendo el campo de batalla y vio entre montones de cadáveres a un soldado de su ejército agonizando y cubierto de una masa informe de moscas, tábanos y sangre. El general se acercó conmovido a ayudar al moribundo para espantarle las moscas; pero el herido le imploró con un hilo de voz apagada que no lo hiciese. Sorprendido, el general le preguntó por el motivo: “Al espantar las moscas — respondió el herido—, mi sufrimiento se hará insoportable, pues ahuyentados estos parásitos hartos de sangre, que ya casi no me molestan, vendrán otros hambrientos y mi agonía se multiplicará. Déjeme morir en paz mi general”.

A la clase media, que lo poco que tenenos nos lo hemos ganado a sangre y fuego tras una vida entera de lucha y duro trabajo, más nos vale mantener las moscas que ya sufrimos que no confiar en otras nuevas por mucho que prometan que no nos picarán. No nos hace falta que vengan nuevas castas parasitarias a chuparnos la poca sangre que nos quede. Quienes ya tenemos experiencia sabemos a dónde nos quieren llevar quienes están hambrientos de poder y de culminar su avaricia. Nunca hemos gozado de libertad colectiva, pero por lo menos la libertad personal todavía la mantenemos; como derecho a la propiedad, a contratar o a ser contratado, por ejemplo. La nueva casta parasitaria nos quitaría hasta esos derechos. Y el tiempo cuenta en nuestra contra si no espabilamos.

La perspectiva de tener a un gorila rojo de presidente perpetuamente instalado en el poder absoluto diciendo “exprópiese”, como ocurrió en Venezuela; o dispuesto a abrir las fronteras, con la inevitable invasión masiva de inmigrantes tendría un coste social y económicamente suicida. Y ya sabemos a quiénes les robarían lo poco que tienen para mantenerlo. Desde luego, a la gran banca y empresarios con quienes televisivamente escenificaron las palmaditas en la espalda no.

Pero hay otra maravillosa posibilidad que se oculta a los españoles y cuya verdad jamás veremos divulgar a ninguno de los partidos, ni a los serviles medios de comunicación, catedráticos, artistas, intelectuales, etc. Esa opción es la que ofrece la confrontación entre los poderes ejecutivo y legislativo, tal como Montesquieu magistralmente descubrió en su Espíritu de Las Leyes. Señores lectores: sin separación de poderes enfrentados entre sí sometidos a perpetua tensión la corrupción está asegurada. El político que os cuente que luchará contra la corrupción mediante leyes y normativas desde un sistema partidocrático como el nuestro o es un necio, un ignorante, o peor; todo junto y además es un corrupto. El sistema contra la corrupción ya se inventó gracias a grandes pensadores y filósofos que señalaron un camino que el poder prefiere obviar. No los vamos a mencionar aquí pero se explican en el blog.


Vicente Jiménez

3 comentarios:

  1. En España los poderes se apoyan los unos a los otros; y el peor, el burricial que es más papista que el papa

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    1. Desde luego. En la partidocracia nos presentan la separación de funciones como si fuesen separación de poderes. Ejecutivo y legislativo forman un tótum revolútum, ergo no hay democracia. Será otra cosa, pero no es democracia

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