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El genio que concedió un deseo


 Revisado en julio 2014
Imagina que te encuentras una lámpara, la frotas y te sale un genio de ella ...
El genio en agradecimiento por haberle liberado te garantiza un deseo, pero que eso de elegirlo tú ni hablar. Que el deseo lo impone él, que es quien hace el truco y pone el trabajo.
Y tú flipando..., no porque se te haya aparecido un genio así por la buenas sino porque a ti el cuento te lo explicaron de otra forma: los deseos ¿no eran tres y además se elegían personalmente? Pero, ¡en fin!, como a caballo regalado no le mires el diente te conformas y antes de que el susodicho genio cambie de opinión le preguntas qué deseo piensa concederte.

Todo el mundo votará lo mismo que tú elijas y cuando lo escribas en esta papeleta se hará realidad en las próximas elecciones.

Y el genio se desvanece y te quedas con una papeleta en blanco en la mano y cara de perplejidad.

Así, después de frotarte bien los ojos y pellizcarte por si estuvieses durmiendo intentas preguntar al genio qué clase de deseo era ese y qué provecho podías a sacarle a que todo el mundo votase lo mismo que tú en las próximas elecciones. Al fin y al cabo, si fueras un político te pondrías las botas, pero como persona relativamente ajena al tema la recompensa no parecía ser gran cosa. Más, teniendo en cuenta que a quien pusieses en la papeleta ya habría elegido a los diputados que representan a ese jefe de partido y no a tí, y que luego esos que él ha elegido lo elegirán a él como Presidente de la nación en un acto mágico de transmutación que maravilla a propios y extraños. Bueno no, aquí no nos maravillamos de nada. Si nos creemos es transmutación también podemos creernos lo del genio, ¿o no?

Aunque luego te pones a cavilar y te sientes algo tentado de obtenerle un poco de partido al regalo del genio. Claro que, por otro lado, los principios te dicen que tiene que haber algo muy siniestro en eso de manipular a la gente para que se crea aquello con lo que de otra manera jamás habrían tragado. Y peor todavía, les prives de la oportunidad de elegir, lo que sea, libremente. Una cosa sería convencerlos razonando con ellos, pero otra muy distinta es quitarles toda opción de libertad de pensamiento y en consecuencia de elección. Pero al final piensas que como tampoco pueden elegir pues el partido ya pertenece al Estado como todos, pues no pasa nada si montas una subasta para vender la papeleta al mejor postor. Ay amigo, ya te ha atrapado el sistema oligárquico de partidos..., te sumas a la corrupción y colaboras con ella como cualquier otro.

Pero para rizar el rizo y  empeorar las cosas, lo que me van a plantear es si quiero seguir siendo del país en el que nací o quiero pertenecer a otro que está por parir. Yo desde luego, tengo claro que a estas alturas de mi vida deseo seguir en el mismo país en el que nací. Eso sí, me gustaría que rigiesen las normas de la democracia formal pero no, no y no a cambiar de nación con otra transmutación mágica. Primero porque me siento así; después porque, por lo poco que me he ido enterando, parece que me prometen el oro y desde luego me darán el moro en mi nueva posible patria. Lo del oro lo cantan al unísono todos los periódicos que puedo comprar en el kiosko de la esquina. Y así voy cavilando también en lo que he podido informarme por otras fuentes no adscritas a los canales oficiales del gobierno de donde vivo. Por ejemplo, unos tipos que antes no conocía pero que últimamente se han hecho famosos por otros motivos nada algüeños, a quienes también desconocía antes de la crisis, como la prima de riesgo y todo eso; y que se llaman Standard & Poor's han bajado esta tierra en la que me ha tocado vivir de la categoría 'BB/B' de 'BBB-/A-3'. ¡Humm, Malum signum “Malum signum
Liebre huye, galgos la siguen” como decía Don Quijote. Y la cosa pinta peor cuando leo que S&P dice que modificar nuestra relación con el gobierno central puede deteriorar nuestra liquidez y un montón de cosas más que intuyo, porque no soy economista, no son nada buenas. Esas liebres seguidas por los galgos quijotescos son la miseria, el hambre y la perpetuación de una casta totalitaria, oligárquica y más voraz todavía. También me llaman la atención ciertos términos que emplean como que la falta de “coordinación” entre la “región” donde vivo y el Estado Español nos deteriorá la economía, cuando casi ni siquiera veo que haya buena relación.

En fin, que la dicotomía entre lo que me dicen los medios de comunicación en donde vivo, sin excepción, y lo que puedo rascar por otros sitios es total.

Por lo tanto, empiezo a preguntarme si el genio no se le habría presentado antes que a mí a algún político de por aquí y le habría ofrecido el mismo trato hace, por lo menos, treinta y dos años. Puede que la papeleta hubiera sido escrita ya hace tiempo y este señor proyectó su anhelo por la magia del genio en todos los periódicos y medios de comunicación para que así se sustanciara el truco poco a poco. Puede que, como humo, haya sido inspirado hasta en el último alvéolo pulmonar de los que se fueron a instruir en los colegios, en los institutos y en las universidades. Puede que las asociaciones culturales, los anuncios en la calle y que todo un miniuniverso haya estado cantando a coro la misma melodía, los mismos mantras, las mismas canciones sagradas ...

Y entonces me di cuenta de una terrible posibilidad, de que la razón podría ser ignorancia e incultura política de un pueblo borreguero en estado puro y por tanto su fundamento sería poco realista, nada práctico. Que el idealismo no tendría ni un atisbo de verdad y mucho de locura. Que lo realmente importante, el gran deseo que otorgaba el genio era la eficacia. Y la eficacia en el mundo de la política nada tendría que ver con la razón, tendría que ver con la emoción. El cerebro político sería el cerebro emocional, el que te hace sentir bien. Y como aquí la razón no cuenta pues procuras agarrarte a todo aquello que coincide y desechar lo que no.

Así, que para racionalizar mi sueño quemé el papel que me había dado el genio. Puede que me precipitase pero no se me ocurrió otra cosa en ese momento. Eso sí, como vuelva a ver al genio otra vez le diré que el deseo lo pido yo y que será que se vote más con la cabeza y menos con el corazón. A ver si así nos va mejor...
Vicente Jiménez

2 comentarios:

  1. Cuando advertimos que para producir necesitamos obtener autorización de quienes no producen nada; cuando comprobamos que el dinero fluye no hacia quienes trafican con bienes, sino con favores; cuando percibimos que muchos se hacen ricos por el soborno y la influencia política y no por el trabajo, y que las leyes no nos protegen contra ellos, sino que, por el contrario, son ellos quienes están protegidos contra nosotros cuando reparamos en que la corrupción es recompensada y la honradez es un auto sacrificio, entonces podremos afirmar, sin temor a equivocarnos, que nuestra sociedad está condenada”.

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  2. Gracias por tu aportación. Yo espero que al igual que nuestros antepasado supieron salir de situaciones iguales de malas o peores nosotros podremos reaccionar inteligentemente. El primer paso se está dando, ya que la sociedad está empezando a ser consciente de la situación; y para solucionar un problema lo primero es detectarlo. El segundo paso de la solución de cualquier problema pasa por empezar a proponer soluciones; y en eso parte de la sociedad parece estar también por la labor. Ahora faltan ejecutar esas soluciones. Será un camino duro, difícil y progresivo porque la enfermedad está muy avanzada. En eso hay que también ser realistas. La red de Blogs hace mucho hincapié en que hay solución, y que esa solución pasa por una democracia real.

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