jueves, 10 de octubre de 2013

Los resortes del poder


La poderosa familia Medici adorando al niño Jesús como hicieron los Reyes Magos y rodeados de amigos ilustres de Florencia. El pintor Botticelli (figura en la derecha que nos mira). El poder de las grandes familias del Renacimiento era como el del Padrino, de Coppola. El poder dependía de favores, y los Medici  procuraban conseguirles los favores.
Botticelli La Adoración de los Magos Fuente Wilkipedia

Nos gusta un mundo predecible: saber que el autobús parte a la misma hora del mismo sitio para ir al trabajo cada mañana y que por el camino te puedes tomar un café con leche y comprar el periódico. Nos gusta que nuestro pequeño universo siga milimétricamente las leyes de la física newtonianas y no queremos sobresaltos. Si pudiésemos, seríamos un país fabricantes de relojes de cucú. Pocas veces pensamos que ese universo tan predecible deja de funcionar con las mismas leyes físicas cuando nos acercamos, por ejemplo, a velocidades cercanas a las de la luz. Tal como señala Carl Sagan en Cosmos nuestra lógica estaría seriamente alterada si siendo niños nos hubiésemos subido a una bicicleta y nos hubiéramos podido dar un paseo por el pueblo a velocidades cercanas a la de la luz. Para nosotros habrían pasado sólo unos minutos de plácido paseo, pero al finalizar hubiésemos encontrado a nuestros amigos convertidos en ancianos. Esa es una de las paradojas que se dan al viajar a velocidades cercanas a las de la luz; y hasta ahora, nada ha demostrado que la teoría de la relatividad de Einstein no sea cierta.
¿Quiso decir Einstein que Newton no tenía razón? En absoluto, las leyes newtonianas se dan en todas partes del universo, pero si te acercas a la velocidad de la luz, el espacio y el tiempo empiezan a funcionar de una forma que retan dramáticamente nuestro sentido común, nuestros pensamientos, experiencia y nuestra más intima lógica. De la misma forma, el agua tiene propiedades sólidas para temperaturas por debajo de 0 ºC y a 22 ºC es líquida y te puedes dar un plácido baño en ella. Todo depende de en qué cotas nos situemos.
A los políticos les gustaría que España fuese un país predecible de fabricantes de relojes de cucú. Ir en sus coches oficiales sin sobresaltos a sus despachos oficiales, que el conductor fuese siempre el mismo; e imagino, desayunar en el Congreso y sentarse en el mismo taburete a la misma hora leyendo las mismas noticias en los mismos periódicos. Si las cosas nos funcionaran bien las únicas decisiones a tomar serían aquellas para asegurar de que nada fuese a cambiar. Un mundo de precisión milimétrica, como los relojes suizos: todo predecible; y ellos, los políticos, serían los grandes relojeros.

La historia no regala muchos periodos garantes de ese inmovilismo: sin el motor de los grandes conflictos, las guerras, las revoluciones, las catástrofes naturales, o los grandes inventos artísticos y tecnológicos que cambiaron el mundo, seguiríamos en la Edad de Piedra.
 
Si pudiese viajar en la bicicleta del tiempo de Einstein visitaría Florencia en el S XV. Imaginad... Leonardo da Vinci, Michelangelo Buonarroti, Botticelli, Lorenzo de Medici. Cuando el Renacimiento estaba en plena vitalidad creativa y el viejo orden medieval se iba desmoronando para ser sustituido por otro nuevo, moderno, hubo alguien que realizó un análisis del funcionamiento y los resortes del poder como antes no se había hecho jamás: jamás ha exisitido una concentración de genios como se dio en el Renacimiento. Desde los tiempos de Aristóteles pasando por San Agustín el poder y la moral eran como el hidrógeno y el oxigeno para formar agua: el poder y la ética o la moral estaban incuestionablemente unidos: nadie se había atrevido a separarlos jamás hasta que apareció otro genio que escribió una especie de “guía para dummies” de cómo gobernar: Niccolò Machiavelli.

Aunque Lorenzo Medici no llegó a leer el librito, aplicó los métodos que había recogido Maquievelli. Maquiavelo tuvo la osadía de decirnos cómo éramos en realidad y no cómo debíamos ser: puso al hombre en los límites; no en momentos estables, sino durante las grandes crisis. Evidentemente, a la iglesia no le hizo mucha gracia ese espejo con el que Maquiavelo retrató el uso del poder: cómo lo conseguían, cómo lo conservaban, cómo lo perdían y cómo podían ampliarlo. El Maquiavelismo ha quedado con la mala fama de engaño, asesinato y otras prendas. El fin justifica los medios, si; pero en situaciones extremas, ¿cómo reaccionaríamos?, ¿mentiríamos y asesinaríamos?... ¿y para salvar a tu familia y tu ciudad si supieses que te van a invadir, violar a las mujeres y asesinar?

Nadie se había atrevido a contar cómo debíamos ser en situaciones extremadamente extremas. Y el poder, está siempre en una situación extrema:
¿Qué hubiera sido de Lincoln sin la esclavitud? O de Churchill sin Hitler o de un Julio César sin Pompeyo? Los detractores de Lincoln, por ejemplo, lo describieron como un dictador que llegó a suprimir el hábeas corpus y César se hizo con el poder absoluto de Roma.

En estos momentos, no puedo evitar pensar cómo se desarrollarán los acontecimientos de un Rajoy vs un Mas. ¿Quién de los dos será maquiavélico y se impondrá al otro como un gran hombre de Estado:  el que tome las decisiones sobre el otro? 

De momento, uno de ellos está actuando; es quien está tomando  decisiones de Estado - ya tiene creada la estructura de Estado para Cataluña - y el otro simplemente espera a que todo se le solucione solo por el fracaso de quien actúa. En otros tiempos esa fue su estrategia y de esa forma alcanzó el poder, pero Mas no es Zapatero: Mas no cree en el buenismo; algo que Maquiavelo hubiese considerado una estupidez.

¿Quién de los dos será el ganador y quién el gran perdedor ante los ojos de los acontecimientos y de la historia? Es evidente, para Maquievelo el que sepa actuar como un verdadero hombre de Estado y no le tiemble el pulso. No hay medias tintas: o ganas, o pierdes: en política no existen tablas como en el ajedrez porque el conflicto no finaliza hasta que uno de los dos contendientes gane y el otro pierda.
Estamos viviendo un cambio histórico; de esos que suelen darse cada cuatrocientos o quinientos años; de esos que te introducen en un nuevo orden y que jamás han ocurrido sin que surgiesen grandes conflictos. En esos periodos de grandes conflictos es donde se miden los grandes hombres de Estado. El poder funciona como funciona y es mejor que sepamos sobre sus resortes para asistir como espectadores o como actores en este gran momento de la historia; pero como siempre ha ocurrido, el papel que juguemos nos lo darán: no dependerá de nosotros


Vicente Jiménez 

2 comentarios:

  1. Querido Vicente, has descrito una realidad punto a punto... pero creería, con todo respeto, que falta algo...
    Quiero traer el ejemplo que estudiamos en patología, un organismo, un agente causal de una enfermedad, las armas del ser vivo es su sistema inmune, así pues tenemos los contendores, ocurre una “guerra”, donde hay una zona que se afecta en este proceso, el propio organismo, el ser vivo que vive esta enfermedad... Cuando lo explicamos hacemos el símil de las batallas, dos frentes, uno contrario a otro, la batalla ocurre en una zona determinada que se ve afectada, su aspecto cambia, su paisaje, su relieve, hay un antes y un después de esta contienda...
    Traigo esto a colación porque tenemos dos frentes, Mas con su "tropa" de secesionistas, quienes se han ido preparando por años para dar esta guerra, donde han ido ganando batallas, y el otro frente, el gobierno de España, o debería decir los diferentes gobiernos de España, en esta ocasión presidido por Rajoy, quien hasta ahora no ha dado muestras de estar tan preparado como el otro, a pesar de tener la Constitución y las leyes de su lado. El lugar, el campo de batalla, Cataluña y sus habitantes, quienes han notado como en estos últimos años el "paisaje" de su tierra, de su modus vivendi ha cambiado, nos ha cambiado... Hay un enfrentamiento cada vez más marcado, una división que llega a familias, ha tocado amigos. Sabemos que existe una mayoría de ese pueblo esperando que un poder central actúe y haga cumplir las leyes, sabiendo lo que puede venir, o no... Hasta ahora han actuado tibiamente o han optado mirar hacia otro lado, mientras actúan fuera de la ley, de manera impune en una tierra que también les pertenece, que es España.
    Creería que falta algo en toda esta descripción, nosotros, quienes estamos aquí, jugándonos mucho en esta lucha donde hay dos frentes, el separatismo versus quienes defienden la libertad en un país, España.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tu colaboración. Tu aportación del cambio de paisaje tras una contienda es un modelo muy interesante. Nada será igual después de que se resuelva este desastre que han originado políticos sin escrúpulos avariciosos por un lado y cobardes por el otro.

      Respecto a los que no tenemos poder no los he mencionado porque el artículo es sobre el poder; y tal como nos lo describió Maquiavelo. Y cuando hablamos del poder de verdad nosotros, desgraciadamente quedamos fuera de juego. Si viviésemos en una democracia formal entonces tendríamos algún poder a través de nuestros representantes. Al carecer de representantes en un Estado de partidos, pues no contamos para nada. El juego está entre los dos personajes que he mencionado.

      Eliminar