jueves, 17 de octubre de 2013

El festín en el reparto de España por las oligarquías


En el apunte anterior sobre “Los resortes del poder” ya nos paseamos por tres hechos importantes del Renacimiento en Florencia: el patronazgo de ciertas familias todopoderosas hacia los grandes genios del Renacimiento, la ruptura progresiva con el orden medieval y la influencia que habría de proyectar Maquiavelo al separar la moral de la política. Maquiavelo rompió con la visión Aristotélica recogida después por San Agustín del hombre que actúa guiado por fuerzas morales en cuestiones de Estado para alcanzar la plenitud en una ciudad perfecta. Fuera de esa utopía el hombre queda desnudo, tal como es, con su propia naturaleza como herramienta de supervivencia.


La genialidad de las propuestas de Maquiavelo al separar moral y política es lo que no estudiarían ni aplicarían jamás los padres de nuestra patria al planificar nuestra luctuosa transición y creer que los nacionalismo quedarían resueltos dejándoles un jugoso trozo del pastel: el pastel era España y el poder intacto de Franco a su muerte; que es lo que en realidad se repartieron. Jamás hubo deseos de democracia sino sólo de reparto de unos despojos de cuarenta años de dictadura y de una clase media bien establecida productora y consumidora de riqueza y bienestar que había ganado su lugar como productora y consumidora de riqueza y bienestar a base de sangre sudor y lágrimas: una generación que trabajó lo indecible para que sus hijos “no pasaran por lo mismo que habían sufrido ellos”.


La depredación, esquilmo y control absoluto por parte de esa advenediza casta política sin ninguna oposición no dejo rincón por hurgar: Cajas de Ahorro, bancos, medios de comunicación, empresas estatales que se privatizaron, etc. Los sindicatos se unieron al festín estando tan incrustados en el Estado como los partido políticos: al fin y al cabo seguíamos con un franquismo, pero peor.


Al no haber división de poderes ni representación alguna de la sociedad civil por ningún lado la impunidad garantizó una patente de corso a los políticos: incluso uno de los últimos presidentes llegó a decir que el dinero público no era de nadie... y les dio barra libre.


Llegó un nuevo presidente de quien esperábamos que pusiese coto a tanto sinvergüenza, pero en vez de ponérselo a la clase política y quitar el dislate insostenible de diecisiete gobiernos autonómicos (el reparto del pastel) le puso los recortes a la ya vapuleada clase media, con lo que su extinción como especie quedó garantizada.

El buen royo con los nacionalistas dándoles unas competencias de gobierno como nunca habían conseguido solo incitó el hambre de la secesión: secesión para que unas cuantas familias privilegiadas puedan montar su cortijo particular con el maridaje ya del poder absoluto; ninguno de los líderes secesionistas ha hablado ni hablará nunca de separación de poderes y representación. Eso sí, prostituirán la palabra democracia hasta límites insospechados: es su forma de hacer.


Los padres de la patria debían haber leído “El Príncipe” de Maquiavelo para darse cuenta que un buen gobierno no puede basarse en “buenas intenciones” y buen royo con nadie: separar moral y política es la única solución; no fiarse de nadie y mucho menos fiarse de ningún poder: solo un poder puede oponerse a otro poder. De ahí que formar diecisiete gobiernos (nacionalistas incluidos) equivalen a diecisiete poderes; poderes completamente desbocados en el festín de la depredación de todo lo que se le pusiese al alcance: cualquier cosa era comestible. Y para ciertos grupos poder libre con el objetivo único del odio y la destrucción de España.


España está en estado de excepción y hubiéramos necesitado un Rajoy a la altura de las circunstancias. Pero ha sido más fácil machacar a lo que quedaba de clase media y dejar a los secesionistas el libre albedrío. Más patriótico hubiese resultado una consulta a los españoles con datos en la mano sobre nuestra organización territorial: primar eficiencia y sostenibilidad. Y ya no digo nada de instaurar de una vez por todas una democracia formal...


En el próximo apunte veremos cómo los padres de la patria debieran haber leído no solo a Maquiavelo sino a Hobbes... ¡qué digo!: debieran haber leído algo.

¡Pobre España!

Vicente Jiménez







6 comentarios:

  1. Genial, precioso artículo, gracias por tan ejemplar exposición.

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  2. Excelente como siempre Vicente, y como de costumbre le leo unas dos o tres veces para saborear frase a frase todo lo que nos quieres mostrar, que es mucho.
    No tengo certeza de tu aseveración final, porque el problema no es lo que lean quienes están en cargos públicos, sino que lo entiendan y mas, le pongan en práctica. Que sepan que un presidente, un diputado, senador, alcalde etc., son nuestros empleados. Recuerdo alguna vez a Henrique Capriles Radonski decir que un alcalde era como el conserje de un edificio, pero de cara a la comunidad a la que tenía que "servir".
    Y es que creo que no es el único problema, que sepan o no que están en cargos de servicio público y que nosotros les pagamos para que ejerzan sus funciones. Creo que existe algo muy importante y somos nosotros, quienes debemos asumir nuestra posición de ciudadanos activos, conocer nuestros derechos, pero también nuestros deberes, estar absolutamente conscientes de la democracia y lo que ella implica. Pues también somos contralores de todo cuanto ocurre.
    Un abrazo..

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    1. Capriles sabía lo que decía con eso. Así es, somos sus jefes, o eso deberíamos ser. El problema es que en los Estados de partidos, como el que tenemos en España, no tenemos esa opción; porque esa opción debe transcurrir durante los cuatro años y no una vez cada cuatro años. Tenemos unos partidos incrustados en el Estado y nosotros, los ciudadanos, nos convertimos en en funcionarios al votar. Sólo en ese momento creemos alcanzar el poder de tener al político como empleado: la realidad, en seguida se impone y percibimos el espejismo en el que hemos vivido al día siguiente de las elecciones.

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  3. Sin que lo que tengo que decir afecte al carácter sublime de tu escrito, quiero destacar que cambias de escala cuando dices que la transición del 78 fue un reparto de los poderes franquistas, para acusar despues a los padres de la patria de incautos por haber redactado una Constitución buenista en lugar de haber tenido en cuenta las recomendaciones en sentido contrario de de Maquiavelo, para acabar diciendo que tendrían que haber leído más.
    Solo puedo añadir una cosa, Vicente: Los Padres de la Constitución fueron unos pardillos si lo que intentaron hacer fue una norma orientada a hacer gobernable una sociedad que salía de una larga noche de dictadura franquista, pero fueron cerebro puro si, como todo indica, lo que querían realmente era repartirse España, contando para ello con la complicidad de las franquicias multinacionales del poder, Los Partidos.
    Ahora bien, pardillos o despabilados, ingenuos o listos, negligentes o agudos, nada comparable a la capacidad de los que han venido detrás que, simulando antagonismo, se han ido alternado en el poder y manteniendo la gran mentira que fraguaron en el 78. No te quepa duda que más que Maquiavelo, que Hobbes o que cualquier otro pohombre de la filosofia política, les inspiró el curioso y complejo personaje de este video:
    https://www.youtube.com/watch?v=ro51J-QW_Pc

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    1. Divertidísimo. La niñas es un encanto. Respecto si los padres de la Constitución fueron pardillos o trileros no seré yo quien lo diga. Voy dando trocitos de formación más que de información y que cada uno saque sus conclusiones: las comparaciones, metáforas, ironía y sarcasmo son nuestros pinceles ¿no? Un saludo, amigo.

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