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Cómo funciona la acción populista



-A mí me fueron muy bien estas pastillas: tómate unas cuantas, a ver si se te pasa…

-Tómese una pastilla cada ocho horas durante dos semanas, y cuando acabe viene a verme.

Aquí tenemos dos registros del lenguaje completamente diferentes; y los lugares donde podríamos enmarcar ambas situaciones también son distintos.

Aunque las pastillas fuesen las mismas, que va a ser que no, la primera frase la podría haber dicho con toda su buena intención, por ejemplo, la señora Pepa; del quinto. La segunda frase nos sugiere más bien la prescripción profesional dada por un médico colegiado. Este ejemplo nos sirve para ilustrarnos sobre la diferencia existente entre una opinión y un criterio.


Criterios y opiniones no son lo mismo

Un criterio entra dentro del campo de lo científico mientras que las opiniones no lo hacen: forman parte de experiencias personales, pero éstas no son necesariamente generalizables ni tienen ningún rigor científico. Ya lo dice el dicho: hay opiniones para todos los gustos. No podríamos decir lo mismo de un criterio. No hay criterios para todos los gustos.

El populismo no se fundamenta en criterios sino que juega con las opiniones para manipularlas y pervertirlas con objeto de alagar al pueblo engañándolo. La ciencia no se puede pervertir porque es objetiva y se trata de una herramienta para aproximarnos a hechos reales y contrastables mediante experimentación y aplicación de las mátememáticas. O algo pertenece a la ciencia, o no pertenece: no hay medias tintas. Las opiniones, en cambio, si se pueden torcer, degenerar, depravar y prostituirse mediante la manipulación demagógica dirigida a un pueblo tan inculto como incauto. Por lo tanto, las soflamas populistas alimentan las más bajas pasiones del pueblo.


Se utiliza la demagogia para dar soluciones sencillas pero falsas a gente sencilla y confiada imbuyendo una inexistente superioridad intelectual y moral. De la superioridad es fácil manipular al pueblo para hacerle llegar al odio al diferente, al que se esfuerza, al que triunfa, a la honradez, al honor, al que no opina igual, a cualquiera que niegue los dogmas vomitados por sus jefes; unos jefes también pobres de pensamiento y carentes de cualquier proyección intelectual.

A quien utiliza así al pueblo solo le conduce sus ansias de poder. Aspira al poder por el poder y carece de  ideología aunque se disfrace de ideólogo. Aspirar al poder por el poder no es comunismo, es fascismo. Los nacionalismos y fascismos van de la mano y aunque fueron completamente derrotados en Europa en la II Gran Guerra pueden siempre resurgir de sus cenizas como ave Fénix, porque aprovechan las debilidades humanas para conseguir el poder absoluto: ese es su cielo.
Con el agua por encima del cuello. Colección Novo Medinilla
El populismo destruye el conocimiento y alimenta la mediocridad: cuanto más mediocre mejor, cuanto más ignorante mejor, cuanto más escaso de cultura mucho mejor. Cuanto más oportunista y carente de escrúpulos mejor. Es el triunfo absoluto de la mediocridad sobre la inteligencia. No existe ni un solo populista inteligente. Los líderes populistas pueden ser listos, pero nunca inteligentes. Inteligencia y populismo son de naturaleza distinta: son como agua y aceite

Mediante el populismo se aprovechan las más bajas pasiones del pueblo para triunfar sobre los incautos, los fracasados que no saben volver a intentarlo, los envidiosos y los más vagos.., quienes son incapaces de esforzarse; y sobre todo el populismo fructifica en el estiércol: en los peores de los peores.., en quienes  carecen de valores morales y utiliza el odio como combustible. Quienes siguen a los populistas tienen en común no sentirse responsables de las malas decisiones tomadas y que les han llevado a fracasar en todo. Para ellos el culpable es siempre otro y el jefe populista está ahí para ofrecerles un culpable a sus males. Las reacciones de estos sujetos pasan del ostracismo hacia el ese falso culpable (separar en guetos a los judíos), en el mejor de los casos, a desear su eliminación ¡Y que peligrosos son cuando la cobardía de unos permite el desarrollo de los regímenes totalitarios:

«Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista.
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata.
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista.
Cuando vinieron a por los judíos,
no pronuncié palabra,
porque yo no era judío.
Cuando finalmente vinieron a por mí,
no había nadie más que pudiera protestar.»

Todo líder populista tiene complejo de deidad y odia todo lo que le empequeñece. No es de extrañar que suela acometer obras faraónicas como hicieron Hitler y Mussolini.
Cuando el pueblo se prostituye siguiendo a un jefe populista se convierte en chusma. Pues bien, a la chusma se le prometen imposibles con el solo objetivo de conseguir el poder absoluto. Los líderes populistas se presentan como dioses todopoderosos capaces de hinchar la vanidad del pueblo como un globo. El pueblo no solo se siente superior sino que se endiosa. Todo lo puede conseguir el populacho sin esfuerzo alguno porque se le regalará por propio derecho de superioridad. Es el derecho de los dioses y creen que recibirán como el maná del desierto pisos, luz, agua, transporte, seguridad, alimento, sanidad... Existe mucho de ilusionismo mágico en un jefe populista: su palabra basta para conseguir realidades aunque evidentemente éstas nunca llegarán. Un analfabeto funcional obtiene un título universitario que le hace sentirse un erudito. Y todo se retroalimenta: cuanto más inculto sean los sujetos más cerca estarán de caer en las redes de los demagogos y sumarse ciegos al grupo de seguidores. Poco se percata un pobre diablo que quienes así alagan su ego le van a desposeer hasta de lo poco que todavía posee. Para empezar, contemplemos esa contabilidad; un desgraciado más carecerá ya en el debe respecto a su libertad. Y lo que es peor, puede afectarnos con su ignorancia a los demás.
 

Veo muchos indicios de populismo en estos momentos, pero no es mi función enumerarlos, sino prevenir en mi blog sobre el peligro que nos acecha. Vean, observen, y si también encuentran indicios de populismo por ahí eviten caer en sus garras; y en su caso, no duden en enfrentarse a la bestia. En estos momentos, si bien no tenemos la libertad colectiva de poder elegir nosotros directamente a nuestros representantes,  conservemos como mínimo la libertad personal: el derecho a la propiedad de aquello por lo que tanto hemos trabajado, y tanto esfuerzo hemos invertido. El derecho a contratar, a ser contratado, a adquirir bienes e incluso a los artículos personales más elementales y de supervivencia que les son negados a nuestros hermanos de países en las garras de gobiernos totalitarios como Venezuela. El derecho a movernos libremente por nuestro país, a cambiar divisas y viajar; y tantos otros derechos que damos por garantizados y podemos perder si gana el populismo. Vale la pena luchar con uñas y dientes por nuestras libertades. Personalmente, no solo aspiro y estoy dispuesto a defender mi libertad personal sino además a conseguir también la colectiva. Es la única apuesta que vale la pena. Por lo menos, que las futuras generaciones no digan que no hicimos nada.
 Vicente Jiménez














3 comentarios:

  1. Magistral, Vicente. Te superas cada día.

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  2. ME paree que mas claro agua-EL que no quiera ver espor su culpa-jjaznar-lledo-cacho

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