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¿Quién habla en nombre de los que no tienen voz?


Revisado junio 2014
El primer reportaje (ver enlace) de las historia donde aparecen documentados gráficamente los  gritos desesperados de las víctimas de los poderosos pueden observarse bordados en una de las viñetas de un enorme lienzo medieval que en estos momentos se conserva en el Centre Guillaume le Conquérant de la ciudad de Bayoux.

El Tapiz de Bayeux parece haber sido tejido por monjas francesas por mandato de Odón, arzobispo de Bayeux y hermanastro del rey Guillermo el Conquistador para servir de ornamento a la catedral de Bayeux el día de su consagración, el 14 de julio de 1077 y relata mediante una tira de imágenes, con inscripciones en latín, en el formato de una especie de película o cómic los luctuosos hechos que tuvieron lugar durante la conquista de Inglaterra por parte de los normandos en 1066.
 
Madre e hijo huyendo despavoridos FUENTE


En una de esta viñetas, concretamente, puede observarse cómo una madre y su hijo huyen despavoridos de su casa en llamas y a los dos guerreros que se la están incendiando.  Por primera vez un relato histórico enfoca su atención a los no poderosos, a los que no tienen voz.  Refleja la impotencia de las víctimas, dibujadas en forma de pequeñas figuras cuyo tamaño simboliza la ausencia de poder. Contrastan las figuras de los dos enormes y poderosos guerreros que cumplen las órdenes del brutal conquistador rey Guillermo. Fue una tragedia sin precedentes para la Inglaterra del s XI y esta invasión cambió Europa para siempre.

Los historiadores se preguntan ¿por qué invadieron los normandos a los sajones que habitaban Inglaterra? Y la respuesta parece estar en el éxito organizativo y económico de los sajones. Su sistema monetario era de los más avanzado de Europa y ello implicaba una organización administrativa que no tenían sus vecinos. No voy a tratar los eventos y circunstancias que precipitaron la tragedia, pero sí me fijaré en que quienes más sufrieron fueron, como siempre, los campesinos y habitantes de los pueblos y ciudades conquistadas y literalmente arrasadas. Los que no se sometieron fueron literalmente exterminados. Aunque la historia contempla poco a las víctimas, a los inocentes, esta vez si fijó su atención en aquellos que fueron sacrificados por los poderosos.

Cualquier lector avispado habrá ya adivinado la relación: "pero si algo parecido es lo que nos ha pasado aquí" guardando, claro, las distancia histórica. Nunca puedo evitar relacionar esta escena del año 1066 con la de cualquier dramático desalojo de 2012.  Los gritos, la angustia y la impotencia debieron ser las mismas tanto para los que perdieron un hogar como para los que han perdido el otro. Personas que a causa de los especuladores y banksters que originaron la crisis están sufriendo un paro de larga duración, o aquellos cuyas familias se han quedado sin ningún ingreso y viven una situación de indigencia; los que no han podido hacer frente a las letras de sus hipotecas han sido echados de sus hogares con la misma piedad que muestran los dos guerreros de Bayeux. Hay un factor común entre los brutales conquistadores del s XI y los y los especuladores, políticos corruptos y banksters que han causado esta otra tragedia sin precedentes, y ese factor común es algo tan viejo como la avaricia y la impunidad.

Las voces y gritos de las víctimas de los desmanes de los poderosos siguen escuchándose en España. Los políticos ni siquiera oyen y desde luego mucho menos los escuchan ¡Cuánto más humano hubiera sido ofrecer a las personas que más han sido arrastradas por el desastre económico la oportunidad de “alquileres de crisis”, o cualquier otra solución hasta que llegasen tiempos mejores y pudieran retomar su hipoteca y sus vidas. Cuánto más humano hubiera sido realizar una verdadera reestructuración de la Constitución y del Estado de las Autonomías, llegando incluso a plantear un plebiscito sobre la organización territorial, que se evidencia ya como imprescindible para nuestra supervivencia. Es imprescindible dar un buen uso al dinero. Todavía están derrochando los señores de la guerra en las autonomías con un ejército pretoriano de enchufados y vividores, de pícaros de toda índole. ¿Cómo hemos podido poner el poder en sus manos? Se repite el mito de Troya: hemos metido al enemigo dentro. Lo hicimos al aceptar esta constitución.

Han preferido condenar en pleno 2012 a la indigencia a los no poderosos, como ya se hizo con los sajones en la Inglaterra del año 1066. Los brutales guerreros que quemaron sus chozas han sufrido el mismo trato que los políticos y banqueros que desalojaron de sus casas a las víctimas de los sin sin voz- Hemos sufrido un sistema tan brutal como aquel en un sentido básico; los causantes de ambas tragedias no sólo no afrontaron castigo alguno sino que fueron premiados con riquezas, más poder e impunidad. Me niego a creer que la humanidad no haya evolucionado y en eso coincido con Tocqueville. Me niego a creer que la sociedad civil vaya a aceptar como corderos esta masacre. No podemos permitirlo, porque si lo hacemos seremos tan culpables como los criminales del s XI y los actuales. La historia no había enseñado todavía qué hacer a la madre y su hijo, cuya única opción era sobrevivir y huir sin ser masacrados. Pero nosotros sí que hemos recibido otras lecciones de la historia y podemos aplicar sus enseñanzas. No tendremos excusa si les dejamos depredando lo poco que ya queda.

Hemos evolucionado y las teorías políticas que pasan desde la incipiente democracia griega cuyo mandato se decidía mediante una especie de consenso asambleario para ciertas cuestiones. Ello se complementaba con otro sistema de cargos por sorteo para aquellos asuntos que reultaban más complicados y necesitaran de miembros especialistas y colegiados. El sorteo de cargos intentaba garantizar que todo ciudadano tuviese la oportunidad y el deber de participar en la vida pública de la polis o ciudad estado. Fueron las democracias con el ideal colectivo de la participación.

Hasta las democracias modernas representativas y por consenso han pasado algunos siglos, y se ha vertido mucha sangre. Pero las democracias modernas serán papel mojado si no conservan algo de ese ideal colectivo de posibilidad de participación. En estos momentos, la impunidad con que se mueven los corruptos hacen que sea difícil verse representado y mucho menos sin la posibilidad de participar con algo más que un voto cada cuatro años. Entonces, ante los casos de injusticia flagrante ¿quién habla en nombre de los sin poder, de los indefensos sin voz?
Vicente Jiménez


Bibliografía


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